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Sábado, 22 de noviembre de 2008

TEATRO › EL CICLO INTERNACIONAL DE TEATRO POR LA IDENTIDAD

“En Argentina pudimos ver cómo y cuánto une el dolor”

Impulsados por Abuelas de Plaza de Mayo, se presentan en el Cervantes cinco espectáculos creados en Madrid y Barcelona. Aparecen aquí otras historias: la de los niños exiliados o entregados sin aclaración de su identidad en tiempos de la Guerra Civil.

 Por Hilda Cabrera

El ciclo internacional de Teatro por la Identidad –que seguirá ocupando las tres salas del Teatro Nacional Cervantes hasta el domingo 30– es una muestra más de la importancia de la actividad artística al momento de sensibilizar y despertar conciencia sobre tareas tan delicadas como la recuperación de los niños arrebatados a sus padres durante la última dictadura militar argentina y, en el caso de España, de los niños exiliados o entregados sin aclaración de su identidad en tiempos de la Guerra Civil. En esta octava edición de los ciclos de TxI, impulsados todos por Abuelas de Plaza de Mayo, se presentan cinco espectáculos creados en Madrid y Barcelona. En diálogo con los integrantes de tres de éstos, El nombre, Alguien y Mi día más bonito (sobre los niños del exilio republicano) quedó plasmado el valor que le otorgan a la memoria histórica, cuyo rescate impulsan con estos estrenos. Experiencia que implica vencer la resistencia a revisar el pasado, tanto de las instituciones como de la sociedad en general.

Sobre este punto, un dato bien actual es la polémica que ha desatado en España la ley de la memoria histórica, cuyo fin es rehabilitar a las víctimas de la Guerra Civil (1936-1939) y del régimen de Francisco Franco (1939-1975). Como apunta Fernando Griffell –actor y director argentino establecido en Barcelona desde mediados de los ’70, y desde 1980 director del centro de formación e investigación teatral La Casona, que trajo al Cervantes El nombre, de Griselda Gambaro, y Alguien, de Gabriel Jacovkis–, esa resistencia tuvo un temprano aliado en el Pacto de la Moncloa (1977), considerado modelo de transición del franquismo a la democracia: “En algunos aspectos el Pacto posibilitó la transformación política, pero en otros tapó la verdadera historia. Y ahora salen los fantasmas: hay mucha gente que no sabe dónde están sus muertos”, sintetiza Griffell, en rueda con los compañeros de los tres elencos españoles.

–¿Qué influencia tuvo la divulgación de Teatro por la Identidad?

Fernando Griffell: –En España ya estaba germinando todo esto de la búsqueda de la memoria, pero recién en la segunda edición de TxI, la de 2007, hecha en Barcelona, se empezó a relacionar el tema de los desaparecidos de Argentina con los desaparecidos de la Guerra Civil Española. Se armó una mesa redonda de la que participaron médicos forenses de la Universidad Autónoma de Barcelona, que contaron cómo se estaba empezando a trabajar en la exhumación de los enterrados en fosas comunes.

–¿Quiénes asisten a los ciclos?

Leticia Santafé (actriz de Mi día más bonito, de Madrid): –Gente de toda edad, mayores y muy jóvenes.

Eduardo Navarro (director de Mi día...): –Hacemos funciones los lunes con los teatros llenos. La Guerra Civil y el franquismo –temas que toca nuestra obra (el texto es del mismo equipo, Teatro Popular de Colo)– siguen siendo muy complejos. Para documentar este espectáculo he tocado muchas puertas de asociaciones de ex presidiarios o represaliados, gente muy mayor que cuando les presentaba el dossier comentándoles el trabajo no abría fácilmente su corazón. En nuestras mismas familias hay opiniones encontradas. Para nosotros la experiencia es positiva aunque el público tenga ideas distintas, porque la obra trata de cómo viven los niños una circunstancia dolorosa generada por el mundo adulto, y cómo se convierten en héroes al sobrellevar una situación para la que no están preparados.

