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Domingo, 14 de marzo de 2004

AGRO › CULMINó LA NEGOCIACIóN POR EL PRECIO DEL LúPULO

Aroma para la cerveza

Por Susana Díaz

El Bolsón y El Hoyo, en las provincias de Río Negro y Chubut, respectivamente, se encuentran en el centro de una de las regiones productoras de lúpulo más importantes del país. Este cultivo es uno de los insumos principales utilizados en la fabricación de cerveza y sirve para aromatizarla y para conferirle el típico sabor amargo. Su producción en la comarca andina se desarrolló desde 1956 a instancias de Otto Bemberg, quien por entonces presidía la cervecera Quilmes.
Durante los ‘90 los productores de la región se vieron afectados por la sobrevaluación cambiaria y la imposibilidad de competir con la producción de los países centrales. A ello se sumaron los bajos precios internacionales por la sobreoferta en Europa. El efecto fue la reducción tanto en la cantidad de productores, como del área sembrada. La comarca tiene hoy una producción anual de sólo 180 toneladas repartida en 125 hectáreas. En 1993, en cambio, se producían 330 toneladas en 210 hectáreas. El número de productores, en tanto, bajó de 24 a 9. El comprador sigue siendo uno solo (monopsonio).
Otro problema reside en la calidad del lúpulo. La variedad Cascade producida en las adyacencias de El Bolsón es la de máxima calidad, y en consecuencia, la más cara. A la vez, los procesos productivos de la cerveza variaron hacia la utilización de las variedades de “lúpulo amargo”, con un costo tres veces inferior, por lo que el Cascade pasó a ser un lujo. Su valor en el mercado internacional es de 6,10 dólares el kilo por lo que sólo se utiliza en los procesos de aromatización. Los productores del Bolsón se conformaban con 5,7; Quilmes, luego de finalizado un acuerdo por tres años en que pagó 5,5 dólares, ofreció 12,50 pesos y su postura es inamovible.
La solución ofrecida, con la intervención de los Estados provinciales, es el “Programa Nacional de Desarrollo del Lúpulo” acordado esta semana. Su objetivo es apoyar la reconversión de los productores a las variedades amargas, a razón de 20 por ciento del total por año. Quilmes, por su parte, se comprometió a pagar durante tres años el total de la producción a 12,50 pesos el Cascade y al precio internacional las variedades amargas. Los productores de la comarca andina se quedaron sin opción. Una estructura de mercado con un solo comprador significa una asimetría de poder que antes o después se traduce en la fijación de precios. De allí que un plan de reconversión que no rompa el monopsonio será siempre una solución tan limitada como transitoria.

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