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Jueves, 12 de enero de 2012

TEATRO › VíCTOR WINER Y MóNICA VIñAO, AUTOR Y DIRECTORA DE AMPELMANN, QUE PUEDE VERSE EN EL SHA

Comedia sobre asignaturas pendientes

Un militante frustrado decide desaparecer de su casa e irse a Alemania a pelear por una causa “ridícula, pero tierna”.

 Por Cecilia Hopkins

¿Cómo distinguir en la actualidad si se está en una calle de lo que fue Berlín del Este o del Oeste? La respuesta es: por las figuras que indican si un peatón debe o no avanzar, diferentes en los semáforos de ambas partes de la ciudad. Creada en 1961 por un psicólogo de Berlín Oriental, la figura del Ampelmann muestra, en el primer caso, un hombrecito en verde en actitud de caminar; en el segundo, uno en rojo que luce detenido. La figura verde se volvió tan popular que en las escuelas y en la televisión de la antigua RDA fue utilizada para transmitir conceptos de educación vial. En 1990, luego de la reunificación alemana, se intentó uniformar los semáforos utilizando el diseño occidental, pero esto motivó un movimiento popular en defensa del diseño oriental, reivindicado en función de ser un icono cultural identitario. De estas cuestiones se enteró el dramaturgo Víctor Winer mientras hacía una excursión a pie por Berlín. Poco después escribió Ampelmann, una comedia que puede verse de jueves a sábado a las 21 y los domingos a las 20 en el Teatro SHA (Sarmiento 2255), bajo la dirección de Mónica Viñao.

Winer presenta en ésta, su última pieza, a un militante frustrado por no haber podido ser útil a alguna causa, un hombre poco hábil en tareas de agitación de un partido que terminó por expulsarlo de sus filas. Este “militante anacrónico con una asignatura pendiente”, según define el propio Winer junto a la directora de la obra, en entrevista con Página/12, desaparece de su casa, deja a su mujer y a su hijo para ir a Alemania a militar por la defensa del Ampelmann, una causa que hace propia junto a unos pocos residentes latinoamericanos, feliz de participar en un movimiento popular que triunfa. Luego de dos años, el hombre vuelve a casa, pero las cosas han cambiado: su hijo y su novia, un amigo del pasado y su mujer se encargarán de ponerlo al corriente de la nueva situación. El elenco está conformado por Marcela Ferradás, Cutuli, Alfredo Castellani, Noelia Sciancalepore y Juan Ignacio Bianco.

Aun cuando Viñao admite no haber incursionado demasiado en el humor, la obra le interesó por su desborde: “Es puro disparate, ridícula y desbocada, pero también tierna y emotiva”, define. “Dirigir esta obra fue un aprendizaje y un placer profundo.” Según la directora, la nueva obra de Winer no presenta, como en otras de su producción, ningún tinte siniestro o rasgos de humor negro. “Tal vez se trate de una comedia de humor rojo”, bromea el autor, y advierte sobre la definición de la pieza: “La palabra comedia es muy rígida”. No obstante, ambos coinciden en que Ampelmann muestra unos personajes de “aristas y profundidades reconocibles, capaces de generar una identificación inmediata en los espectadores”.

–¿Por qué dice que la palabra comedia es muy rígida?

Víctor Winer: –Porque puede abarcar muy diversas tonalidades y texturas. Hay tantas comedias como autores: desde Darío Ví-ttori hasta Dario Fo. Puede ser blanca, negra... o roja, como puede ser este caso (risas). Será en la puesta –desde el trazado escénico y la actuación, entre otras cosas– que se encuentre el color que el texto pide.

–¿Qué aspectos nuevos de su obra le reveló la puesta de Viñao?

V. W.: –Mónica le dio una textura a la puesta que me llamó la atención. Algo que tiene que ver con el comic, que está en concordancia con la escenografía. Pero no por esto se pierde la verosimilitud.

–¿Qué toma de allí?

V. W.: –Para mí el comic no es un sinónimo de distanciamiento. Es más, creo que hace que el espectador se sumerja más aún en la trama.

Mónica Viñao: –Sin embargo, yo no pensé en el comic ni cuando la leí. Aunque supongo que, de alguna manera, la escenografía virtual de Carlos Di Pasquo puede condicionar la mirada en esa dirección. Cuando la leí tuve muchas preocupaciones; entre otras, encontrarle el tono y el ritmo adecuado.

–¿Cómo describirían a estos personajes?

V. W.: –El padre que vuelve es un militante anacrónico con una asignatura pendiente. Y trata de rendir esa materia que la vida no le permitió dar. No recurre a ideales que el mundo dejó de lado sino que encuentra un motivo de lucha en tiempo y en forma adecuada.

M. V.: –Un ideal que raya en el ridículo, pero tierno. Es un hombre ingenuo, un romántico...

V. W.: –...que comete la desmesura de compararse con el Che.

–Su mujer también compartió la militancia con él...

M. V.: –Pero ella creció para un lado y el quedó estancado. Tienen universos distintos. Ella dejó de tener la necesidad de cambiar el mundo. Se volvió más concreta, más práctica. Pero no deja de reconocer que le pasaron cosas muy fuertes en esos años.

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Ampelmann muestra personajes de “aristas y profundidades reconocibles”, según Winer y Viñao.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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