–¿La intención es entonces destacar la orfandad y el avasallamiento? Porque El nombre no es una obra directamente ligada a la apropiación. Allí, una mujer que vive en la calle y fue sirvienta recuerda los varios nombres que le daban sus patronas, nunca el verdadero.

Bruno Sevilla (actor de Alguien, de Madrid): –Mi monólogo es el que más se acerca al testimonio autobiográfico de un nieto que ha recuperado su identidad. Este tipo de teatro me ha permitido descubrir desde adentro la circunstancia política argentina de los años ’70, que es anterior a mi nacimiento, porque soy del ’85, y todo aquello me quedaba lejos. Aun así, Alguien despierta cosas que van más allá de un momento histórico y de las ideas que se tengan sobre la política, porque cuenta una realidad muy humana: la de las madres que perdieron a sus hijos y las abuelas que buscan a sus nietos.

–¿Conocían desde antes historias de niños apropiados?

Eva Parets (actriz de El nombre): –Había oído hablar pero no era muy consciente. El hecho de haber venido a este encuentro y conocer a las Abuelas me produce mucha emoción.

Mónica Vic (asistente de Mi día...): –También yo tomé conciencia aquí, aunque la conocí a Estela de Carlotto en un evento en Madrid y en algunos de los ciclos.

F. G.: –Carlotto estuvo en Barcelona, en la clausura del ciclo 2008, que se hizo semanas atrás en La Casona. Se presentaron también los actores Eduardo Blanco y Osvaldo Santoro y la actriz Julieta Díaz.

Bernardo Moll Otto (actor de Mi día...): –En Teatro por la Identidad de 2006, en Madrid, pude leer un texto. Entonces había oído hablar de la dictadura argentina, pero no conocía a fondo la apropiación de niños. Cuando empecé a trabajar en esta obra encontré puntos en común entre los niños robados de la dictadura argentina y los desaparecidos de la dictadura franquista. Cuando llegamos a Buenos Aires, agotados por el viaje, sentí una gran emoción ante la energía de las Abuelas y del público. Pude ver cómo y cuánto une el dolor, y que son muchos los que quieren hablar, contar, buscar.

Jorge Ferrandis (asistente de El nombre y Alguien): –Nosotros lo comprobamos el día de la inauguración, cuando se avisó de la amenaza de bomba. La gente se quedó igual. Se movieron cuatro o cinco señoras con bebés y una que había tenido la experiencia de una explosión, pero el resto se quedó ahí. Había mucha indignación, mucho dolor.

B. M. O.: –En España el robo no fue tan directo como aquí, porque cuando eliminaban a los padres dejaban a los niños solos, perdidos, para que se las arreglaran, o no.

Leticia Santafé (actriz de Mi día...): –Algunos fueron llevados por particulares o familiares a Francia y Rusia como exiliados, para salvarlos del franquismo.

E. N.: –Se habla de 60 mil y hasta de 100 mil niños sacados de España. Se pensaba que la guerra sería breve y para que no padecieran se los enviaba a México, Francia o Rusia. Pero murieron muchas familias y no quedó quién los reclamara. Algunos quedaron totalmente sueltos y otros en orfanatos. Después de la guerra, y a través de Falange española, se produjo una caza de niños. Se los arrancaban a las familias de acogida, muchas en Inglaterra, y los encerraban en los orfanatos españoles, donde les lavaban el cerebro. Hay imágenes terribles de estos niños que no eran siquiera ciudadanos de segunda y pasaron unas penurias impresionantes.

–¿Establecieron contacto con alguno?

L. S.: –Conocemos a Angel Gutiérrez, que es director de teatro. El fue “un niño de Rusia”. Vive allá y es muy querido. No ha tenido problemas de identidad.

B. M. O.: –Hay familias de los dos bandos que no saben si tienen un nieto. En el campo de batalla se disparaban entre hermanos.

