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Viernes, 27 de mayo de 2011

TEATRO › JORGE RICCI HABLA SOBRE BORGES Y PERON JUEGAN AL TRUCO

En busca de un juego pícaro y endiablado

El dramaturgo concibió la obra buscando deleitarse “con el humor que les fue tan propio” al escritor y al General.

 Por Cecilia Hopkins

Un encuentro conjetural entre Borges y Perón ocurre en la pieza que el uruguayo Enrique Estrázulas llamó, precisamente, Borges y Perón. El hecho sucede con ambos personajes ya fallecidos en ocasión de la visita intempestiva que el General le hace al director de la Biblioteca Nacional, con la idea de reparar un pasado de controversias. Pero hay otro encuentro ficcional que los mismos personajes viven en un escenario. Es el imaginado por el actor y dramaturgo santafesino Jorge Ricci en su obra Borges y Perón juegan al truco, obra que está presentándose los viernes a las 21.30 en el Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 330), bajo la dirección de Graciela Weiss y Víctor Bruno, y con las destacables interpretaciones de Héctor Da Rosa en el rol de Borges y Alberto Clementin personificando a Perón. En este caso, el escritor accede a entablar una partida “de ese juego pícaro y endiablado” con el General. El convite motiva una larga y serena conversación en la que ambos hacen gala del uso creativo del lenguaje. Y si bien no dejan de lado los temas que los enfrentaron en el pasado, todo aparece suavizado a través de la ironía y humor.

Según cuenta el personaje de Borges en la obra, cuando recibe la invitación a compartir una charla con Perón, él duda en aceptarla, figurándose que podía tratarse de una trampa. Tal vez su anfitrión estuviese armado, piensa. Pero la curiosidad por verlo de cerca puede más. Después de todo, como dice el personaje: “Si a usted se le antojaba invitarme, a mí se me podía antojar venir. Pensé: ‘Como una partida de naipes entre Quevedo y Góngora’”, resume.

Cofundador junto a Rafael Bruza del Equipo Llanura de Santa Fe, Ricci escribió el primer borrador de la obra en un micro, en ocasión de una gira teatral. “Fui puliendo con sumo cuidado el texto de este diálogo utópico –le explica el autor a Página/12–, porque no habla de personajes de ficción sino que toma personajes históricos que no cesan de ser parte de una polémica de alto voltaje.” A partir de la situación que propone la pieza –dos actores que están ensayando este encuentro ficticio–, Ricci buscó producir “un cierto distanciamiento saludable para jugar con el humor que les fue tan propio, tanto a Borges como a Perón”, según señala. En este sentido, la dirección conjunta de Weiss y Bruno supo potenciar los cortes que los actores producen respecto de la ficción que encarnan, incluyendo a la platea y al propio director de la pieza ensayada, a cargo de Fernando Baier.

–¿Es recurrente en su obra el recurso de presentar teatro en el teatro?

–Sí, el teatro dentro del teatro atraviesa gran parte de mi dramaturgia. Siempre he estado hablando desde los actores que buscan la trama para contar una historia, siempre he puesto un “pie subjetivo” sobre lo ajeno, porque es una manera de contar mientras me cuento.

–¿Qué representan Borges y Perón en su historia personal?

–Nací en el ’46, por eso Perón ha sido el protagonista obligado de la política argentina que me tocó vivir. Y Borges es, para mí, el escritor mayor de todo ese tiempo. Los dos han sido esenciales en mi existencia y, para bien o para mal, conformaron mi identidad y la de mi generación. Unir a estas figuras discutidas pero indiscutibles fue como un deseo irrefrenable de imaginar un equilibrio para un momento histórico que fue profundamente conflictivo: la interminable década del ’70.

–¿Concibe a los antagonistas como caras de la misma moneda?

–No sé si los dos han sido caras de una misma moneda o si los dos están dentro de una misma moneda con diferentes caras. Pero si esa moneda es este país que nos ha tocado en suerte, ellos –no cabe duda– la moldearon bastante.

–¿Por qué el personaje de Perón dice admirar al personaje de Borges hasta el plagio?

–Allí Perón está parafraseando a Borges, ya que éste dijo alguna vez que había admirado hasta el plagio a Macedonio Fernández. Pero creo que además es muy común que un político admire a un creador, ya que este último es dueño de un poder inalcanzable: el poder de la ficción. Por otra parte, Perón, con los años, pudo haberlo leído con atención y valorarlo como al gran escritor que hay en Borges. A mí, muchos amigos justicialistas me confesaron no haberlo leído a Borges por prejuicio, hasta que se atrevieron a hacerlo y no se arrepintieron.

–¿Por qué es el personaje de Perón quien propone el encuentro? ¿Pudo haber sido al revés?

–Perón fue el poder absoluto y en su retorno intenta enmendar sus antiguos arrebatos. Y así como el anciano caudillo buscó la reconciliación con políticos como Ricardo Balbín y con creadores como Osvaldo Pugliese, también habría podido pensarla para con Jorge Luis Borges, una figura que ya entonces había alcanzado una trascendencia internacional. En cambio, no imagino en Borges razones para buscar esa reconciliación, aunque sí, tal vez, una cierta predisposición, ya que Borges, también con los años, supo revisar su discurso político.

–La resolución de la pieza sugiere un alivio, una distensión. ¿Se podría hablar de un intento de pacificación?

–Mi pequeña pieza teatral o diálogo teatralizado no pretende pacificar al país, pero por lo menos ha sido útil para pacificar mi conciencia. Por otra parte, esta pieza teatral no es casual en mi escritura, ya que en textos anteriores de mi dramaturgia he intentado revisar distintos momentos históricos que me tocaron vivir, siempre con la intención de reconciliar lo que a veces parece irreconciliable.

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