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Sábado, 18 de mayo de 2013

DANZA › JOVENES COREOGRAFOS DEBUTAN CON EL BALLET CONTEMPORANEO DEL SAN MARTIN

Para bailar hacen falta tres

Juan Onofri Barbato, Anabella Tuliano y Analía González mostrarán desde hoy las piezas Los trompos, Infima constante y Después del sol, respectivamente. Más allá de diferencias estéticas, tienen coincidencias: los tres dirigen compañías independientes y son docentes.

 Por Carolina Prieto

El primer estreno del año del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín llega de la mano de tres coreógrafos invitados por primera vez a trabajar junto a este cuerpo de baile. Tienen formaciones y trayectorias distintas: Juan Onofri Barbato, egresado del Taller del San Martín y cultor de un lenguaje de gran potencia física basado en la experimentación; Anabella Tuliano, fundadora y directora del grupo Cadabra, y Analía González, coreógrafa de la compañía de percusión teatral El Choque Urbano. Las dos se inclinan por la fusión de técnicas como la danza clásica, el jazz y el contemporáneo. Desde hoy a las 20.30 el trío dará a conocer en la Sala Martín Coronado las piezas Los trompos, Infima constante y Después del sol, cada una de poco menos de treinta minutos. Un desafío importante: ocupar la inmensidad del escenario central del San Martín, trabajar con un elenco desconocido durante un tiempo de ensayo acotado, mucho menor del que estos creadores manejan en sus trabajos independientes.

Onofri viene de un proceso largo e intenso junto a un grupo de jóvenes que asisten a un centro de integración social en González Catán. Con ellos creó la obra Los posibles, estrenada en el Teatro Argentino de la Plata y, junto al cineasta Santiago Mitre (El estudiante), acaba de presentar en el último Bafici el film homónimo sobre ese impactante montaje escénico, que desde el 23 de mayo se proyectará en la sala Leopoldo Lugones. “Mi trabajo con los chicos del grupo Km 29 y con este elenco son muy distintos. Chicos sin experiencia en danza contemporánea, una investigación profunda y, por otro lado, un elenco estable y profesional y un tiempo corto de elaboración de sólo veinte ensayos”, compara el creador de piezas como Tualet, Pack y Ocupaciones Breves. Así fue como optó por trabajar en la forma más intensa posible a partir de una idea básica. “Tomé un elemento icónico de la danza, el giro desde la cuarta posición, y lo repetimos hasta el agotamiento profundizando en el estado físico. Descubrimos ahí una transformación interesante”, explica a Página/12 el creador, siempre volcado a la experimentación kinética. Desde su mirada, Los trompos no es una puesta grandilocuente, por el contrario, intenta llevar a escena preguntas simples como: “¿Qué implica para un cuerpo entrenar durante años un mismo gesto motor? ¿Qué sucede con los materiales cuando se usan hasta el límite de su resistencia? ¿Qué es ser un bailarín profesional?, ¿Qué significa lucirse en escena?”. El reto fue “ser bien concretos y no ponernos figurativos”, asegura. Si bien algunos de estos interrogantes remiten a lo físico mientras que otros son más conceptuales, estarían vinculados, ya que repetir un mismo movimiento hasta el límite de lo posible es una manera de alcanzar el rendimiento óptimo, la excelencia.

Mauricio Wainrot, director artístico del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, conoció el trabajo de Anabella Tuliano el año pasado, cuando ella participó de la Gala por el Día de la Danza en el Teatro Alvear. Su compañía presentó entonces Domestícame y Cadabra, dos obras de un profundo lirismo. Formada en diversas técnicas con maestros argentinos y brasileños, la directora –que además es abogada– suele fusionar estilos que confluyen en un lenguaje estilizado y poético. Al recibir el convite, se inclinó por un relato no lineal en el que los intérpretes trabajan a partir de determinadas sensaciones y estados que transcurren a lo largo de una noche. “Infima constante es un momento detenido en el tiempo. Es una noche en la que tomamos conciencia de nuestra pequeñez, de la finitud y de la necesidad de no dejar que el tiempo se diluya. Los bailarines transitan la plenitud, la melancolía, el encuentro con el otro, la búsqueda del sentido de la vida”, explica a Página/12.

El llamado de Wainrot tomó por sorpresa a Analía González. El había visto su espectáculo Pies pa’ volar, una obra conmovedora inspirada en la vida y obra de Frida Kahlo, y la convocó con la idea de que siguiera en esa misma línea. “Me dijo que quería que trabajara en lo mío: llevando los bailarines a una exposición fuerte a nivel físico y también emocional”, asegura. No fue fácil arrancar, ante el abismo y el miedo de vérselas con un elenco desconocido y con un escenario tan grande. “Hice lo que hago siempre cuando no sé cómo empezar: encontrar una imagen que me atraiga e investigar sobre ella –comenta–. Y me vino la imagen de un atardecer, un momento del día que suele tener un impacto en casi todas las personas y que me permitiría conectar con bailarines nuevos para mí.” Profundizó luego en el sentido de que la puesta del sol tuvo y tiene actualmente en distintas culturas: “Los mayas preferían parir al atardecer, los tibetanos meditan, los precolombinos enterraban a los muertos. Para nosotros, suele ser un momento de silencio y de introspección”, detalla. Y llevó esas ideas y también secuencias de movimiento al elenco, que fue aportando lo suyo. Así iniciaron un proceso de creación conjunta que desembocó en Después del sol. ¿El resultado? “Un montaje con mucha espiritualidad –advierte– porque la puesta del sol se relaciona con momentos fundacionales para el hombre como el inicio de la vida, la muerte, la conciencia personal, el vínculo con lo sagrado.”

“Somos tres coreógrafos nuevos para este ballet, que tenemos nuestras compañías independientes y que además somos docentes. Creo que es un acercamiento interesante para todos y que hasta puede acercar a otros públicos, porque nosotros venimos de otros lados. No del contemporáneo puro y más académico. La diversidad siempre es buena”, concluye.

* Triple programa compuesto por Los trompos, de Juan Onofri Barbato; Infima constante, de Anabella Tuliano, y Después del sol, de Analía González, se presenta los jueves a las 14.30, los viernes y sábados a las 20.30, y los domingos a las 19 en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530).

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Después del sol, “un montaje con mucha espiritualidad”.
 
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