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Viernes, 9 de mayo de 2008

MUSICA › PABLO MAINETTI, CESAR ANGELERI Y LAS CANCIONES DE COMPLICIDAD

Guitarra y fueye, pareja perfecta

El dúo cierra hoy su serie en Notorious, un espacio ideal para apreciar cierto sabor a patio: “Hemos tocado una cantidad de tangos interesante en nuestras vidas, y a esta altura sabemos cuál puede funcionar. Es raro pifiarle...”, dicen.

 Por Karina Micheletto

De Troilo y Grela en adelante, el tango hecho con bandoneón y guitarra mantiene una tradición que tiene que ver con lo intimista, lo sutil, la habilidad de hacer decir a cada instrumento, en diálogo y juego con el otro. Cuando se encuentran dos intérpretes que saben entenderse más allá de lo técnico, esa dimensión lúdica salta al oído en la música que hacen, en un disfrute que se transmite sin mediaciones desde el escenario –o desde los tracks del CD– hasta los que escuchan. Es el caso de la juntada que armaron el bandoneonista Pablo Mainetti y el guitarrista César Angeleri, que empezó como una serie de encuentros en camarines, entre actuación y actuación, y terminó tomando forma profesional con la grabación del disco Complicidad, de excelente factura. Después de un estreno en Barcelona, el dúo inició un ciclo de presentaciones en Notorious (Callao 966) y todavía hay tiempo para escucharlos, hoy a partir de las 22.

En el espacio íntimo de Notorious, este dúo encuentra el lugar justo para destacar aún más ese juego propuesto desde el disco: versiones de tangos y milongas con el gusto de los clásicos (“Mariposita”, “Danzarín”, “Corralera”, “La pulpera de Santa Lucía”, “Los mareados”), en las que ninguno de los intérpretes se luce por sobre el otro, pero ambos se lucen mucho. Lo que se busca, queda claro, no es el arreglo rebuscado ni la versión libre que apenas deja reconocer el tema, sino cierto sabor de patio, resaltado por el estilo más puero de Angeleri.

“Hace diez años que nos conocemos con Pablo, trabajábamos en diferentes orquestas y era muy frecuente que nos cruzáramos en los camarines. En esos minutos libres, entre actuación y actuación, nos poníamos a tocar”, cuenta el guitarrista. “Así fue como empezó a funcionar la cosa, hasta que hace un año y medio dijimos: ‘Vamos a darle forma a esto’. Una cosa es juntarse por gusto, ahí siempre está todo lindo, otra es ponerse a ensayar, hacerse cargo de una producción, grabar, salir a dar conciertos...” “En realidad, el desafío fue darle una forma profesional a todo esto, pero sin perder la parte del gusto”, aclara Mainetti. “Y lo hicimos asumiendo el riesgo de que quizá podíamos perder esa cosa lúdica. Por suerte, eran solamente miedos. ¡La seguimos pasando fenómeno, cada vez mejor!”

–Tienen estilos y trayectorias diferentes. ¿Tuvieron que ponerse a conversar sobre aspectos técnicos o fueron dejando que la música fluya?

César Angeleri: –Salió todo naturalmente, y así sigue saliendo, ahora que estamos buscando obras nuevas para agregar al repertorio. Lo bueno que me pasa tocando con Pablo es que no tengo que modificar nada. A veces ocurre que uno se junta a tocar con otros músicos y tiene que tocar, no digo menos, pero sí diferente, adaptarse, digamos. Con Pablo toco como toco yo, y calza justo, ya está, no hay que hablar más.

Pablo Mainetti: –Es cierto que el estilo de César es más espontáneo, el mío es un poco más racional, pero eso es lo que hace al dúo más interesante. El sonido resultante aparece en el encuentro de las dos maneras, de las personalidades diferentes de cada uno.

–Con duplas como Troilo-Grela, Federico-Grela, Ortiz-de Lío, y más acá, Domínguez-Pane o Arias-Montes, hay una larga herencia de bandoneón y guitarra. ¿Hay alguno que tengan más en cuenta como inspiración?

C. A.: –Las de Troilo-Grela, o Federico-Grela, son las que más me gustan. Como punto de partida me parece altísimo.

P. M.: –Evidentemente, todo lo anterior es muy poderoso, tan poderoso que nos llevó a estar juntos tomando este formato. Y sí, la dupla de Troilo y Grela es muy poderosa, como sonido y como concepto, dos personalidades y dos músicos fantásticos se encontraron con un bandoneón y una guitarra como medio de expresión.

–¿Cómo fueron armando el repertorio, los temas que les calzaban bien?

C. A.: –El disco está pensado como una obra, no como temas sueltos. Fuimos probando los temas que nos quedaban bien, digamos. Por ahí largábamos uno que nos hacía arrugar la nariz, y los descartábamos. Pero eso no pasa mucho. Tanto Pablo como yo hemos tocado una cantidad de tangos interesante en nuestras vidas, y a esta altura sabemos cuál puede funcionar. Es raro pifiarle...

P. M.: –Esos temas que nos calzaban iban apareciendo al principio naturalmente, después de forma un poco más pautada. Elegimos los que nos acordábamos, los que disfrutábamos tocando. Porque una cosa tenemos clara: lo que buscamos es divertirnos. Por ahí pasa el tema de la Complicidad. Y si algún día dejamos de divertirnos... seguiremos siendo buenos amigos, pero esto va a dejar de tener sentido.

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El proyecto arrancó como juego en camarines y desembocó en disco, shows y planes para el futuro.
Imagen: Pablo Piovano
 
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