espectaculos

Domingo, 30 de marzo de 2014

CULTURA › ASI JUGAMOS REPASA VEINTICINCO PARTIDOS MUNDIALISTAS DE LA SELECCION ARGENTINA

“Compendio del comportamiento humano”

Desde el contenido del bidón de Branco hasta qué dijo Lionel Messi en su primera arenga como capitán, los periodistas Pablo Vignone y Diego Borinsky revelan en este libro historias futboleras poco conocidas a través de la palabra de sus protagonistas.

 Por Emanuel Respighi

La ansiedad de todo futbolero ante el inminente comienzo del Mundial de Fútbol de Brasil se acrecienta a medida que pasan los días. O, en el caso de los argentinos, aumenta exponencialmente cada vez que Lionel Messi sale a jugar con el Barcelona en cualquier lugar del mundo y quiebra cuanto record tenga por delante. Para aquellos que sienten que la vida es el tiempo que transcurre entre una Copa del Mundo y otra, tal vez la mejor manera de saciar el apetito mundialista que ya empieza a hacer ruido en la panza sea leer buena historia futbolera alrededor de la Selección. Y en ese terreno hay un libro que por estos días parece ser de lectura inevitable: Así jugamos (Random House Mondadori) es el título del libro que recorre 25 partidos de la historia de la Selección Argentina en los mundiales que disputó hasta la fecha. Escrito por los periodistas Pablo Vignone y Diego Borinsky, Así jugamos repasa –con el capricho de una selección imposible– cotejos de todos los tiempos, revelando historias poco conocidas a través de la palabra de sus protagonistas.

¿Qué contenía realmente el mítico bidón de Branco? ¿Por qué el tiro en el palo de la final de 1978 en Argentina y Holanda nunca podía haber sido gol? ¿Quién aportó el dinero para incentivar a Polonia en 1974? ¿Por qué razón se conoció un antidoping positivo interno en 1998? ¿Quiénes integraban la “Mesa de los Gordos” en 2002? ¿A Diego le hicieron la cama en el ’94 o se la hizo él solito? ¿En qué Mundial el plantel argentino destrozó una habitación y la AFA evitó el escándalo pagando todo en efectivo? ¿A dónde fue a parar la camiseta de Diego de los dos goles a Inglaterra? ¿Qué jugadores peruanos le pidieron a su entrenador que no atajara el argentino Quiroga en el 0-6 de 1978? ¿Qué dijo Lionel Messi en su primera arenga como capitán del equipo nacional? ¿Qué era el “jugo loco” de 2006? Estos son algunos de los interrogantes que se develan en Así jugamos, un libro que conjuga material de archivo, testimonios y un invaluable capítulo de estadísticas, sin perder atracción literaria.

“Hace cuatro años, para el Mundial de Sudáfrica, escribí un librito que se llamó Partidazos, en el que conté para los chicos del secundario los mejores partidos en la historia de los mundiales”, le cuenta a Página/12 Vignone, editor de la sección deportiva de este diario. “Aquélla fue una experiencia divertida, que me dejó con la espina de que ese laburo estaría mejor si los que cuentan los partidos son los mismos protagonistas, los jugadores. Esa idea estuvo en el freezer hasta que hace dos años la desempolvé y se la comenté a Diego, a quien conozco por haber trabajado juntos en Deportea y en El Gráfico. Y así se fue armando un libro que vuelve sobre partidos tan inolvidables como arbitrarios en su selección.”

Cuando parece que la historia ya se ha contado y no hay nada nuevo por agregar, siempre aparecen datos o detalles que desmienten tal afirmación. En cualquier ámbito, pero mucho más alrededor del fútbol, donde el paso del tiempo siempre juega a favor de que los protagonistas se animen a confesar historias o situaciones que en otros tiempos callaron. Ese es el valor de Así jugamos, el libro que en sus más de 500 páginas repasa los 25 partidos más trascendentes de la Selección Argentina en los mundiales, relatados por sus protagonistas. Desde Amadeo Carrizo, César Luis Menotti y José Sanfilippo, pasando por Julio Olarticoechea, Ubaldo Matildo Fillol y Mario Kempes, hasta Juan Pablo Sorín, Hernán Crespo y Martín Palermo, jugadores y técnicos comparten sus puntos de vista sobre distintos partidos de la Selección nacional que por diversas razones quedaron grabados en el recuerdo colectivo.

