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Domingo, 3 de julio de 2011

DEBATE › DESARROLLO Y ESPECIALIZACION INDUSTRIAL

La competitividad

 Por Diego Rubinzal

Los países periféricos tienen restricciones para diseñar sus políticas internas. Las posibles estrategias de desarrollo se encuentran limitadas por las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esta institución promueve una lógica librecambista y, por ende, rechaza la aplicación de medidas proteccionistas que posibilitaron el despegue de las actuales potencias económicas. En ese contexto, el mantenimiento de un tipo de cambio competitivo resulta una alternativa para el desarrollo.

Esa condición necesaria, aunque no suficiente, debe estar acompañada con un incremento de la competitividad sistémica doméstica. Ello permite la conformación de una estructura económica más compleja, una mejora en la distribución del ingreso y una mayor calificación de la fuerza de trabajo.

Los investigadores Alejandro Naclerio y Paula Belloni explican en Especialización primaria y debilidades de la competitividad sistémica en Argentina que “la competitividad sistémica... refiere a una heterogeneidad considerable de ramas industriales y a una homogeneidad en cuanto a la alta capacidad tecnológica de los sectores, los cuales debieran operar con niveles altos de productividad. Los sectores que motorizan este proceso virtuoso (y sistémico) de crecimiento requieren de una fuerza de trabajo dinámica, capaz de adaptarse a escenarios cambiantes. Las ventajas y ganancias de competitividad (sistémica) se cimientan en el esfuerzo innovativo y no en la mera compra de maquinaria o derechos de propiedad”.

Eso requiere recorrer caminos diferentes a los recomendados por la ortodoxia. Las concepciones neoliberales promueven un destino productivo ligado a las ventajas comparativas estáticas o ricardianas basadas en la dotación factorial de cada economía.

En términos teóricos, la competitividad sistémica se apoya en lo que se conoce bajo el nombre de “ventajas dinámicas schumpeterianas”. La experiencia mundial indica que “las ventajas competitivas forjadas gracias a recursos naturales o mano de obra barata pueden sostener altas tasas de crecimiento pero solamente por un cierto período. Los cambios de paradigma impiden que se perpetúen las ventajas de la naturaleza y las ventajas de explotación salarial. En verdad, son las rentas derivadas del conocimiento las que hacen crecer la masa salarial calificada y permiten el pasaje paulatino de una economía productora de bienes primarios hacia una economía productora de bienes con alto valor agregado acorde a un desarrollo y la cohesión social”, sostienen Naclerio y Belloni.

En la Argentina, la aplicación del recetario neoliberal produjo una “desacumulación” de conocimientos que afectó profundamente a la estructura productiva. La apuesta a las “ventajas comparativas estáticas”, combinada con la desregulación de los mercados, provocó una intensa reprimarización económica. Por otra parte, el arribo de la inversión extranjera directa consolidó ese proceso. Lejos de plasmarse en una plataforma de desarrollo, las multinacionales dedicaron escasos recursos a las inversiones “innovativas”. A su vez, la extranjerización económica agregó presión sobre la balanza de pagos, vía la remisión de utilidades y dividendos

Naclerio y Belloni entienden que “en el período de posconvertibilidad, el tipo de cambio competitivo como única política industrial consolidó, a través de la especialización en productos agroindustriales y commodities fabriles, la especialización en ventajas competitivas estáticas con limitados efectos en la generación de empleo y encadenamientos productivos. Se trata de actividades intensivas en recursos naturales y tecnologías maduras o dependientes en su mayoría de algunas corporaciones transnacionales y de grandes grupos económicos nacionales”.

En cambio, Andrés Tavosnanska y Germán Herrera afirman en La industria argentina a comienzos del siglo XXI. Aportes para una revisión de la experiencia reciente que el crecimiento manufacturero no se vio limitado a las ramas “tradicionales” del entramado industrial local sino que, por el contrario, se extendió a las ramas metalmecánicas y/o intensivas en ingeniería fuertemente castigados durante la década del noventa

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