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Jueves, 19 de enero de 2012

TEATRO › ENTREVISTA A JUAN LEYRADO POR MINEROS, DE LEE HALL

“El mejor modo de aprender es haciendo”

La obra teatral, que cuenta con dirección de Javier Daulte y reúne el mismo elenco de Baraka, se basa en una historia real: un grupo de mineros ingleses toma un curso con el objetivo de iniciarse en las teorías de la apreciación artística, sin imaginar las consecuencias.

 Por Cecilia Hopkins

La obra del británico Lee Hall (guionista del film Billy Elliot) acaba de subir a escena en el Teatro Metropolitan (Corrientes 1343), bajo la dirección de Javier Daulte, también autor de la versión del texto original, entrenado en Broadway el año pasado. La puesta del director reúne al mismo elenco de la exitosa Baraka: Juan Leyrado, Hugo Arana, Darío Grandinetti y Jorge Marrale, esta vez acompañados por Milagros Almeida, Patricia Echegoyen y Juan Grandinetti. Mineros. El arte puede ser para todos se basa en una historia real: un grupo de mineros de la ciudad inglesa de Ashington toma un curso con el objetivo de iniciarse en las teorías de la apreciación artística, sin imaginar que terminarían convertidos en artistas plásticos reconocidos. El hecho sucedió en la década del ’30, cuando un grupo de mineros decidió, por intermedio de la Asociación para la Educación de los Trabajadores, tomar un curso sobre arte. “Queremos ver una pintura y saber qué significa”, demandan a su profesor los personajes de la obra.

Leyrado tiene, en relación con el tema principal de la pieza, una experiencia personal. Durante algunos años formó parte de los talleres de pintura de Juan Doffo: “Yo no sabía pintar –cuenta en la entrevista con Página/12– y, cuando empecé, quedé fascinado no solamente con el hecho mismo de pintar sino también de lo que conseguía hacer. Pero cuando empecé a tener alguna idea de la técnica, de la teoría, yo sentí que algo de mi esencia se había cortado”. De este modo, Leyrado pone de relieve la diferencia entre el placer que la expresión artística puede deparar a todos, sin diferencias, y el rigor que demanda el aprendizaje de la técnica o el trabajo intelectual que supone la elaboración de una propuesta plástica. La contradicción aparece, como ocurre en la obra, cuando galerías y marchands ponen su atención en la obra de aquellos que sólo buscan expresarse e intentan negociar con ellos.

–¿Cuál es el punto de arranque de esta obra que sostiene que el arte puede ser para todos?

–La obra se basa en un hecho real ocurrido en los años ’30: el sindicato de mineros alentaba a los trabajadores a tomar diversos cursos. Harry, mi personaje –un ex minero marxista– quiere, en realidad, tomar un curso de economía, pero no se encuentran profesores. En cambio, reciben a Lyon (Marrale), un profesor que viene de Londres, con gran preparación.

–¿Por qué los alumnos no aceptan su propuesta?

–La verdad es que ellos mismos no saben bien qué es lo que quieren. Entonces el profesor propone a sus alumnos que la mejor manera de aprender es haciendo, ingresar al mundo de la pintura, pintando. Yo, personalmente, tengo la misma posición.

–¿El arte es, efectivamente, para todos?

–Sí, todos deberíamos tener la posibilidad de expresarnos, tendría que ser un derecho innegable. Pero esto siempre ha sido impedido por una sociedad que no da lugar a todos para expresarse. Es cierto que el lugar podría hacérselo cada uno, pero es difícil superar lo que ya está instituido: el artista sale de la academia.

–¿En todas las artes pasa lo mismo?

–El mundo de la pintura es diferente al de la música: hay muchos músicos nuestros que han sido de extracción popular. En cambio, la pintura que ocupa los grandes salones sale de las academias. Las clases trabajadoras no tienen contacto con ese mundo, porque no existe una tradición cultural que le haga comprender que todos pueden expresarse en la pintura.

–¿Hay contradicción entre libertad y técnica?

–No creo que para expresarse haya que saber pintar: el resultado, en todo caso, lo completa el que mira la obra. Pero el mercado es otra cosa diferente a la expresión. Los críticos son los que dicen si una obra es buena o mala para ser vendida. En la obra, también los personajes entran en contacto con el mundo snob de las galerías. Ellos crean a partir de sí mismos, de su propia esencia, sin prejuicios.

–¿Cómo es Harry, su personaje?

–Es un hombre que se ampara en el discurso político, repite, recita la teoría. Es la práctica artística lo que permite que él pueda humanizar sus ideas y salir de ese encierro dogmático.

–¿Qué observaciones le merecen los otros personajes?

–La obra es un cuento que integra música, proyecciones, una gran escenografía. No pone de relieve el planteo de cada personaje –el del profesor (Marrale), el sindicalista (Arana) o el mío, el marxista–, sino que cuenta la conmovedora historia de unos mineros que salen a la superficie no solamente manchados de carbón sino también de pintura.

–Son personajes diferentes a los de Baraka...

–Sí porque en Baraka eran amigos que, a pesar de que se traicionan, elegían estar juntos. Estos mineros son una familia: individuos que no se eligen, que se cuidan mutuamente para sobrevivir.

* Mineros. El arte puede ser para todos Teatro Metropolitan (Corrientes 1343) miércoles, jueves y domingos a las 21, viernes a las 21.30 y sábados a las 20.15 y 22.45.

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Leyrado es uno de los protagonistas de la obra, estrenada en el Teatro Metropolitan.
Imagen: Pablo Piovano
 
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