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Viernes, 9 de mayo de 2008

TEATRO › LA INTIMIDAD DE LA CELEBRACION DE LOS CIEN AÑOS DEL MAIPO

Un siglo de plumas y capocómicos

Antonio Gasalla, Enrique Pinti y Mirtha Legrand, entre otros, participaron de un homenaje a la catedral de la revista porteña, en el cual se presentaron fragmentos de Por siempre Maipo, la obra que historiza y celebra al mítico teatro.

 Por Carolina Prieto

No faltó nada ni nadie. Carruajes tirados por caballos y gente vestida de época desfilando por Esmeralda al 400, luces que engalanaron el edificio, artistas, hordas de curiosos, plasmas con fragmentos de los espectáculos que pasaron por “la catedral de la revista”, placas conmemorativas. El Maipo celebró su primer siglo de vida a lo grande y la fiesta arrancó el miércoles por la noche en plena calle, con un paseo de carros antiguos, acaso similares a los que usaban los porteños para llegar hasta el entonces Teatro Scala (en homenaje al homónimo teatro parisino de variedades), inaugurado un 7 de mayo de 1908. Decenas de figuras del espectáculo de hoy y de ayer se acercaron a la mítica sala que acaba de ser remodelada y luce todo su esplendor.

Norma Aleandro, Cipe Lincovsky, Alicia Zanca, China Zorrilla, Carolina Peleritti, Adriana Aizenberg, Helena Tritek, Marikena Monti y Graciela Borges; también Alfredo Arias, Ethel y Gogó Rojo, Carlos Ulanovsky, Magdalena Ruiz Guiñazú, Arturo Bonín, Renata Schussheim, Gino Bogani y la española Carmen Maura (en el país filmando Tetro, de Francis Ford Coppola). Pero el verdadero desmadre surgió con la llegada de las divas blondas: Susana Giménez (arribó tarde, cuando ya todos habían ingresado a la sala) y Mirtha Legrand, puntual y deslumbrante con un vestido rosa con boa de plumas incluida. Junto a Lino Patalano, director del teatro desde 1994, Legrand descubrió una placa en nombre de la comunidad artística y en homenaje a quienes trabajaron en el teatro y colaboraron para que siguiera en pie a pesar de los avatares sufridos (como los incendios de 1928 y 1943), y se mantuviera firme frente a la penosa tendencia local a las demoliciones. A este tributo se sumó el del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, con otra placa en nombre de la Legislatura de la ciudad.

El show comenzó con Mirtha, flamante madrina del teatro, que subió al escenario de la mano de Julio Bocca, recién llegado de Rusia. “Juro que no estuve en la inauguración del Maipo, lo juro”, bromeó la conductora televisiva. Y agregó: “Nunca actué en esta sala, pero venía muy seguido. Pude ver a las vedettes más maravillosas, a los más reconocidos cómicos y actores durante décadas. Cuando Lino me llamó y me ofreció ser la madrina, fue un verdadero honor. Este es mi ahijado y me siento orgullosa”. Acto seguido, Sandra Mihanovich hizo una versión con aires de jazz de “El viejo varieté”, de María Elena Walsh, acompañada por Lito Vitale, iniciando una serie de números que funcionó como muestrario de los muchos géneros que cobijó la emblemática sala.

Enrique Pinti se lució en un fragmento de Pingo Argentino, sin dejar político con cabeza; Les Luthiers deleitó a la platea con un gato desconcertante, mientras que Guillermo Fernández interpretó “Mi noche triste”, tango-canción estrenado en este espacio por Carlos Gardel en 1916. El grupo Caviar, liderado por Jean François Casanova, anticipó una escena hilarante de Caviar Follies, que debutará a fines de mayo en la sala. La danza llegó con Eleonora Casano y Hernán Piquín en una impecable coreografía de Oscar Araiz, imbuida de espíritu tanguero. Norma Aleandro divirtió en la piel de una cupletista española despechada tras el abandono de su enamorado. Y ya sobre el final, llegó el prólogo de Felicitas Guerrero: amor, crimen y misterio, espectáculo de danza con dirección general de Julio Bocca (quien comparte con Patalano la dirección artística del Maipo), que debuta mañana en el Opera. Lo que se pudo ver fue una muestra impactante de música, color y potencia a cargo del Ballet Argentino, inspirada en la vida de la joven asesinada, cuyo fantasma –según cuenta la leyenda– aparece todos los 30 de enero en la iglesia de Barracas. Para el cierre, Antonio Gasalla deslumbró con el humor ácido que lo caracteriza e invitó al escenario a buena parte del elenco que lo acompañará en la revista Por siempre Maipo, escrita y dirigida por Claudio Segovia (el creador de éxitos como Tango Argentino, Las mil y una nachas), que se estrena el 28 de mayo. Gloria Montes, Miguel Habud, las vedettes Claudia Fernández y Ximena Capristo, además de Cecilia Rossetto, entre muchos otros, acompañados por el director y por Patalano, quedaron envueltos en una lluvia de papeles plateados que selló una noche de alegría, recuerdos y proyectos. Durante todo el año, esta obra funcionará como un tributo especial, no sólo al teatro, sino también al género de revista, con un despliegue inusual, que incluye 35 cambios de escenografía, 400 trajes, 52 intérpretes y una orquesta en vivo.

Actualmente, además de la sala central, el Maipo cuenta con otro espacio para espectáculos, el Maipo Club Café Concert, una sala de exposiciones y un restaurante. Cuando abrió sus puertas en 1908, lo hizo con el musical La revue de la Scala. Y de a poco devino una de las catedrales porteñas de la revista y el teatro musical. En 1915 cambió de nombre y fue bautizado Teatro Esmeralda, iniciando una nueva etapa con una programación más abierta. El nombre actual llegó en 1922, en una década en que el teatro español comenzaba a hacer sentir su presencia. En 1933, Lola Membrives estrenó Bodas de sangre, de Lorca.

La programación siguió ampliándose y abarcó el varieté, el cine, las grandes divas, los capocómicos y hasta figuras internacionales como Erté y Josephine Baker. Entre los locales, ¿quién no trabajó en el Maipo? Pepe Arias, Florencio Parravicini, Iris Marga, Tita Merello, Pepito Marrone, las Nélidas (Roca y Lobato), Olmedo, Porcel, Tato Bores, Niní Marshall, Sofía Bozán, Azucena Maizani, Julio Bocca, Moria Casán, Susana Giménez, Alfredo Alcón, Norma Aleandro, Marilú Marini. La lista es interminable y de lo más heterogénea. Actores, cómicos, ácidos comentaristas de la realidad, vedettes, bailarines, cantantes. Todos ellos dejaron su huella a lo largo de un siglo e integran un patrimonio invaluable para disfrute y enriquecimiento de todos. Hoy, el Maipo está como nuevo y promete seguir brillando.

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Desde mayo de 1908, miles de figuras de la revista pasaron por el histórico Maipo.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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