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Martes, 19 de junio de 2012

CULTURA › IV FESTIVAL LATINOAMERICANO DE POESíA EN EL CENTRO

Las voces de un continente poético

Desde mañana, la Casa del Bicentenario y el Centro Cultural de la Cooperación serán escenario de un encuentro con varios autores esenciales de la poesía latinoamericana.

Los versos finales de “Contacto externo”, de Vicente Huidobro, podrían encarnar el lema del IV Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro que empieza mañana: “Hay que saltar del corazón al mundo/ hay que construir un poco de infinito para el hombre”. En el devenir radical de la lengua, un puñado de poetas emprenderá una escala más de este desafío con lecturas y debates en el Centro Cultural de la Cooperación, institución que cumple diez años, una década ininterrumpida de múltiples actividades culturales. La apertura de esta edición estará a cargo de Jorge Campero (Bolivia), Sandra De la Torre Guarderas y Margarita Laso (Ecuador), Damsi Figueroa (Chile), Georgina Herrera (Cuba) y Juan Manuel Roca (Colombia). Este encuentro también enlazará en el mismo espacio a distintas voces del país, como los patagónicos Maritza Kusanovic (Santa Cruz), Ariel Williams (Chubut), Macky Corbalán (Neuquén), Lucía Carmona (La Rioja), Verónica Ardanaz (Salta), Eugenia Cabral y Aldo Parfeniuk (Córdoba), y José María Pallaoro y Gustavo Caso Rosendi (La Plata). Y no podían faltar nombres centrales de la poesía argentina como Alberto Szpunberg, Luis Tedesco, Oscar Steimberg, Santiago Sylvester y Jorge Boccanera, quien cerrará el festival el miércoles 27, en un diálogo con Vicente Muleiro.

Como en las ediciones anteriores, los poetas reflexionarán sobre poesía y política y las tradiciones poéticas en el contexto latinoamericano, entre otros tópicos. “Nuestro modernista más esclarecido es sin duda José Asunción Silva”, dice Juan Manuel Roca a Página/12. El poeta colombiano afirma que Silva (1865-1896) hizo tanto en su poesía como en su novela De sobremesa, “una especie de estética objetalista sin que aún hubiera sospechas del futuro nacimiento de Robbe-Grillet”, compara. “Lámparas, encajes, gasas, carpetas, tazas, frascos, bujías son exaltados a un plano estético que prescinde de los cisnes y de las princesas para encaramar los objetos cotidianos a un rango poético y no pocas veces irónico, porque nos recuerda que casi siempre las cosas sobreviven a sus dueños”, analiza Roca. “Pero también en ‘Gotas amargas’, antes de que a alguien se le ocurriera llamar a ese sesgo ironista y burlón que adosa lo prosaico a la poesía como ‘antipoesía’, ya en esos versos de Silva aparece esto con un rasgo sin duda renovador”. Los modernistas articularon “una gran revolución” porque “devolvieron las carabelas hacia España cargadas de un nuevo sentido de la lengua”. Sobre esas carabelas regresadas a España –el copyright le pertenece al mexicano Alfonso Reyes–, Roca postula que la música de Nocturno de Silva “fue una especie de dispositivo para una poesía hecha más de atmósferas que de simples palabras”. “En una bodega, escondida como un polizón, también viajaba el tono burlesco que mezclaba unas ‘gotas amargas’ a la solemnidad, y un espíritu irónico, semejante al de la mosca en la nariz del orador. Silva devolvió entonces una manera de entender la poesía como un creador de nuevas atmósferas y de nuevos ritmos.”

Roca subraya que ahora se percibe un diálogo entre generaciones. “La verdad es que no hay frente al pasado lírico colombiano una actitud únicamente mimética o iconoclasta. Así lo señalo en un libro que acabo de publicar –Galería de espejos, una mirada a la poesía colombiana del siglo XX–, aceptando que en las rupturas argumentadas es donde en realidad puede existir el diálogo. Por supuesto que hay pugnas, como en toda cultura viva, algo así como una sala de espejos y decapitaciones”, reconoce el poeta colombiano. “Mi generación, que no ha sido grupal ni ha escrito manifiestos, que más bien ha cantado a capella, podría con contadas excepciones apoyar el aserto de Gombrowicz: ‘¿Por qué no me gusta la poesía pura? Por las mismas razones por las que no me gusta el azúcar puro. El azúcar encanta cuando lo tomamos junto al café, pero nadie se comería un plato de azúcar, sería ya demasiado. Es el exceso lo que cansa en la poesía, exceso de palabras poéticas, exceso de nobleza, exceso de depuración y de consideración que asemejan los versos a un producto químico’. A esta generación he querido llamarla ‘poetas del inxilio’, quienes vivimos en un exilio interior. Colombia, donde la guerra siempre viene después de la posguerra, es uno de los países con mayor número de desplazados, de inxiliados en su propio mapa movedizo. Así que exiliados dentro y fuera de lo que nos queda de país, la poesía no es un mero asunto decorativo”, plantea Roca.

