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Sábado, 26 de marzo de 2016

CINE › RUBBLE KINGS, EN LA PLATAFORMA NETFLIX

Los dueños de las calles

A diferencia de The Warriors, la legendaria ficción de Walter Hill, el documental dirigido por Shan Nicholson explica por qué el Bronx se convirtió, en los años 60, en un campo de batalla de pandillas de jóvenes guerreros, de pobres contra pobres.

 Por Horacio Bernades

Por más que se supiera que el Bronx era por entonces un barrio “pesado”, lleno de pandillas en pie de guerra, cuando a mediados de los 80 se estrenó en Buenos Aires Los guerreros (The Warriors, 1979), con un lustro largo de retraso, vincularla con la realidad neoyorquina no era el primer reflejo que la película promovía. Sus pandillas prolijamente diferenciadas de acuerdo con las vestimentas, casi como si se tratara de equipos de algún deporte (de hecho, la más llamativa de ellas vestía como equipo de béisbol, bate incluido y maquillaje estilo Kiss), las batallas campales muy coreografiadas y hasta el hecho de que la película estuviera basada en un texto tan distante de la Nueva York de los 70 como el Anábasis de Jenofonte (siglo IV a.C.) llamaban a verla como un trabajo de la imaginación. Un documental reciente demuestra que aquel film de Walter Hill estilizó apenas un poco lo que sucedía a diario en el sur del Bronx entre fines de los 60 y comienzos de los 80, tal como otra película de ficción (Distrito Apache, el Bronx, 1981) también a su manera reflejó. El documental en cuestión, producido entre otros por Jim Carrey, es Rubble Kings (“Los reyes del cascote”), y la plataforma Netflix lo incorporó a su catálogo en fecha reciente.

Observando las fotos y fragmentos de archivo se constata que era cierto lo de las identificaciones, aunque no tanto por una cuestión vestimentaria (jeans gastados y camperas de jean con parches se imponen para todos) como por el nombre de cada pandilla, que cada uno de sus miembros llevaba siempre bien visible, generalmente sobre la espalda. Nombres de guerra: Cráneos Salvajes, Asesinos, Dagas Hispanas, Nómades Salvajes, Nacidos Para Traer el Infierno y muchos más. “El modelo eran los Hell’s Angels”, reconoce más de uno, y alguna esvástica se deja ver como parte del atuendo. ¿Debe verse a estos pandilleros como proto-skinheads? Algún nazi puede haberse colado en el montón, pero es posible que la esvástica tuviera, en muchos casos, el sentido –irresponsable y ahistórico, sin duda– de espantar al white anglo saxon protestant que para estos empobrecidos representantes de minorías raciales emblematizaba el establishment.

En ese punto sí que The Warriors no fue muy fiel a la realidad: mientras que en la película de Walter Hill los líderes de la pandilla protagónica son blancos, en Rubble Kings no aparece un blanco WASP ni buscándolo con lupa. Los pandilleros son negros y latinos, y hay razones concretas, que el documental dirigido por Shan Nicholson se ocupa de explicar, para que sea así. En 1963, Robert Moses, eminente urbanista neoyorquino, diseñó, como parte de su megaproyecto de remodelación de la Gran Manzana, una gigantesca vía rápida que cortaría el Bronx por la mitad. Para ello deberían derribarse edificios como si fueran bloques de torta. Tal como narran en Rubble Kings los ex pandilleros más veteranos –todos ellos calmos, amables y sumamente articulados–, en las primeras décadas del siglo XX el sur del Bronx era un barrio de clase media baja, en el que las diferentes etnias convivían dignamente. Tras la destrucción ocasionada por el proyecto de Moses (¡versión inglesa del nombre Moisés!), el barrio se convirtió en algo parecido al Berlín de la inmediata posguerra.

Miles de personas vieron sus casas demolidas. Los blancos huían y quedaba solamente la población más pobre, despojada de vivienda ya que los propietarios preferían prenderle fuego a sus casas para cobrar el seguro, antes que alquilarlas por precios miserables. Con la calle por único futuro, la droga empezó a penetrar, mientras los jóvenes, algunos de ellos veteranos de Vietnam, comenzaban a agruparse en pandillas barriales. “El territorio era la Nación”, dice uno de ellos, “y si entrabas en un territorio que no era el tuyo sabías a qué te exponías”. Ley de la selva, guerra de pobres contra pobres, de jóvenes contra jóvenes. Llegó a haber decenas de miles de pandilleros: dueños de la calle. Política de género surgida de la calle misma: algunas ex pandilleras reivindican, orgullosas, su rol, a la par y no por detrás de sus compañeros. “Nos encargábamos de llevar las armas, porque a nosotros la policía no nos podía cachear”. En The Warriors hay una pandilla femenina, pero, otra vez, parece haber sido producto de la imaginación.

Las pandillas tenían su jerarquía: un Presidente, un Vicepresidente para sucederlo en caso de muerte, un “Señor de la Guerra”, que decidía todo lo relativo a la política armada, y una Gestapo. Sí, ése era el nombre que se le daba a la policía interna, encargada de los castigos a los díscolos e indisciplinados. Decididamente, o estos muchachos eran analfabetos históricos o estaban alfabetizados, y entonces la cosa es para preocuparse de verdad. Un capítulo para investigar. ¿Qué hacían las autoridades mientras tanto? Con la excepción de Edward Koch, intendente de Nueva York entre 1978 y 1989, están tan ausentes de Rubble Kings como parecen haberlo estado en la realidad. El que presta testimonio brevemente es Marshall Berman, pensador post marxista, nativo del Bronx y autor del famoso ensayo Todo lo sólido se desvanece en el aire, que culmina con un análisis de la devastación que el proyecto urbano de Moses produjo en el Bronx.

Principales narradores del documental, en algún momento de los 70 los líderes de The Ghetto Brothers parecen haber advertido que se estaban exterminando entre ellos, y que eso no era bueno para nadie. Tras un altercado gravísimo se logró convocar a una suerte de ONU de las pandillas, semejante a la que se ve en The Warriors, donde el líder, Cyrus, se dirige en el Central Park a una asamblea general. Lo que allí termina mal aquí finalizó bien, con todos firmando un tratado de paz que condujo a la disolución de las pandillas y a la transición histórica que llevó de la cultura de la violencia a la de los DJ, el breakdancing, a la larga el hip hop y el rap. Esto, al menos, según la tesis tal vez algo simplista del documental, ya que habría que ver, por ejemplo, en qué medida no influyó también en esta nueva cultura dance la disco music, que no venía precisamente de la calle y las pandillas. En cualquier caso, Rubble Kings narra una época, su origen y el fin de ella. En los típicos carteles finales da cuenta también de sus rastros en el presente, tan esperanzadores como suelen serlo los de las películas de Hollywood “basadas en hechos reales”. Según esos carteles, la mayoría de aquellos pandilleros, que cuarenta años atrás querían bañar el Bronx en sangre, actualmente se dedican a distintos servicios en pos del mejoramiento de la calidad de vida de sus comunidades de origen. ¿Será realmente tan así?

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“Si entrabas en un territorio que no era el tuyo sabías a qué te exponías.”
 
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