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Domingo, 15 de abril de 2007

INTERNACIONALES › EL INCESANTE AVANCE DE CHINA PONE EN GUARDIA A LOS ESTADOS UNIDOS

Impetuosa riña entre dos gigantes

 Por Marcelo Zlotogwiazda

Los pronósticos sobre cuándo China sobrepasará a los Estados Unidos para convertirse en la primera potencia mundial en términos de Producto Bruto se adelantan cada vez más. Según dijo el miércoles pasado durante un seminario en Buenos Aires la académica Georgia Giovanetti, de la Universidad de Florencia, eso ocurrirá en apenas quince años. Vale recordar que el gigante asiático ya es hoy la cuarta economía (detrás de Estados Unidos, Japón y Alemania) de acuerdo con la comparación tradicional de Producto Bruto, pero sube al segundo lugar si se mide la producción con el criterio de paridad de poder adquisitivo, una metodología que corrige el efecto distorsivo de que una computadora fabricada en China tiene un precio en dólares inferior a una igual producida en Europa o Estados Unidos.

Ese horizonte que parece inexorable y en acelerada aproximación está impacientando a los Estados Unidos, por usar el verbo que en diciembre pasado expresó en Beijing el secretario del Tesoro Henry Paulson. Y parece que la impaciencia está dando paso a los hechos, que por ahora toman la forma de batallas menores, pero con derivaciones potenciales imposibles de precisar. Uno de las últimas escaramuzas ocurrió hace dos semanas cuando Estados Unidos duplicó el arancel a la importación de papel satinado chino, que en dos años se había duplicado hasta alcanzar los 224 millones de dólares. El conflicto se intensificó días atrás con la presentación por parte del gobierno de George Bush de dos denuncias ante la Organización Mundial de Comercio, una por piratería y falsificación de varios productos y otra por el bloqueo a la venta en China de películas, libros y música de origen estadounidense. La representante de Comercio de los Estados Unidos justificó las presentaciones en los “miles de millones de dólares que pierden anualmente” las compañías de su país por ese tipo de acciones. El gobierno chino reaccionó a través de un portavoz del Ministerio de Comercio manifestando “profundo pesar e insatisfacción por una decisión que minará seriamente la relación de cooperación y el consenso existente entre los líderes de ambos países para reforzar el comercio bilateral y los lazos comerciales y resolver de la forma adecuada las disputas comerciales”.

Todas estas escaramuzas, los cruces verbales y las pequeñas riñas que seguramente seguirán son nada más que síntomas del gran problema que significa el impresionante déficit comercial de los Estados Unidos con China, que el año pasado ascendió a 234.000 millones de dólares, lo que representó alrededor de un tercio del desequilibrio total estadounidense. Y a juzgar por varios indicios, la balanza continuará muy inclinada: por ejemplo, en el último trimestre del año pasado, las exportaciones chinas aumentaron un 29 por ciento respecto de igual período de 2005; en enero de este año el incremento anual se aceleró hasta 33 por ciento; y en febrero el salto fue de un 52 por ciento.

Es lógico que no sólo Estados Unidos sino el mundo entero se ocupe de China. El viernes 6 de abril se realizó en el Fondo Monetario Internacional un seminario dedicado a Las implicancias globales del crecimiento, la inversión y el comercio exterior de China. Uno de los expositores fue Peter Schott, economista de la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas del gobierno de Estados Unidos, que destacó la creciente sofisticación de las exportaciones de la futura primera potencia, pero además mencionó en tono apocalíptico que algunos creen probable que el avance chino implique “el inminente final para las manufacturas de economías como la de Estados Unidos”.

Si Estados Unidos está así de asustado, lo natural sería que países como la Argentina se preocuparan. Hasta ahora, la fenomenal demanda de materias primas por parte de China escondía el pobre aprovechamiento en términos de cantidad y calidad de lo que se les vende, y desviaba la atención sobre la amenaza de las importaciones. Tal vez sirva como despertador que este año no sólo el intercambio de manufacturas será negativo en algunos miles de millones de dólares, sino que por primera vez después de mucho tiempo el saldo total podría teñirse de rojo.

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