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Domingo, 7 de febrero de 2016

OPINIóN

La CEO-cracia

 Por Eduardo N. Dvorkin *

Funcionarios de alto rango de corporaciones empresarias han sido convocados por Cambiemos para conformar las primeras líneas del gobierno nacional. Para analizar la conveniencia de esta elección debemos comenzar recordando que el empresariado argentino careció del impulso industrialista de las burguesías nacionales de los países desarrollados o de Brasil, prefiriendo aliarse con las multinacionales o simplemente venderles sus empresas antes que competir, negándose así a cumplir el rol histórico que le hubiese correspondido en un desarrollo capitalista de manual.

La historia del desarrollo (o del no-desarrollo) argentino muestra que las grandes empresas productivas privadas fracasaron en su rol como burguesía nacional: no pudieron complejizar autónomamente la producción argentina para de esa forma aumentar su valor agregado. Se limitaron a producir commodities agropecuarias o industriales. El Estilo Tecnológico adoptado por el alto empresariado argentino transformó en maquilas y en filiales de corporaciones extranjeras a industrias nacionales que, surgidas en el período de sustitución de importaciones, tuvieron en sus orígenes una fuerte actividad innovadora para poder producir con medios de baja intensidad tecnológica productos equivalentes a aquellos que en los países de alta industrialización eran producidos con medios de mucha mayor complejidad tecnológica.

También debemos remarcar que las grandes corporaciones industriales con actividad en nuestro país tuvieron un rol relevante, aun en su operatoria legítima, para fugar las divisas tan necesarias para nuestro desarrollo. Al no haber habido un desarrollo local de tecnología, además del impacto económico que provoca la fuga de divisas motorizada por las diversas actividades de comercio inter-empresa al interior de las corporaciones, nuestro país, dependiendo en su producción de empresas multinacionales, debió asumir una completa situación de dependencia en decisiones fundamentales como qué producir, qué exportar y qué importar con lo que la participación nacional en importantes cadenas productivas es mucho menor que la que debiéramos tener, contribuyendo esto fuertemente a la fuga de divisas.

¿Es esperable que los que fijaban y ejecutaban las políticas de aquellas corporaciones, los que no pudieron o no quisieron transformar sus empresas para convertirlas en empresas innovadoras puedan ser exitosos en el gobierno de nuestro país, que necesita imperiosamente aumentar el valor agregado de la producción nacional?

En nuestro país, en el que las tareas no asumidas por los empresarios, que nunca pudieron constituirse en burguesía nacional, fueron desarrollados por el Estado que asumió ese rol; ¿es más confiable como líder de un proceso de desarrollo un empleado con experiencia en gestión privada por sobre uno con experiencia en gestión estatal?

Por otro lado, actualmente es una tendencia internacional que los “súper-managers” de las grandes corporaciones multinacionales concentren un alto porcentaje del ingreso. Esos “súper-managers” en versión argentina, ¿están sinceramente dispuestos a sacrificar enormes ingresos a cambio de salarios del escalafón público? ¿O mantendrán vínculos económicos y por lo tanto de subordinación con las grandes corporaciones en las que trabajaban hasta hace solamente unos pocos días? Esta última posibilidad implica tener a las corporaciones multinacionales formando el gobierno que debe controlarlas... lo que será realmente de máxima peligrosidad para el patrimonio nacional y para las legítimas aspiraciones de los argentinos.

* Doctor en Ingeniería.

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