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Viernes, 23 de abril de 2010

TEATRO › EL REESTRENO DE CHICAS CATOLICAS, DE CASEY KURTTI

La educación como mordaza

Alicia Zanca, Julia Calvo, Fabiana García Lago y Maju Lozano se multiplican para encarnar tanto a las estudiantes como a las monjas de un colegio donde quedan en evidencia el momento histórico de los ’70, pero también prejuicios que trascienden el tiempo.

 Por Cecilia Hopkins

En Chicas católicas, obra de la estadounidense Casey Kurtti, cuatro actrices adoptan el rol de niñas que van creciendo desde los 7 años hasta los 12 para contar su tránsito por la escuela primaria. Si el original estaba ambientado en la década del ’60, cuando fue escrita la pieza, la directora Alicia Zanca realizó una versión en la cual los hechos transcurren durante los ’70. Estrenada hace 5 temporadas, hoy en el Multiteatro (Av. Corrientes 1283, de miércoles a domingo), el nombre de la obra hace alusión a la institución donde son educados los personajes, una escuela privada dirigida por religiosas. De modo que el elenco que integran Julia Calvo, Fabiana García Lago (las únicas sobrevivientes del grupo original), Maju Lozano y la misma Zanca también interpreta al grupo de monjas del cual dependen las niñas.

Así, entre alumnas y autoridades, Chicas católicas da cuenta de la década que están viviendo, plena en ocultamientos, temores y restricciones. “La autora fija la acción en los años ’60, durante la Guerra Fría”, precisa la directora. “Pero a mí me interesó pasarla a esa época negra de nuestra vida que marcó el Estado totalitario, así que a los prejuicios religiosos que ya están en la obra, nosotras les sumamos los políticos.” Calvo agrega: “Cada personaje vive la época desde su propia cuna y esencia, y cada una toma de esa educación lo que le sirve, lo que la hace pensar y crecer, y desecha lo que la anula”. Desde el comienzo del espectáculo, una foto grupal instala la obra en el tiempo en que transcurre, 1973. Las noticias de amenazas de bomba, el posterior anuncio de la muerte de Perón, las alusiones a las lecturas prohibidas y al Mundial ’78 acumulan color de época.

–La acción transcurre entre 1973 y 1979. ¿En qué situaciones o dichos está presente algún hecho de la realidad argentina de esos años?

Alicia Zanca: –Hay muchos signos presentes que hablan del momento que están viviendo los personajes: al desaparecer el padre de Ana, la abuela lleva a las nenas a dar vueltas a la Plaza de Mayo.

Maju Lozano: –Todo está encarado desde el humor y desde las vivencias de las nenas. Así que ellas festejan el asueto por la muerte de Perón y recuerdan divertidas cuando daban vueltas a la plaza y la policía las sacó corriendo...

A. Z.: –Están presentes los dichos “Sonríe que Dios te ama”, “El silencio es salud”, “Algo habrán hecho”... Se habla de prohibiciones, desde la barba candado hasta los autores rusos. Además, toda la música que se escucha es significativa de esos años.

Julia Calvo: –Lo interesante de esta propuesta es que el espectador entra a este período sin “atajarse” de lo que todos nos atajamos (natural y emotivamente) al hablar de esta época.

A. Z.: –También desaparece una de las monjas, la que contaba haber estado enamorada en su juventud, la que quiere explicar la teoría de los conjuntos y hablar de hechos contemporáneos.

J. C.: –Cuando la obra llega al año 1976 –un año bisagra para todos–, yo creo que desde la obra aparece como un velo de piedad, que se despliega desde las publicidades, los juegos y latiguillos de la época hasta en el romanticismo de ABBA.

–¿Y qué pasa en el comportamiento de los adultos?

J. C.: –Una de las monjas dice barbaridades como éstas a sus alumnas: “¡Silencio! ¡Subversivos!” o “Usted todo lo quiere decir, todo lo quiere saber... ¡comunista!” o “Si quieren que le digan bien su apellido, llámese López, Pérez, o algo más argentino”... (risas).

–¿Cómo está vista la educación privada?

Fabiana García Lago: –Me parece que la obra no es una crítica a la educación privada, en todo caso es una mirada reflexiva, teñida de humor sobre “la educación”, por eso creo que no pierde vigencia.

A. Z.: –Yo diría que la educación en esos años tenía características similares. Aquí se potencian los prejuicios religiosos al ser una escuela católica. Entre otras cosas se afirma: “Jesús es católico” y “Lo único que hay que saber de los judíos es que mataron a Jesús”.

–¿Hay una crítica a la educación religiosa?

J. C.: –La crítica está dirigida a la educación dogmática que, con sus mandatos y sentencias, provoca temores en el niño por no saber cumplir al pie de la letra o por tener pensamientos o inquietudes diferentes.

A. Z.: –Todo el tiempo se discrimina: a la que es becada por ser pobre, a la que piensa, a la que pregunta en Higiene por su condición de mujer. En realidad, toda pregunta que no entra en el catálogo de las religiosas es castigada.

–¿Cuáles son las diferentes imágenes de Dios que circulan por la obra?

M. L.: –Dios está siempre presente, con humor, con irreverencia, con temor, con respeto.

A. Z.: –Tal vez Ana, que es el personaje que oficia de narradora, la que sueña y vuelve al pasado, haga una elipsis en lo referente a Dios. De chica se la nota confundida con la presencia de un Dios que parece ambiguo e irreal, que está sólo para algunos, que permite que muera su abuela y que no ayuda a los que lo necesitan. Más adelante siente la necesidad de que se haga presente, y en ese deseo también está la idea de pensar que Dios es mujer.

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