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Domingo, 16 de octubre de 2005

E-CASH DE LECTORES

Despilfarro

Los apologistas del imperio han sostenido hasta la saciedad que la crisis mundial de petróleo que afecta a la humanidad es responsabilidad de los países productores de petróleo, justificando la invasión militar de esos países (incluida Venezuela). Nada más lejos de la realidad. Lo que sucede realmente es que dicha crisis es consecuencia directa de potencias que despilfarran alegremente el petróleo. Esta conclusión salta a la vista al comprar el consumo per cápita de petróleo de algunas naciones desarrolladas. El consumo de petróleo en Estados Unidos no sólo aumentó en el total en 2.798.000 barriles diarios, sino que también aumentó el consumo per cápita, al pasar de un barril para 14,67 personas en 1994 a un barril por cada 13,65 personas en el 2004. En contraste vemos cómo Alemania, país altamente desarrollado y con un alto estándar de vida, en ese mismo período disminuyó el consumo de petróleo en 255.000 barriles, pasando de tener un consumo de un barril para 27,78 personas en 1994 a tener uno de un barril para cada 30,48 personas en 2004. Si Estados Unidos hiciese un consumo racional del petróleo, digamos a niveles similares a los de Alemania, rondaría los 9.000.000 de barriles diarios, lo que supondría un ahorro de más de 11 millones de barriles diarios, con lo que se minimizaría la crisis energética, y todas sus nefastas consecuencias, que van desde las aventuras bélicas en Irak, Afganistán, y seguramente, Venezuela, hasta la disminución del deterioro ambiental, pasando por tener un petróleo más barato, lo que beneficiaría directamente a los países más pobres. Estados Unidos no es el único país que derrocha el petróleo, otros también lo hacen otros como Corea del Sur o Canadá, con consumos que rondan el de un barril por cada 14 personas. Asimismo, Alemania no es el único país que consume racionalmente el petróleo, muchos países desarrollados, como Francia o Italia, tienen índices similares de consumo.

Este ahorro no es casual, es consecuencia directa de las políticas oficiales. Por ejemplo, entre la visita que hice a Alemania en 1996 y la que realicé el pasado año, pude percatarme de cómo había variado el paisaje en algunas regiones, gracias a la presencia de numerosos molinos de viento, con alturas que calculo similares a las de un edificio de 10 pisos, diseñados para obtener energía eólica. Es imperativo que la humanidad derrote esa conducta criminalmente derrochadora y prepotente de algunas naciones y se comience a imponer un orden racional.

Carlos Enrique Dallmeier
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