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Domingo, 17 de julio de 2011

ENFOQUE

Armonías agroenergéticas

 Por Claudio Scaletta

Si algo puede caracterizar globalmente a la economía argentina desde la recuperación de la democracia hasta bien terminado el siglo XX es su estancamiento. No hacen falta muchos argumentos, basta con mirar los números. Rápidamente, sin ninguna sofisticación analítica, pueden agregarse los ciclos de explosivo endeudamiento público, con concentración y centralización del capital. No son temas nuevos sino ampliamente tratados por la literatura económica: estancamiento, endeudamiento, concentración; precisamente lo contrario del presente. Haber ocupado funciones de gobierno durante estas dos primeras décadas democráticas es entonces un pobre pergamino para argumentar desde la presunta autoridad.

Si uno integró el staff de los decisores públicos en las principales áreas, como la agricultura o la energía, haría bien en consagrar sus esfuerzos intelectuales a la autocrítica o, si se quiere, al asesoramiento privado a los bendecidos de ayer. Se espera que un pudor elemental autoexcluya a los representantes de tiempos fracasados de dar cátedra sobre el deber ser de las políticas del presente.

Sin embargo, no parece ser el caso de muchos “ex secretarios” que, para beneplácito de la siempre ávida cadena nacional de medios privados, comenzaron a generar una seguidilla de documentos que condensan, en esencia, aunque con variados ropajes y floripondios contextuales, el remanido compendio de demandas impositivas y de precios plenos que encantan a las cúpulas empresarias.

Los documentos generados la semana pasada por los ex secretarios de Agricultura y, la anterior, por los de Energía, son públicos. Cualquiera puede tomarse la tarea de recorrerlos. Más en el caso de energía que de agricultura, los trabajos también destacan algunos problemas reales. Resulta de interés evitar el rechazo in limine de algunas críticas, pero también es necesario destacar los puntos comunes subyacentes.

Las políticas de los años ’90 en materia de hidrocarburos dieron lugar a la sobreexplotación de los yacimientos en paralelo a la baja inversión en exploración para la reposición de reservas. La privatización y extranjerización de YPF junto a la desregulación del mercado local permitieron absurdos como que los consumidores españoles pagaran menos por los combustibles extraídos en la Argentina que los locales. En el presente, el resultado de aquellas políticas, de las que participaron activamente algunos de los hoy hipercríticos ex secretarios, es la caída tanto de la producción como de las reservas.

La existencia de recursos no convencionales (hidrocarburos de arenas y arcillas compactas) por ahora es sólo una esperanza de mediano plazo que demandará ingentes inversiones para su transformación en reservas comprobadas. La estructura de subsidios es una forma de reparto de la renta petrolera que presenta algunas distorsiones evidentes que agradecen los habitantes de barrios cerrados y residenciales, entre otros (extrañamente) beneficiados. En un marco de fuerte crecimiento de la economía, uno de los resultados acumulados de estas políticas energéticas es la reciente pérdida del autoabastecimiento y, consecuentemente, la importación a mayor precio de lo que, bajo ciertas circunstancias, podría producirse internamente a un precio menor.

Es posible todavía escudarse en las políticas de los ’90 para explicar el presente, pero también es tiempo de políticas consistentes que trabajen para revertir la situación. La demanda que subyace en el documento de los ex secretarios de energía es una propuesta integral: implica orientar la acción del Estado para que las empresas reciban los precios más cercanos posibles a los internacionales y que no les toque pagar indirectamente ningún subsidio; como sucede hoy, por ejemplo, con los precios recibidos por el gas destinado a consumo domiciliario. También agrega datos de la coyuntura, como una presunta permisibilidad estatal a los bloqueos de yacimientos.

La propuesta de los ex funcionarios es acorde con la actual estructura de propiedad del sector hidrocarburífero, una lógica que el Estado aceptó parcialmente a través de los llamados programas Plus, que ya son más de 70 y que permiten a las petroleras acceder a un precio diferencial para el gas y petróleo “nuevos”, incluidos los de yacimientos no convencionales. Este mayor precio, que no llega al internacional, es el que habilitó nuevas inversiones. Adicionalmente se espera a futuro un desarme progresivo de la estructura de subsidios. El resultado palpable es un aumento gradual del precio promedio recibido por las operadoras en “boca de pozo”, que a la vez significa mayores regalías para las provincias productoras, hoy atadas a la suerte de las empresas.

Por estas características, el modelo actual fue calificado acertadamente como “mixto” versus los tiempos de la YPF estatal y la desregulación indiscriminada de los ’90. Aunque consistente en sus propios términos, el documento de los ex secretarios evita rememorar que las propuestas de desregulación demandadas, junto a las promesas de inversiones prometidas, son un ensayo ya realizado y con consecuencias conocidas. Hipercrítica sin autocrítica.

El espíritu del documento de los ex secretarios de Agricultura es similar. También subyace en él, mucho más explícitamente, la demanda por la eliminación de retenciones y menos impuestos y regulaciones. La diferencia es que resulta más elemental. Parte de desconocer un punto que muchas veces se trató en este espacio: la existencia de una estructura productiva desequilibrada que demanda tipos de cambio diferenciales. Acto seguido, presenta una visión Billiken del sector agropecuario: sector que dejó de ser rudimentario y extensivo para transformarse en una suerte de oasis de alta tecnología, con potentes concatenaciones en la industria y los servicios. Según los ex funcionarios, el problema residiría en que los nuevos desarrollos y oportunidades no serían reconocidos por un sector público que, para colmo, vería al agro como su enemigo. Se renueva así la vieja miopía sectorial que insiste en recorrer caminos que el tránsito histórico demostró socialmente inviables; como lo es creer que la expansión agropecuaria alcanza para el desarrollo de una estructura productiva inclusiva del conjunto de la población.

Finalmente, los ex secretarios de ambas áreas no son muy originales. Una consultora de raíz mediterránea que vivió su etapa de auge en los ’90 lleva adelante por estos meses un recorrido descriptivo por las distintas “cadenas productivas” del país. El capítulo final de todos los documentos sectoriales generados son las “recomendaciones de política”. El corolario no tiene sorpresas, es una suerte de copy & paste. Irremediablemente se termina, cualquiera sea la cadena, demandando la eliminación de retenciones y la baja de cargas patronales y otros impuestos. El mundo neoliberal es tan simple y armónico que para llegar al paraíso sólo hace falta eliminar cualquier traba que pese sobre el desenvolvimiento del libre mercado. Así, automáticamente, la riqueza se multiplicará como los panes de la fábula y, luego, derramará sobre el conjunto de la sociedad. El proceso es tan evidente que los economistas bien podrían ahorrarse el dispendio de estudiar economía

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