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Domingo, 22 de noviembre de 2015

NEOLIBERALISMO Y EL ESTADO

El contenido del cambio

Macri y su grupo empresarial se han servido del Estado y sus políticas. Hoy no quiere más servirse del Estado, quiere ser el Estado. Aspiran al regreso de políticas neoliberales.

 Por Carlos Andujar *

La estrategia de marketing político de querer posicionarse sobre la sensación de malestar, disconformidad y bronca, que, vale la pena decirlo una y otra vez, fue alimentada y reinventada por los medios hegemónicos de comunicación, tuvo sus frutos en las elecciones pasadas. Seguramente hayan intervenido otros factores, incluso algunos de ellos se desarrollaron dentro del propio espacio del kirchnerismo, pero la “gente buscaba un cambio” y alguien, y en efecto no importa quién, les propuso “cambiar”. Y fue necesario que sea sólo cambiar y no cambiar “esto y esto otro”, porque eso implicaría proponer, explicitar, canalizar ese descontento, que en muchos casos se muestra como odio, en propuestas concretas y allí, en ese lugar, se corría el riesgo de que lo que se tenía para proponer no hubiese sido justamente lo que esa sensación de hastío reclamaba.

Parece paradójico, pero muchos de los tres millones de jubilados que nunca se hubiesen podido jubilar bajo el sistema de las AFJP también piden un cambio. Muchos de los millones que no tenían trabajo en el 2002 y hoy hace años que lo tienen también dicen necesitar un cambio. Los que nunca habían viajado al exterior o tenido un auto cero kilómetro y durante estos últimos años agotan pasajes, llenan vuelos y provocaron producciones record de automóviles reclaman fervientemente un cambio. Y también, aunque en menor medida, aquellos que han podido salir de la indigencia pero que aún la pobreza les pega de muy cerca y que si no fuese por la presencia activa del Estado, su situación no hubiese cambiado también sienten la necesidad de cambiar. Mal que nos pese no es una paradoja, y a pesar de la sorpresa inicial no es inentendible, y como los doce años kirchneristas no fueron magia, esto tampoco lo fue: simplemente funcionó.

A pesar de ello o precisamente por todo lo que se dijo, resulta imprescindible dotar a ese cambio de contenido, porque aunque se empecinen en esquivar las preguntas, aunque las frases y las repuestas sigan sonando bonitas, aunque las niñas y los niños les pidan a sus padres esos globos amarillos que ven por calle, el cambio tiene contenido.

El contenido no es otro que la vuelta al neoliberalismo. Neoliberalismo que no dejó en las vidas de las personas que lo transitaron las mismas marcas ni los mismos recuerdos. Neoliberalismo que siempre se muestra como apolítico, ahistórico, neutral e inevitable pero que es exactamente todo lo contrario. Neoliberalismo que levanta la bandera del republicanismo, de la gestión, de la eficiencia, de la honestidad, pero rara vez, detalla las políticas públicas que implementará.

¿Cuál es el contenido del cambio? ¿Qué se quiere cambiar? Se quiere cambiar un Banco Central que intervenga en el mercado financiero y de cambios preocupado como dice su actual Carta Orgánica por el empleo, la estabilidad, la equidad y el desarrollo; por un Banco Central “independiente” que deje que las fuerzas del mercado fijen no solo el precio del dólar sino el resto de los precios (tasa de interés y rentabilidades) y cuyo único y exclusivo objetivo sea la estabilidad monetaria y financiera.

Se quiere cambiar una política fiscal activa, contracíclica y de aliento a la demanda, aún soportando coyunturales déficits fiscales; por una política fiscal preocupada por generar superávit, a costa de disminuir los gastos y que aliente a la inversión en busca de un “buen clima de negocios” pensando que desde allí se derramarán ingresos al resto de la población.

Se quiere cambiar un Estado que restrinja las importaciones y ponga trabas a la remisión de ganancias al exterior; por un Estado que se abra al mundo, permitiendo la libre entrada y salida de mercancías y capitales, sin importar si esas mercancías que entran destruyen las industrias locales, si los capitales que ingresan lo hacen para especular o si esos capitales que se van vacían las arcas del Banco Central.

Se quiere cambiar la clara concepción de que la economía la dirige el Estado o la dirigen las corporaciones; por un “da lo mismo” si una empresa es pública o privada lo importante es que funcione “bien”.

Se quiere cambiar un Estado argentino que se sienta y actúa como parte de una Latinoamérica unida, se desendeuda y se desprende de las misiones del FMI; por una Argentina que desconociendo las relaciones de centro y periferia, se vincule con los países “serios” del primer mundo pagando a los fondos buitre lo que sea necesario.

Este es el cambio. No es un pase de manos. No es la alternancia que tanto se escucha en los medios. No es el “hay que darle oportunidad a otros para que gobiernen” que se escucha en las calles y en las redes sociales. Es otra forma de concebir al Estado, a su rol en la economía. Es otra forma de ver a los ojos a los pobres y a la pobreza. Es otra forma de entender a la desigualdad y las políticas sociales. Es ver al mundo y a los hombres y mujeres que lo habitan desde el individualismo, la competencia y la meritocracia y no desde el derecho que las y los asisten por el hecho de ser personas.

Macri y su grupo empresarial se han servido del Estado y sus políticas. Ha formado, junto a otros grupos económicos, parte de la “patria contratista”, y ha transferido su deuda privada al Estado durante la última dictadura cívico militar. Durante la década del noventa participó de la privatización del servicio de correo postal. Hoy el grupo Macri, no quiere más servirse del Estado, quiere ser el Estado.

* Docente UNLZ FCS

Colectivo Educativo Manuel Ugarte

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Imagen: Irma Montiel
 
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