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Sábado, 22 de noviembre de 2008

CINE › LA OBRA DEL RUMANO ADRIAN SITARU, ENTRE LO MEJOR DE TESALóNICA

Un debutante que conquista a Europa

La nueva ola de cine que despunta en los principales festivales internacionales encuentra en el creador de Pescuit Sportiv, en la competencia internacional, a un exponente inteligente y audaz con los menores recursos.

 Por Luciano Monteagudo

Desde Tesalónica

El cine rumano sigue en la cresta de la ola. Todavía faltan un par de jornadas para que el 49 Festival de Tesalónica dé a conocer su palmarés, pero al margen de lo que suceda con los premios no cabe duda que Pescuit Sportiv, del debutante Adrian Sitaru, puede ser considerado uno de los mejores films de la competencia internacional –junto con la argentina Una semana solos, de Celina Murga– y que su director está en condiciones de integrar, en pleno derecho, la nueva ola de cine rumano que despunta en los principales festivales internacionales.

El año pasado, el cine rumano se consagró como el gran ganador de la edición del 60º aniversario del Festival de Cannes. En la competencia oficial, la película 4 meses, tres semanas y dos días, de Cristian Mungiu, se llevó la Palma de Oro, máxima distinción del cine mundial, mientras que California Dreamin, de su compatriota Cristian Nemescu, ganó el primer premio de la sección oficial paralela “Un certain regard”. Este doble pleno en Cannes no hizo sino confirmar el momento de apogeo que vive el cine rumano, un país que hasta hace un lustro parecía no existir en el mapa cinematográfico internacional y que gracias a films notables como La noche de Lazarescu (2005), de Cristi Puiu, y Bucarest 12.08 (2006), de Corneliu Porumboiu –ambos premiados también en Cannes y ya estrenados en Buenos Aires–, se viene instalando con una rapidez y una fuerza insospechadas.

A esa lista hay que sumar ahora a Pescuit Sportiv (Pesca deportiva), que tiene más de un punto en común con sus predecesores. Como en los casos previos, se trata de un film en apariencia simple, más que módico en su presupuesto, pero de una gran inteligencia y capaz de conseguir los mejores resultados con los menores recursos. Como en el cine de Puiu, Porumboiu y Mungiu, la narración también se desarrolla casi en tiempo real (una verdadera constante en el nuevo cine rumano) y el punto de partida es el de un realismo a ultranza, no exento de un humor por momentos cruel. La diferencia que establece ahora el film de Sitaru es que –de manera muy sutil, a partir de un juego de puntos de vista– echa una sombra de ambigüedad que llega a poner en cuestión esa noción de realismo.

La anécdota no podría ser más simple. Una pareja viaja en auto a las afueras de la ciudad, para disfrutar de un picnic de verano. Las cosas no van bien entre ellos y a poco de andar se sabrá que ella (Ioana Flora, de Marfa si banii, el primer film de Puiu, visto en el Bafici 2002) es casada y que quien la acompaña es su amante. En medio de una discusión, en un camino secundario, atropellan a una chica que parece una prostituta y a quien a priori dan por muerta. Pero la muerta no es tal y compartirá con la pareja una extraña tarde de pesca a orillas de un río, una jornada plena de tensiones y equívocos.

A estas ambigüedades contribuye de manera determinante la forma en que está rodado en film, con una sucesión de cámaras subjetivas que se ponen en los ojos de uno u otro personaje. Cada plano o contraplano responde a la mirada de la esposa adúltera, su amante o la prostituta. Al principio, el método puede parecer forzado pero a poco de andar se revela sólido y coherente, ahuyentando el temor de que el film todo sea un mero mecanismo. Por el contrario, se diría que Sitaru consigue una película de una rara coherencia, en la que finalmente se interroga no sólo por el punto de vista de cada uno de sus personajes sino también por el de sí mismo como realizador: ¿quién mira realmente? parece la pregunta final del film.

Pescuit Sportiv no es la única película de Sitaru presente en Tesalónica. También está Waves (Olas), un film de 16 minutos que integra un pequeño pero revelador foco dedicado a una decena de cortos rumanos. Como señala el curador del ciclo, Dimitris Kerkinos, “la generación actual de cineastas consagrados surgió del campo del cortometraje y de los cortos de hoy surgirán otros talentos, que ya están preparando sus primeros largos”. El caso de Sitaru lo demuestra, pero el programa de cortos permite además anotar algunos otros nombres a tener en cuenta para el futuro, como los de Bogdan Mustata, Radu Jude, Paul Negoescu, Constantin Popescu y Hadrian Marcu. No son necesariamente unos chicos. Como Radu Muntean –el director de Boogie, otro estupendo largo rumano que está en “Balkan Survey”, otra sección paralela de Tesalónica– todos nacieron en los años ’70, experimentaron aunque más no fuera de niños los últimos años de la dictadura y la caída de Ceausescu (que tan bien evocaba Bucarest 12.08), vivieron su juventud en los años difíciles de la recuperación democrática y por eso ahora quizá se permiten ser tan cáusticos, tan escépticos, con una serie de films capaces de describir en unos pocos planos –no exentos de humor– la tristeza y la asfixia de la sociedad en la que viven y filman.

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Pescuit Sportiv (Pesca deportiva) figura en lo mejor de la competencia internacional.
 
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