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Martes, 28 de enero de 2014

CULTURA › CARDUMEN, UNA RED DE CENTROS CULTURALES DEL CONURBANO

Under y autogestión al sur

La lucha de Cardumen es hermana de la del Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA), que está haciendo mucho ruido en la Ciudad de Buenos Aires y que plantea una legislación que reconozca la existencia de centros culturales autónomos.

 Por María Daniela Yaccar

“No estamos inventando nada. La autogestión, el under y la vanguardia existen hace muchos años”, desliza Sonia García Espil, una cantante que el año pasado se mudó a una casa de Banfield, cerca de la estación de trenes de esa localidad al sur del conurbano, y la convirtió en centro cultural. Terminó ocupando para ella nada más que una habitación. El resto de la casa es sede de talleres y de shows acústicos. Su historia es parecida a la de muchos artistas que confían en la cultura hecha a pulmón y que viven asustados por la posibilidad de que los clausuren. Sí, el mismo trastorno que ocurre en la Ciudad de Buenos Aires se da en el primero y el segundo cordón del conurbano. Para hacerle frente surgió Cardumen, una red que agrupa a espacios culturales de Lomas de Zamora y Almirante Brown y a los artistas que por ellos circulan, que también son parte de la cultura alternativa en constante crecimiento.

La lucha de Cardumen es hermana de la del Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA), que está haciendo mucho ruido en la Ciudad de Buenos Aires y que plantea una legislación que reconozca la existencia de centros culturales autónomos. En la Capital, uno de los puntos fuertes de la nueva norma propuesta por MECA es que se deberían ajustar los requerimientos legales con la oferta y las necesidades de los espacios y dejar de pedirles cosas imposibles. Por ahora, Cardumen agrupa a una decena de espacios desperdigados por Lomas de Zamora y Almirante Brown. García Espil y Lautaro D’Avila, un músico de Temperley, insisten en que Cardumen es más que un grupo de espacios: en las reuniones de cada martes no hay, solamente, representantes de centros culturales, sino también artistas inmersos en el problema y en la lucha.

¿Qué quieren? Dejar de ser clandestinos. No esconderse más. Quieren poder difundir sus actividades sin correr riesgos. Buscan que la ley los reconozca. Cardumen surgió a partir de un entredicho con la Municipalidad de Almirante Brown en relación con dos espacios importantes de la zona. “Nos dimos cuenta de que si tocaban a un centro cultural nos tocaban a todos”, sostiene García Espil. Entonces comenzaron las reuniones y en diciembre se presentaron oficialmente en Finky, un parque de Temperley. Como en la Capital, existe en el conurbano un vacío legal: no hay en las ordenanzas municipales de Lomas y de Brown una figura que reconozca a los centros culturales tal y como funcionan en la actualidad, que tenga en cuenta cantidad de espectadores, las particularidades de cada lugar. En Almirante Brown lo más similar es la figura de asociación civil o entidad de bien público. Lomas de Zamora está un paso adelante: una ordenanza de noviembre de 2012 se acerca más al objetivo –habla de “centro cultural” y reconoce la esencia multidisciplinaria–, pero “está pensada para movidas más grandes”, subraya D’Avila.

A ellos les interesa que una nueva legislación marque las diferencias. No todas son casas abiertas al público, como la de García Espil. Toman como ejemplo el caso de MECA: el proyecto que elaboraron los integrantes de espacios de la Capital reconoce cuatro modelos de producción en relación con cantidad de espectadores (casas de artistas, centros barriales y sociales, centros culturales y clubes de cultura). Los miembros de Cardumen todavía no redactaron la norma que presentarán a los municipios para que se convierta en ordenanza. Están en una etapa anterior, haciendo un relevamiento para tener bien claro cuántos espacios hay en cada partido y qué características tienen. La ley será justa con las particularidades y equilibrará requisitos con necesidades de cada espacio. “La ordenanza de Lomas de Zamora reconoce centros culturales, pero pone más trabas que puertas. La cantidad de requisitos que pide es impensable. Piden, por ejemplo, un detector de metales para un lugar con capacidad para ochenta personas. Y promete subsidios que no llegaron”, recalca García Espil. “En un momento nos dijeron que teníamos que cerrar a las doce de la noche. Pero estos espacios no se sostienen sin movimiento los fines de semana. Eso significa cortarnos los ingresos.”

D’Avila, que no está a la cabeza de ningún centro cultural, da su perspectiva como músico: “Detrás de todo esto hay intereses económicos muy fuertes. Hay lugares donde tocan bandas que mueven mucha plata, como Peteco’s (ubicado en la frontera entre Temperley y Lomas de Zamora). Los sectores empresarios, junto con el sector político, fomentan que los centros culturales cierren para que los artistas sólo puedan tocar ahí. Y ahí el músico tiene que pagar para tocar. Bajo esa lógica deja de existir el músico under. En los centros no sólo no pagamos, sino que muchas veces se nos paga. La actividad artística es el eje, no el lucro”.

“Somos hijos de Cromañón y seguimos sufriendo resabios de los noventa y de la dictadura”, continúa D’Avila. “Al capitalismo no le cabe que pasen estas cosas, que exista la autogestión. Proponemos otra forma de hacer cultura, de relacionarnos y de encontrarnos.”

“Nuestra lucha apunta a plantear que esta actividad existe, que pasa por un lado diferente del comercial y que apunta a otro público y otros objetivos”, sostiene García Espil. “Brindamos un servicio. El arte no sólo es entretenimiento, también es una actividad laboral, hacemos que la sociedad avance y funcione. Como hacen falta escuelas y hospitales, hacen falta espacios donde la gente pueda disfrutar del arte. Queremos un reconocimiento para trabajar tranquilos, siguiendo en la autogestión y en el movimiento independiente. No nos autogestionamos porque no nos queda otra opción. No queremos llegar a ningún lado ni buscamos un éxito mayor. Creemos en esto”, concluye.

Según la cantante y estudiante de Gestión Cultural, 2014 será un año clave para Cardumen: esperan poder tener lista la norma que llevarán a las municipalidades. Eligieron la modalidad de iniciativa popular. Es decir que, al igual que en el caso del proyecto de la Ciudad de Buenos Aires, deberán reunir las firmas del 1,5 por ciento del padrón electoral de cada distrito para que la iniciativa ingrese a los concejos deliberantes.

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Lautaro D’Avila, Sonia García Espil y una cultura alternativa en constante crecimiento.
Imagen: Pablo Piovano
 
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