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Domingo, 11 de enero de 2004

EL BAúL DE MANUEL

Baúl I y II


Despertar

De economía se escribió mucho antes de enseñarse. El primero que enseñó economía en una universidad, Antonio Genovesi, no sólo fue el primer catedrático sino que ejerció la docencia con un sentido liberador. Su Nápoles, por siglos, había sido provincia de alguna potencia extranjera —primero España y luego Austria–. Como virtual colonia sólo vio crecer sus propias carencias: sin caminos, ni puentes, ni dinero. En 1734 ganó la independencia política cuando Carlos, duque de Parma e hijo de Isabel Farnesio, echó a los austríacos de Nápoles. Fue el Gran Despertar. Como suele ocurrir en estos casos de ruptura de vínculos coloniales, el nuevo reino abrazó un proyecto nacionalista en el que al Estado correspondía un papel principal en la construcción de obras e introducción de reformas que mejoras en la calidad de vida de la población. Genovesi actuó dentro de este marco: conocía la vasta literatura económica, y sabía que no toda era aplicable a la realidad de Nápoles. Le servía sí la literatura de la época en que Inglaterra, Francia y Austria, tiempo atrás, se habían constituido en Estados-nación. Nápoles no podía crecer aislándose, pero debía orientar su comercio. “Es comercio beneficioso, decía, la exportación de manufacturas a cambio de materias primas, y es comercio perjudicial la exportación de materias primas a cambio de productos extranjeros.” Poner el suelo patrio como proveedor de materias primas al extranjero equivalía a una virtual anexión de ese suelo por el país extranjero. Manuel Belgrano, que aprendió economía en 1789-90 con el libro Lecciones de Comercio de Genovesi, a la hora de abrazar un proyecto político independiente, publicó en septiembre de 1810 en su Correo de Comercio una lista de máximas sobre el comercio más ventajoso, tomada de los anteriores conceptos de Genovesi. Ya en el siglo XX, Alejandro E. Bunge (1924) y Raúl Prebisch (1950) propusieron sustituir el esquema colonial de exportar materia prima e importar manufacturas, por el esquema de importar materia prima y exportar manufacturas. Hoy y aquí, tras 27 años de progresiva ausencia del Estado en la vida económica, la apertura irrestricta, la desprotección a la industria nacional y algunas privatizaciones, se pinta un cuadro que reúne tres siglos de dependencia: exportamos cueros como en la colonia, cereales y carne como en 1900, petróleo y soja como en el 2000.

Rentas
Una renta es un ingreso “gratuito”, es decir, obtenido sin mediar previamente una contraprestación de un bien o servicio. El caso célebre es la “renta de la tierra” ricardiana: un suelo agrícola con distintos rindes por hectárea hace que las hectáreas más fértiles produzcan con costos unitarios más bajos; si sube la población, se demandan más alimentos, y deben cultivarse tierras nuevas, menos fértiles y con mayor costo; para que ello sea posible, el precio de venta de la producción debe subir. Las tierras más fértiles, o de menor costo, sin haber variado el modo de producir, perciben más ingreso total por unidad de producto. Nace, de la nada, un ingreso adicional: la renta. Lo escandaloso para Smith y Ricardo era que toda una clase social –precisamente la formada por la aristocracia– tuviera todo su ingreso formado por rentas. Hoy muchas actividades rinden un ingreso formado por una parte “legal” y por una renta. Los acomodadores de cine y los mozos de bares y restaurantes tienen un ingreso “legal” relativamente bajo, y sin embargo existe gran competencia por ocupar esos cargos, que al ingreso legal añaden sumas a veces mucho mayores como propinas. Ciertos cargos confieren un verdadero monopolio para hacer viable una acción: el gerente de compras decide quién provee y quién no; el policía caminero que nos para en la ruta para alguna inspección de rutina y ¡oh, casualidad! la falta de un foquito amerita una multa; el funcionario que autoriza o no a importar una máquina. La posibilidad de tornar algo en inviable genera en seguida un cálculo sobre la magnitud de la pérdida y la consiguiente comparación entre el costo de “aceitar” los engranajes y el de perder más. Estos casos generan rentas, y el ingreso “total” es mayor (acaso mucho mayor) que el ingreso legal, con la lógica competencia entre postulantes a tales cargos. ¿Cuál es el ingreso total de quienes nos representan políticamente? Como el número de cargos es fijo, y menor que el de postulantes, la competencia por ocuparlos alcanza ferocidad, llegando a la difamación y la agresión física, y las fabulosas sumas gastadas en publicidad no dejan sino pensar que los ingresos totales esperados son muchísimo más altos que los autorizados por la ley. ¿Cuál es el ingreso total del presidente, gobernadores, ministros, legisladores nacionales y provinciales, jueces, intendentes, concejales, inspectores?

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