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Domingo, 29 de junio de 2014

CULTURA › ALFREDO PUCCIARELLI HABLA DE LOS AÑOS DE LA ALIANZA

“Hicieron un pésimo diagnóstico”

El docente e investigador analiza el gobierno de De la Rúa y sostiene que “la naturaleza de la gestión política transformó una crisis económica en lo que Gramsci llama crisis orgánica”.

“Pese a lo que en general se cree, aquella crisis no fue sólo económica”, sentencia Alfredo Pucciarelli y abre el camino para empezar a desandar de qué va el libro Los años de la Alianza, que el docente e investigador acaba de publicar, Siglo XXI mediante, junto al equipo de pares que coordina en el Instituto Gino Germani, de la UBA. “Cada uno, a su manera, intenta demostrar contra el sentido común que se trató de una crisis orgánica”, extiende Pucciarelli. Ubica en tiempo, intención y espacio, en suma, el cuarto libro de una zaga que comenzó con Los años de la dictadura, siguió con los de Alfonsín y Menem, y llegó a los del radical cordobés, que le pusieron el moño funesto a casi veinte años de experimento neoliberal en Argentina. “La naturaleza de la gestión política transformó una crisis económica en lo que Gramsci llama crisis orgánica, que se sintetizó con el ‘que se vayan todos’. Nosotros planteamos que no hay una impugnación a un mal manejo de la crisis financiera, sino que hay un intento de poner freno a la evolución de un modelo de acumulación económica”, desarrolla el investigador.

Pucciarelli, junto al equipo que también coordinó la socióloga Ana Castellani, presentará el trabajo el jueves 17 de julio a las 19 en Daín, Usina Cultural (Nicaragua y Thames), para arrojar luz sobre cada uno de los aspectos que el colectivo consideró necesario para condensar esos vertiginosos días en un libro de 350 páginas. “Todos los libros de la serie tienen la misma característica: no son un relato del período, sino una identificación de los problemas más importantes, y su análisis. Hay mucha laboriosidad, y mucho material periodístico y documental, aunque no configuran un relato histórico. Son, más bien, una selección de temas estratégicos en los cuales hay una mirada institucional, una política, una económica y una financiera sobre cada uno de los grandes problemas, y un intento de profundizar en ellos”, detalla este doctor en filosofía, especializado en Ciencias Sociales, profesor extraordinario de la Universidad de La Plata.

–¿Lo holístico u orgánico de la crisis que advierte al principio se produjo porque no fue un gobierno peronista, porque esa alianza no tenía una estructura política “fuerte” y aceitada, digamos, que contrarrestara tal tipo de crisis?

–Lo que se puede suponer es que esa endémica incapacidad de gestión radical tiene bastante que ver. Yo creo que la figura de De la Rúa es como la síntesis de esa impotencia hasta psicológica, porque tener una situación de crisis supone grandes conflictos, y tomas de decisiones muy importantes que generen tensión entre sectores, pero si te deprimís y te ponés a mirar los dibujitos, bueno, hay un problema (risas). En otro sentido, podría decirse que el vínculo social entre los dirigentes peronistas y una parte de la sociedad es más profundo. Hay una práctica social que lo precede, por eso la práctica radical excesivamente institucionalista, lo que impide ver los conflictos que están por detrás.

–Preocupación por cuestiones de corrupción, por ejemplo, que oculta problemas más profundos.

–Poner la corrupción en el centro de la cosmovisión política de una situación compleja hace que se olviden los verdaderos problemas, sí. La gestión de la Alianza es la consecuencia de sus propios defectos y esos defectos se originaron en un pésimo diagnóstico de la situación social del período. Ya en 1998 había aparecido la crisis, que luego acumuló las contradicciones que estallaron en el 2000. El diagnóstico de la Alianza sobre el nuevo gobierno era ¡vender el tango!, increíble.

–Con el peronismo complicado, también...

–Feudalizado, sí, sin liderazgos después de la derrota del ’99. Y sin miradas alternativas, porque muchos creían que la única forma de sobrevivir era ganar la confianza de los acreedores... Era algo perverso eso. Es un período muy corto en el que pasan miles de cosas: los piqueteros, movilización los sectores medios, radicalización de los obreros... Y Cavallo, claro, que arranca proponiendo un programa aparentemente heterodoxo, pero en dos meses le hacen tres corridas bancarias y un golpe de mercado, y el tipo se entrega: vuelve a la ortodoxia.

–¿Cómo vivió usted el período?

–Recuerdo que me llamaron de la Universidad de La Plata, donde se empezaba una campaña contra los intentos de reducción al presupuesto universitario. Entonces hicimos un acto, hablamos, y la relación entre los que estábamos arriba y los miles de pibes que había abajo me dejó muerto. Me hizo acordar a cuando yo era el pibe que militaba por el artículo 48, en la época de Frondizi. Ahí noté el quiebre, porque empezamos a pensar que la sociedad podía organizar una forma de desplazar a estos tipos con una alternativa desde abajo, y la gran incógnita que surgió después fue la misma de siempre: ¿por qué razón tanta militancia social nunca pudo generar una sola idea, una sola organización política para enfrentar la cuestión?

–El peronismo la provocó, el peronismo la tuvo que resolver...

– Es buena ésa. El peronismo tiene esa característica, la de romper y rehacer. A mí no me pregunten cómo se hace para pasar de Menem a Kirchner (risas), pero hay una vitalidad en el trabajo político que no es ideológica sino política y supone que hay antenitas que van captando demandas.

–Como si fuera un tester de necesidades del que carecen otras fuerzas políticas.

–Por un lado es un elogio, por el otro, una condena. Si después de todo lo que pasó con el kirchnerismo nos gobiernan Massa o Scioli, sonamos... retrocedemos otra vez. ¿Por qué toda esa gente que tuvo la recepción directa de los beneficios del kirchnerismo vota a Massa? Es un misterio eso.

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Pucciarelli publicó una saga, que comenzó con Los años de la dictadura.
 
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