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Sábado, 29 de julio de 2006

CHICOS › LA PIPETUA Y TODAS LAS POSIBILIDADES DEL CLOWN

La pasión artesanal del circo

Los integrantes del grupo explican cómo desarrollan personajes y situaciones a partir de la fusión de la música, los malabares, la danza, las nuevas tecnologías y las artes plásticas.

 Por Sebastian Ackerman

La Pipetuá propone un viaje a través de músicas, malabares, juegos de luces y sombras y destrezas clownescas. El grupo, integrado por Diego Lejtman, Sebastián Amor, Fernando Selles y Maximiliano Miranda, nació en 2001 y se define como “un grupo de clown y circo artesanal, que nació con la idea de investigar y crear algo nuevo tomando como recursos la música, el circo, la acrobacia, los malabares, la danza, las nuevas tecnologías y las artes plásticas, y fusionarlo en espectáculos, en personajes, en nuevos objetos”, y con la excusa de recorrer el mundo despliegan un enorme abanico de habilidades sobre el escenario. Y afirman: “La Pipetuá no es un espectáculo infantil. Si bien lo podemos hacer para chicos de cuatro o cinco años, también lo podemos hacer para gente de 70. Trabajamos con un código muy universal desde el humor, la puesta escenográfica y visual, disfrutable tanto para un chico como para un adulto. Es bien para toda la familia.” Su nuevo show se presenta todos los días hasta el 6 de agosto a las 17.30 en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza (Corrientes 1660).

“Nosotros decimos que hacemos circo artesanal de clowns –explica Lejtman– porque es un trabajo artesanal desde el lado artístico y circense. Cada personaje, cada objeto, cada vestuario, cada escenografía, cada composición es algo nuevo porque no es parecido a nada.” Aclara, sin embargo, que “si bien hay influencias de los cómicos del cine mudo, de los dibujos animados, de las vanguardias de los años ’30 y de tecnologías de estos tiempos, creemos que es algo nuevo porque es una fusión única de todas esas cosas. Utilizamos muchas técnicas que usa mucha gente, pero el resultado final, el concepto del número y cómo se ensambla con la música y los personajes, son nuevos”.

–¿Cuáles son los lenguajes que utilizan en sus espectáculos?

Diego Lejtman: –Trabajamos básicamente con la comedia física, con el cuerpo que habla, de alguna forma, y eso trasciende todas las generaciones. En la época del cine mudo, los artistas podían contar todo, desde una emoción a una gran historia de amor o aventuras. Entonces, en ese espíritu, más un montón de otras artes que nos nutren, nosotros hacemos el espectáculo. El lenguaje del comediante físico es universalmente comprendido.

Sebastián Amor: –Somos incentivadores del juego. En nuestros espectáculos, la base es el juego y jugamos mucho con objetos, con cosas raras. Creo que despiertan en el niño las ganas de jugar, y estimulan la imaginación. Encuentran un objeto y buscan qué pueden hacer con eso.

El suyo, sostienen, no es un espectáculo “infantil” porque a la hora de crear no se puede pensar en un público específico, ya que lo que le cause gracia o asombre a un chico puede repercutir también en el adulto. “Los chicos por ahí se ríen de algo que al adulto no le causa gracia y a veces pasa lo contrario, que el padre se divierte con algo que al chico no lo mueve tanto. Los chicos disfrutan mucho de lo visual, y a veces los padres se sienten un poco chicos de nuevo y disfrutan más”, cuenta Selles. Amor sostiene que “dentro del espectáculo no hay guiños para los adultos, sino que es un espectáculo para toda la familia; es un espectáculo con un humor amplio, que pueden disfrutan tanto grandes como chicos”.

–¿Cómo ven a los chicos de hoy?

S. A.: –Están muy motivados y “adultizados”. Cuando ellos ven en algún espectáculo o sketch algo muy infantiloide lo captan enseguida y dicen “esto es para chicos”, y por ahí te lo está diciendo un pibe de cinco años. No sé si por la televisivo, por los códigos que manejan ellos, pero están muy despiertos. Nos pasa porque lo escuchamos. Y me quedo sorprendido. Muchas veces se subestima a los chicos. Desde las letras de las canciones, desde la puesta, desde el vestuario. Creen que se ponenalgo de color y dicen “esto va a gustar”. Y esto es una forma de subestimar al espectador niño.

Fernando Selles: –No les gusta que por ser niños se los trate como tontos, que por ser chicos tengas que hacer cosas especialmente para que lo entiendan. Son mucho más inteligentes de lo que realmente se piensa.

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La Pipetuá se presenta en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza.
 
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