“Elegimos veinticinco partidos porque diez eran pocos y cincuenta muchos”, bromea Vignone, al que los diez mundiales vividos –seis de los cuales los cubrió profesionalmente– lo sitúan como uno de los periodistas más experimentados en la materia. “La Argentina jugó 70 partidos mundialistas. Seleccionamos estos veinticinco por la trascendencia que tuvieron, por algún hecho al que valía la pena contar profundamente y también por la posibilidad de contactar a los jugadores que queríamos que nos dieran su testimonio. Por suerte, fueron pocos los que se mostraron reacios a la propuesta. Así jugamos también sirve para darse cuenta de que cuanto más tiempo pasó de algún hecho, más permeables son los futbolistas a contarlo”, reconoce el periodista.

–Lejos de la mirada resultadista que rodea al fútbol, Así jugamos cuenta veinticinco partidos, de los cuales muchos el seleccionado salió derrotado. ¿Cuál fue la búsqueda?

–El libro no presenta cada partido únicamente por esos 90 minutos, sino como parte de un proceso en el que se ven todas las emociones humanas: la envidia, el éxito, el miedo, la camaradería, los absurdos, las agachadas... Es un compendio del comportamiento humano. Eso es atractivo. Si hubiésemos elegido centrarnos solamente en los éxitos, habríamos pifiado. La historia del seleccionado está hecha de éxitos y fracasos. Esa decisión le da una dimensión humana. Si el libro es una historia entre línea de la Selección Argentina en los mundiales, las estadísticas que incluimos le dan la estructura. Las incluimos porque creemos que a cualquier futbolero que se precie de tal le interesa conocer esos datos; segundo, porque es netamente periodístico y eso de entrada nos entusiasmó un montón. Creemos que el libro termina siendo un gran manual de la Selección. Frente a la avidez informativa y coyuntural futbolera, el libro permite parar la pelota y contar la historia de otra manera, con otros tiempos.

–La literatura futbolera tiene una extensa historia en el país. ¿Por qué cree que, a los ojos argentinos, al fútbol gusta tanto verlo como leerlo?

–El fútbol es una práctica cultural ampliamente difundida en la Argentina. Recupera un espíritu tribal de distribución social que es ancestral, pero que está organizado, que provee a la vez contención y competencia. Y a diferencia de otros modos de relación cultural es ampliamente inclusivo, cualquiera puede participar: como deporte, invita a jugar, es sencillo, sus reglas no son complicadas; como espectáculo de masas, a estadio lleno, no tiene parangón ni requiere destrezas significativas para sumarse como espectador. Y la inclusión es tan operativa y concluyente, que ya no se registra separación en el mérito; los hinchas se consideran –a partir de su aliento, su voluntad expresa de apoyo– tan responsables del triunfo como los futbolistas.

–¿Y qué rol juega el sentimiento hacia la Selección Argentina en ese aspecto inclusivo del fútbol?

–En el caso de la Selección, se da el mismo fenómeno a dimensión planetaria, lo que amplifica ese sentimiento de inclusión: ya no es la comunidad próxima la que te acoge y ampara, es el mundo entero el que te da la bienvenida. ¿En qué otro ámbito de las relaciones humanas se produce ese fenómeno? El Mundial recupera a escala máxima esa tensión tribal de enfrentamiento y honor, y desde que la Selección se tornó realmente competitiva, desde 1978 a la fecha, se transformó en un símbolo de identificación poderoso, que permite superar divisiones: la “aventura” de la Selección Argentina en un Mundial no sólo traza el sendero hacia un objetivo con el que nadie está en desacuerdo (lo que en general no puede argumentarse respecto de prácticas políticas, en el que el enfrentamiento entre bandos es persistente), sino que genera la superación de esas barreras; porque además de haber hinchas de River o Boca o cualquier otro club del que son hinchas de fútbol y por ende de la Selección, otros muchos, que no son fanáticos o que, por el contrario, rehúyen al fanatismo al considerarlo una deformación deportiva del espíritu totalitario, se asoman al fenómeno exclusivamente a través de la ventana que abre la Selección cada vez que va a jugar un Mundial. Son “hinchas” del equipo argentino.

–La Selección, en este sentido, se transformó en uno de los últimos espacios con la capacidad de unir a todos los argentinos.

–La Selección viene a jugar, así, un papel de aglutinante de última instancia en la condición incluyente del fútbol. Todos estos fenómenos no pueden dejar de llamar la atención de otros actores culturales, que ensayan prolongar la práctica de la cultura del fútbol en sus propios ámbitos. Campanella no produce Metegol sólo porque es cineasta y Camus era, antes que todo, arquero.

Compartir: 

Twitter
 

“Campanella no produce Metegol sólo porque es cineasta y Camus era, antes que todo, arquero”, dice Vignone.
 
CULTURA Y ESPECTáCULOS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.