E. N.: –Cuando se instala el franquismo, como régimen de la victoria y la bondad, incluso los parientes de los niños que estaban en los orfanatos no los sacan para no ser marcados como “rojos” por la sociedad. Callaron. Un tío mío estuvo años en prisión; lo soltaron en 1976. Me habían contado que estaba retenido pero sin explicarme por qué. Murió a poco de salir de la cárcel, y mi tía y toda la familia siguió sin hablar. El pecado de mi tío fue haber sido republicano. El año pasado, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón puso en marcha un plan para destapar las fosas cavadas durante la guerra y el franquismo. Se han abierto 170 pero hay unas 400 más con restos de perseguidos. Parecía que todo iba para adelante, pero la fiscalía lo detuvo. Más allá de lo que hagan, la verdad es que ahora mismo en los juzgados se juntan las carpetas con denuncias de gente que quiere saber dónde está su familia. Esto no hay quién lo pare, porque se tomó conciencia. Uno de los primeros actos del teatro es recordar y avivar la chispa que se produce entre el recuerdo y el presente para que surja algo transformador.

–¿Reciben ayuda institucional?

J. F.: –Cuando tocas un tema político, de esos que no debes remover, no hay quién te ayude.

E. N.: –Es impensable, por ejemplo, que la Comunidad de Madrid asuma un evento como éste de Teatro por la Identidad, sobre todo por la controversia que desató la ley de memoria histórica.

–¿Esa discusión se da sólo a nivel institucional?

L. S.: –No; se da en la calle y en casi todas las familias. Los que están en contra dicen “para qué remover mierda” o “si nos hemos reconciliado, para qué volver atrás”. Son excusas, claro, porque la historia la escribieron ellos. Los muertos del bando institucional están enterrados en cementerios y en tumbas con nombre. Los republicanos no.

E. N.: –No estamos diciendo quién fue mejor o peor, si los republicanos o los nacionales, aunque podríamos entrar en eso, sino simplemente que hay gente que no sabe dónde están enterrados sus familiares. Hay mujeres de 70, 80 y 90 años que quieren saber dónde están sus maridos y sus hijos.

E. P.: –Un ejemplo de esto es la posible apertura de la fosa donde se supone que está enterrado el poeta Federico García Lorca. Su familia está dividida, algunos quieren que se abra la fosa y otros no. Con las técnicas que se utilizan ahora, se podría saber además cómo murieron.

E. N.: –Esto es manipulación e ignorancia y no solamente una cuestión política. Todos tenemos derecho a saber qué sucedió y quiénes somos. El espectáculo del Grupo Catalinas Sur, Venimos de muy lejos, lo dice claramente, y la gente se siente atraída porque se cuentan cosas sustanciosas. Franco murió cuando yo tenía diez años. Estudié con libros de historia en los que aparecían dibujos de soldados del bando nacional y nunca del contrario. No aparecían porque esos otros eran “los rojos”, los endemoniados.

J. F.: –En los años siguientes a la muerte de Franco se trató de no destapar la historia. En los libros siguieron sin aparecer las legiones moras que utilizaron los falangistas para invadir desde el sur. Franco invadió a España con moros, pero en nombre de Dios. La iglesia no admitía que fueran musulmanes. Para la Iglesia eran cristianos. Aún ahora hay mucho miedo de que se escarbe en la historia, pero aumentan las demandas. Los marroquíes incluso quieren saber dónde están enterrados sus familiares, voluntarios o reclutados a la fuerza, entre ellos más de 9 mil niños.

B. S.: –Se ha conseguido anular esa otra parte de la historia, porque a la gente de mi edad, por ejemplo, no le interesan estas cosas ni la ley de memoria histórica. Es muy triste, porque si los más jóvenes no prestamos atención esto se perderá.

F. G.: –Un dato que me parece interesante mencionar acá es que esta misma semana recibí un correo electrónico de Barcelona donde los compañeros de Teatro por la Identidad de Cataluña –y a raíz del último ciclo de TxI, que terminó hace tres semanas– me informan que se ha establecido contacto con una persona que duda de su actual identidad. En Cataluña sería el primer caso.

E. N.: –Yo tengo un hijo pequeño y estoy particularmente sensible con este trabajo en el ciclo. Miro a mi hijo y no puedo siquiera imaginar que me lo arrebaten.

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Integrantes de los elencos de Mi día más bonito (Madrid), El nombre (Barcelona) y Alguien (Barcelona).
 
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