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Jueves, 12 de marzo de 2015

DANZA › EL PRIMER PASO PARA LA CREACIóN DE UN SINDICATO DE BAILARINES Y LOS DESAFíOS QUE VIENEN

“Este trabajo tiene características únicas”

Las palabras de Ricky Pashkus sirvieron como aglutinante para el encuentro que se produjo el martes y en el cual hubo un compromiso de seguir adelante, sobre todo en lo que hace a la difusión de las problemáticas que afrontan los y las profesionales de la danza.

 Por María Daniela Yaccar

En consonancia con una lucha que lleva siete años –que se propone la sanción de una ley nacional de danza–, bailarines, coreógrafos y maestros emprendieron otra, íntimamente relacionada con aquélla. “Los bailarines movemos dinero”, sentenció Ricky Pashkus en una conferencia de prensa, la primera en la que se habló de crear un sindicato específico para la actividad. Un conflicto protagonizado por el elenco de Stravaganza reflejó este vacío y, de algún modo, fue el detonante de una lucha postergada. “Hablamos de la danza como un trabajo. No soy ingenuo: ciertos elementos pueden no estar tan contentos de que esto se genere”, remarcó el maestro. El encuentro, que se desarrolló en la tarde-noche del martes en el Novotel, fue apenas un primer paso para lo que se viene: “Una batalla ganada”, vaticinó Pashkus.

Una célebre frase de Isadora Duncan le sirvió a Pashkus para explicar por qué, desde su óptica, la danza aún no cuenta con sindicato propio. Esto la diferencia de otras disciplinas artísticas que, mucho más temprano, instalaron la idea de que sus hacedores eran también laburantes.

“Si lo pudiera decir en palabras no lo bailaría”, citó. “No creo que sea casual que estemos recién hoy expresándonos. Creo que en esa bellísima frase de Isadora y el don maravilloso que tiene el bailarín de no nombrar literalmente han confundido a los otros. Es momento de que se entienda que la danza es cuerpo, la ambigüedad de lo no literal; pero no puede no reflejar la necesidad de nombrar claramente todo esto”, reflexionó. Lo escuchaban bailarines, coreógrafos y docentes de la ciudad de Buenos Aires y de distintas provincias, directores de compañías oficiales e independientes y representantes de asociaciones y de los ministerios de Cultura de la Nación y de la CABA.

No fue una cita de carácter masivo. Fue un primer llamamiento a la organización colectiva. Pash-kus se dirigió a los presentes como “referentes” y los instó a “bajar la información” a potenciales interesados. “Lo importante es la foto”, dijo, medio en chiste, medio en serio, porque, según dio a entender, era preponderante la difusión de la propuesta. Por eso, al final de la conferencia, todos los que asistieron posaron ante las cámaras. Entre ellos estaban Carlos Casella, Mora Godoy, Eleonora Cassano, Daniela Fernández y Juan Carlos Copes. El orador hizo hincapié en la diversidad. “Están presentes todas las manifestaciones de la danza y somos todos iguales. Somos todos trabajadores, con una relación absolutamente par. No hay modernos contra comedia musical. ¡A la salida sí! Pero acá adentro no. Los clásicos no son mejores ni estudiaron más que el resto”, bromeó, en un pasaje divertido de su discurso.

Un folleto que se repartió durante la jornada explicaba por qué la danza –actividad que desarrollan más de diez mil personas en el país– merece un sindicato propio: “Comparado con el régimen laboral convencional, el trabajo del artista de la danza posee características únicas, absolutamente atípicas. Un sindicato general nunca podrá contemplarlas cabalmente, y tampoco un sindicato específico de otra rama del arte”, señalaba el texto. Este dilema quedó expuesto en el conflicto que protagonizaron los trabajadores de Stravaganza, la megaproducción de Flavio Mendoza. El problema estalló en febrero –hubo un cruce intenso en la entrega de los premios Estrella de Mar–, pero se arrastra desde antes. Es un tema que tiene que ver con el encuadramiento: los integrantes del elenco fueron inscriptos como artistas de variedades (el nombre del gremio es Unión Argentina de Artistas de Variedades) y la Asociación Argentina de Actores denunció la vulneración de sus derechos laborales. El productor teatral Ariel Diwan fue acusado de pagar una parte en negro para conformar el monto que corresponde según el convenio de Actores.

“Este conflicto no fue el detonante para pensar un nuevo sindicato, pero sí lo que se expresó en la discusión”, sostuvo Pashkus. “Me resultó extraño lo que decían: ‘los bailarines son nuestros’. El nuevo gremio disolverá esta discusión: contaremos con abogados y con una mutual que responda a las cosas que hacen a la esencia del entrenamiento del bailarín. Hay intereses creados, porque los bailarines movemos dinero. Nos falta una conciencia respecto de esto. Sabemos del dinero que se puede mover en Stravaganza o en ShowMatch, pero no en el zapateo americano, en el folklore o en un show a las 3 de la mañana en un boliche. Tenemos que mostrar multiplicidad: acá están la danza moderna, el show, las estrellas de la tele, del tango y la gente del Colón”, se explayó. “El cuerpo del bailarín es su única y fundamental herramienta de trabajo (...). Cuestiones sensibles a cualquier trabajador cobran para el caso de los bailarines especial dimensión: el trabajo sin cobertura de ART, la edad jubilatoria, la ausencia de legislación laboral, fiscal y de seguridad social específica son temas que necesitan urgente atención”, se leía en uno de los apartados del folleto.

La “reivindicación de derechos” será el propósito principal del nuevo gremio, dijo Mariela Ruggeri, bailarina y coreógrafa, una de las representantes fuertes del Movimiento por la ley nacional de danza (junto a Noel Sbodio, presente en el escenario, y Eugenia Schvartzman). Otro capítulo de la conferencia tuvo que ver con la ley nacional de danza, que “espera pacientemente su tratamiento en la Comisión de Cultura del Senado”, según explicó. El proyecto llegó al Congreso el 29 de abril, el día internacional de la disciplina. Ruggeri aclaró que las necesidades de un sindicato específico y de una legislación para el fomento de la actividad van de la mano, pero que la norma no abarca los derechos laborales. “Es una ley marco –definió–. No puede tocar ese tema porque la excede.” “Fundamentalmente, el proyecto pide la creación del Instituto Federal de Danza, un organismo que llevaría adelante una política de fomento integral”, subrayaba en abril pasado la coreógrafa pampeana. Se espera que este año el proyecto reciba, al menos, la media sanción del Senado.

El último ítem que se abordó fue la creación del Foro Argentino de Danza. Se llamará “Bailando trabajo” y se desarrollará el 29 de abril de 10 a 17 en la Facultad de Derecho. “Se propone el tratamiento del proyecto de sindicato en mesas de debate, discusión y diálogo, con representantes de todo el país”, invitó Ruggeri, en esta tarde en que los bailarines no danzaron, sino que dijeron en palabras lo que no pueden bailar.

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“Lo importante es la foto”, dijo Pashkus, apuntando a la necesidad de “difundir la propuesta”.
Imagen: Sandra Cartasso
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