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Domingo, 22 de septiembre de 2013

EL BUEN INVERSOR CRISIS FINANCIERA GLOBAL Y LOS GRANDES BANCOS

Una historia de Morgan

 Por Cristian Carrillo

Esta semana se cumplieron cinco años desde la quiebra formal de Lehman Brothers, el banco de inversión que el gobierno estadounidense no pudo –y no quiso, para aleccionar al sistema– salvar de la debacle financiera. Tras un lustro de ese hito que puso al descubierto la falta de regulación de la banca global, los indicadores de rentabilidad de los principales holdings financieros se recuperaron, pero todavía registran irregularidades en sus operaciones y el control sigue siendo muy débil. Los bancos líderes a nivel mundial volvieron a las apuestas en activos de alto riesgo, aquellos que provocaron el descalabro que todavía se replica en distintos mercados de Europa. Sin embargo, el mundo desarrollado celebra los altos índices de rentabilidad, que se incrementa en épocas de crisis.

El deterioro en el sistema financiero estadounidense por la colocación de hipotecas de alto riesgo comenzó a fines de 2007, pero sus principales efectos se vieron a mediados de 2008. Pese a la inyección de liquidez de la Reserva Federal, los bancos no pudieron afrontar sus deudas y el 15 de septiembre de 2008 Lehman Brothers Holding, que había sido fundada en 1850 y tenía oficinas en todo el mundo, anunció su quiebra, luego de haber prestado hasta 26 veces su capital. El gobierno estadounidense aceptó la quiebra como ejemplo para el resto de los bancos y anunció una serie de medidas para regular la actividad. Los grandes ganadores, como Goldman Sachs y JP Morgan, buscaron reducir el apalancamiento, pero no alcanzó para a cumplir los estándares internacionales. “No estamos donde necesitamos estar”, reconoció esta semana Barack Obama.

La falta de regulación se refleja además en los registros fraudulentos en los balances de esos bancos. Por esta causa, el JP Morgan deberá pagar una multa de 920 millones de dólares por fallas en sus sistemas de controles sobre las operaciones de un operador conocido como “la ballena de Londres”, que condujeron a una pérdida el año pasado de 600 millones de dólares. “Mientras procuraba reparar los fallos de sus controles internos, la gerencia superior de JP Morgan privó a su junta directiva de la información”, señala un documento de la Securities and Exchange Commission (SEC), comisión de valores estadounidense. Por su parte, la titular de su par londinense (FCA), Tracey McDemott, sostuvo que el tema es “extremadamente serio porque reduce la confianza en los mercados financieros”.

“Hemos aceptado la responsabilidad y reconocido desde el principio nuestros errores y hemos aprendido”, se excusó el presidente del JP Morgan, Jamie Dimon. No obstante, el mismo día en que fue multada, a la entidad se le reconocía su liderazgo en el ranking especulativo de inversiones en renta fija, acciones y materias primas. La entidad se ubicó primera en el mundo en el primer semestre del año, con ingresos por 13.100 millones de dólares, delante de Goldman Sachs. El JP Morgan invierte casi el 12 por ciento de los depósitos de las familias estadounidenses y sus indicadores de solvencia no están en los primeros puestos. El año pasado se ubicó en el puesto 2537 entre 7084 entidades en rentabilidad patrimonial y en el escalón 3683 si se mide sobre sus activos. Estos indicadores se encuentran lejos de los mínimos de rentabilidad exigidos para cumplir con Basilea III.

El banco también afronta investigaciones de varias agencias gubernamentales que incluyen posibles sobornos en contrataciones en China y potenciales ventas fraudulentas de títulos hipotecarios. No obstante, la entidad detenta la máxima calificación crediticia

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