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Sábado, 26 de marzo de 2016

TEATRO › JUDIT GUTIéRREZ Y EMILIANO SAMAR PRESENTAN EL UNIPERSONAL LEDA

“Quisimos darle espacio a su voz”

La actriz Analía Yáñez reunió a la dramaturga y al director para este espectáculo sobre la gran Leda Valladares.

 Por Cecilia Hopkins

Una mujer intenta en escena recordar secuencias de su vida. Su desmemoria es evidente, también el hecho de hallarse internada. La anciana es Leda Valladares en sus últimos días, enferma de Alzheimer. Leda, la obra sobre esta cantora popular fallecida a los 92 años en 2012, podrá verse los domingos en No Avestruz (Humboldt 1857) a partir de abril. La dramaturgia corresponde a Judit Gutiérrez, la actuación a Analía Yáñez y la dirección a Emiliano Samar, un equipo que completa Pancho Díaz en la dirección musical, dado que habrá canto e instrumentos en escena. Una presencia ineludible si se considera que la tucumana Valladares hizo de la música el centro de su vida. La obra pone especial énfasis en su trabajo de recopilación del canto anónimo popular en sus viajes por el noroeste del país. Una tarea que tuvo el objeto de preservar lo que ella consideró “los gritos más desgarradores del alma del mundo”.

Alumna de los talleres de canto con caja de Miriam García –quien a su vez fue discípula de la propia Valladares– Yáñez reunió a la dramaturga y al director para concretar este espectáculo sobre las experiencias de vida de quien formó pareja artística y sentimental con María Elena Walsh en los 50 y parte de los 60, entre París y Buenos Aires. Luego de consultar todo el material escrito, sonoro y fílmico que pudo reunir, Gutiérrez dejó en manos de Samar el reordenamiento de las escenas. “No queríamos ilustrar su vida”, afirma el director en diálogo con Página/12, junto a la dramaturga, “Nos interesaba contar la historia de una mujer que se dedicó a recuperar la memoria de un canto ancestral y que, al final de su vida, perdió la memoria de su propia historia”, enfatiza. “De todos modos, subrayan Samar y Gutiérrez, el Alzheimer no es un tema en la obra, ni siquiera se lo menciona”. Ambos coinciden en que el espectáculo, lejos de ser triste o melancólico es “un recorrido luminoso de imágenes y canciones”.

Entre las decisiones de puesta, Samar incluyó un dispositivo tecnológico, con la idea de poner en acción textos, sonidos y cantos. Así, sobre una pared blanca se proyectarán, entre otras imágenes, los “mutapetes”, dibujos que Valladares hacía en su juventud para ilustrar sus poemas. Estas líneas en movimiento son parte de la propuesta visual que pensó el director para hacer realidad “un planteo contemporáneo que nos dejara interpelar el pasado desde el presente”.

–Ustedes son muy jóvenes. ¿Conocían el trabajo de Leda Valladares más allá de sus grabaciones con músicos de otras generaciones, como Fito Páez, Federico Moura y León Gieco?

Judit Gutiérrez: –Yo no tenía la dimensión total de la figura de Leda. Me emocionó conocer su historia viendo material documental fílmico, grabaciones y leyendo la biografía de María Elena Walsh.

Emiliano Samar: –Yo conocía a Leda por haber cantado junto a María Elena. Así que puedo decir que entré a su mundo a través del desafío que propuso Analía y el texto escrito por Judit. Y como no quería que el espectáculo fuera el relato de una actriz ni tampoco la ilustración de una biografía, me interesa el carácter fractal, contemporáneo, que aporta en escena la mixtura de lenguajes.

–¿Qué aspectos de su trayectoria les interesaron más?

J. G: –Me impactó conocer sus recorridos por la montaña, en los 60, decidida a grabar esos cantos que ella pensaba que por su formación musical europea nunca podría reproducir. Me impresiona que saliera a investigar casi recursos, con un grabador Geloso, y que tuviera tan poco apoyo a pesar de la importancia de la investigación que estaba encarando.

E. S: –Sí, impresiona su coraje, su apasionamiento militante por echar luz sobre lo invisible.

–¿Cómo está planteado el recorrido de su vida?

E. S: –La historia rompe con lo temporal y lo espacial: la actriz es joven, niña y vieja a la vez y, en otros momentos, es la anciana que recuerda. El espectáculo tiene muchas resonancias. Quisimos darle espacio a la voz de Leda, que circule su espíritu generoso.

J. G: –También quisimos mostrar una Leda anterior a su preocupación por la música de los otros, la razón que ella encontró para vivir. La lucha que tal vez –y esto es una presunción mía– haya sido lo que pudo haberla consumido hacia el final de su vida.

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“Nos impresiona su apasionamiento por echar luz sobre lo invisible”, dicen Gutiérrez y Samar.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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