La voz y el canto de la ecuatoriana Margarita Laso será uno de los acontecimientos más esperados de esta edición del festival. “Trabajo los textos diciéndolos en voz alta, escuchándolos. Si van cargando un ritmo, si las esdrújulas zapatean, sólo se sabrá con la radio de la garganta prendida cuando se despliegue la verdad sonora de lo que se lee”, explica Laso, poeta, cantante y editora. “Los poemas suelen ser escenarios, escenas, escenografías, con o sin habitantes. Leer es usar esta herramienta, el material líquido de las palabras, la textura y vibración de nuestra lengua, el crujido y el canto, el silencio y la temperatura posible de los textos. Me encanta estar cerca de los que oyen. El anhelo de tocar el corazón de otros parece posible porque cerca queda emplazada la caja de un tórax que tiembla. Como si una pudiera extender la mano y sentir la cuerda de la música que trajeron los otros, la respiración del auditorio que es como un pasar de hojas, páginas, telones.” A Laso se la ha catalogado como “poeta erótica”. Las nomenclaturas tranquilizan, pero su poesía excede esa etiqueta: destila, en dosis inquietantes, filosofía y naturaleza. ¿Por dónde pasa su búsqueda poética desde Erosonera al último poemario publicado, La fiera consecuente?

“Un libro de poemas es un criadero de bestias enanas que es imposible controlar. Cada una muestra un color o un silbido, pero huele al fin como la madriguera de quien lee”, responde Laso. “Los poemas están hechos de sensuales vocablos, pero también de cuerpos y pedazos de cuerpos, y ángulos y desdichas. El erotismo, un tema grande de la literatura, vela a veces el cuerpo, el sexo mismo; y da lugar a la pérdida, la oscuridad, la violencia. Me ha interesado la materialidad de la palabra y la materialidad amorosa. Los dos temas siguen presentes y no siempre desde la reflexión; a veces son sólo pensamientos furiosos. Tal vez hay un canto a un tiempo celebratorio y doloroso de lo íntimo y así en un comienzo con alusiones breves; más tarde con casos completos, de modo recurrente, este cantar trae la presencia de animales. Acaso la pata de uno, la piel de otro, una presa, un lomo erizado. El riesgo es caminar por la cuchilla de la lengua, entre la maniobra y la composición, siempre tratando de asir lo que está más allá, siempre tratando de traer el tiburón a la arena”.

“La poesía es renovadora y depositaria de un saber; la palabra es sal de intercambio diario en el vivir de un ser mestizo, sin saber si es negro o si es blanco, pero que tiene que usar la lengua impuesta porque si no se invisibiliza. No queda otra que hablarla, gritarla, en una dinámica de no pertenencia a un determinado territorio y cultura”, reflexiona Jorge Campero, autor, entre otros títulos, de Jaguar azul, publicado por la editorial cordobesa Alción en 2005. “En Bolivia somos migrantes permanentes dentro de nuestra propia tierra, y en ese vivir y habitar distintos territorios y culturas se impone describir esa poética en la propia lengua originaria, interactuando con la que llamamos impuesta. La recreación de la lengua para el poeta es el único territorio a habitar”. El poeta boliviano destaca el momento que se vive en su país. “Tenemos 36 naciones con 36 lenguas reconocidas constitucionalmente por el Estado Plurinacional. Se espera que las políticas públicas desarrollen estas lenguas, pero el arte y la poesía no podrá, o al menos no debiera, ignorar este proceso de interculturalidad. El reto de los poetas será interactuar entre la lengua impuesta, nuestra lengua materna –si fuese alguna originaria– y las otras que existen en nuestro país, y por qué no, en la Patria Grande Americana o Abya Yala. Este horizonte hará posible que se escuchen las voces que surgen de los seres invisibilizados, ocultados, asimilados u obligados a esconderse para ser aceptados en un Estado dominante. Hoy estas naciones, desde diferentes instancias, sobre todo en el ámbito de la educación y la cultura, con voz y voto, se aprestan al reto de vivir su lengua y su cultura, y no sólo sobrevivir.”

Las actividades se desarrollarán en el CCC (Av. Corrientes 1543) y en la Casa Nacional del Bicentenario (Riobamba 985). En http://www.festivalpoesiaenelcentro.blogspot.com.ar se puede consultar la programación diaria.

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“La poesía es renovadora y depositaria de un saber; la palabra es sal de intercambio diario”, dice el boliviano Jorge Campero.

“Los poemas suelen ser escenarios”, sostiene Margarita Laso.
 
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