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Domingo, 29 de junio de 2014

CULTURA › REUNEN EN UN LIBRO LOS CUESTIONARIOS PROUST PUBLICADOS POR VANITY FAIR

Un viejo juego de salón parisino

Se trata de una treintena de preguntas que Marcel Proust respondió en la década de los ochenta del siglo XIX y que posteriormente pusieron a prueba a figuras como Giorgio Armani, Brigitte Bardot, David Bowie, Allen Ginsberg y Norman Mailer, entre muchos otros.

Newman quería el talento de Fangio. Yoko Ono se amaba a sí misma.

Algunos juegos no envejecen, aunque cambien las épocas, los jugadores y las tecnologías. Reciclar viejas costumbres puede ser una manera efectiva de conjurar aquello tantas veces repetido de que todo cambia y nada permanece. Los Cuestionarios Proust, publicados por Vanity Fair durante 16 años, reunidos en un libro prologado por Graydon Carter con caricaturas de Robert Risko, son el ejemplo de una pequeña trama que se empezó a tejer con un surtido de preguntas –y sus respuestas– bajo el imperativo de la mera diversión. En la introducción, Carter, director de la revista, despeja los malentendidos surgidos en torno de esta iniciativa –copiada profusamente en revistas y periódicos– de poner a prueba a célebres personalidades como Yoko Ono, Robert Altman, Giorgio Armani, Brigitte Bardot, David Bowie, Allen Ginsberg, Eric Clapton, Norman Mailer, Catherine Deneuve, Lou Reed, Salman Rushdie, Tom Waits y Paul Newman, entre otros, con una lista de una treintena de preguntas que Marcel Proust respondió en la década de los ochenta del siglo XIX.

El cuestionario Proust, que no es obra del escritor francés ni de Vanity Fair, es un juego de salón parisino que servía de divertimento al círculo burgués del autor de En busca del tiempo perdido. Se cree que lo popularizó la hija del presidente francés Félix Faure.

En la introducción del libro, Carter revela que el “álbum de Antoinette Faure”, un cuaderno rojo con ornamentales tapas de cuero repujado, tenía anotaciones de buena parte de los miembros del círculo social de Faure. “Ella invitaba a sus amigos a tomar el té y luego les formulaba la misma secuencia de preguntas: ‘¿Cuál es su virtud favorita?’ Su idea de la miseria... Su estado de ánimo actual, etcétera. Todos escribían sus respuestas a mano en su pequeño cuaderno rojo.” Proust, que rellenó dos veces el formulario de Faure con precoz entusiasmo –a los 14 y a los 20 años–, publicaría sus respuestas en un artículo titulado “Confidencias de salón escritas por Marcel”, que apareció en La Revue Illustrée XV. El nombre del escritor quedaría indisolublemente asociado cuando la lista de Faure se extendió hacia Gran Bretaña y Estados Unidos “por considerarse un formulario que capturaba la psicología prepop del siglo XX”. El director de Vanity Fair recuerda que en los sesenta la publicación musical británica Rave solicitaba a jóvenes estrellas del rock que contestasen las preguntas de Proust: ¿La idea de la felicidad de Mick Jagger a los 23 años? “Arrastrarme entre las hierbas.” ¿Y qué decía el Rolling Stone que era lo que más le gustaría ser? “Beatle.”

En 1993, se comenzó a publicar el “pasatiempo actualizado”, como lo califica Carter. La sección se llamaba “Estudio social”, luego sería bautizada “Cuestionarios Proust”. “La sección sigue siendo una de las señas de identidad de la revista –subraya el director–. Las respuestas, sinceras, irónicas o profundas, constituyen 101 historias que nos descubrieron facetas hasta entonces desconocidas de muchos de los colosos de nuestra época. En la era de Internet, las redes sociales han retomado esa compulsión por hacer inventario rápido de nuestras vidas a través de pulcras listas. Por ejemplo, durante una temporada, el cuestionario de Facebook 25 random things about me –25 cosas aleatorias sobre mí– se convirtió en una obsesión para cierta élite de jóvenes brillantes y ensimismados.” En Cuestionarios Proust, traducido por Virginia Collera, 101 personalidades reflexionan sobre el amor, la muerte, la felicidad y el significado de la vida. Si pudiera cambiar una única cosa de su familia, ¿qué elegiría? El diseñador de modas Giorgio Armani responde: “Como todos los italianos, adoro a mi familia pero a veces me gustaría tomarme un descanso y dejar de ser el ‘padrino’.” La actriz Annette Bening no duda a la hora de contestar cuál considera que es su gran logro: “Cruzar la ciudad conduciendo con una niña de cinco años que tiene sed, un niño de dos años y medio cabreado y una recién nacida que tiene hambre”.

En noviembre de 2002, el músico James Brown –fallecido en 2006– afirmaba que su lema era: “Vive el máximo tiempo posible y muere cuando no puedas evitarlo”. Sobre las palabras o frases de las que abusa, el actor Michael Caine cuenta que “siempre estoy diciendo ‘¿sabes a lo que me refiero?’ a la gente, porque donde me crié mucha gente nunca sabía a lo que me estaba refiriendo”. La misma pregunta lleva al director Martin Scorsese a reproducir una anécdota. “Utilizo demasiado la palabra ‘maravilloso’. La heredé del director de fotografía Michael Chapman. Durante el rodaje de Taxi Driver, revisando una toma, le pregunté: ‘¿Crees que está bien, con esto y esto?’. Y respondió: ‘Es maravilloso, no lo toques’. Y pensé que la palabra ‘maravilloso’ era una forma extraña de describir una toma de la miseria de la calle de una ciudad. Creo que disfruté de la expresión ‘maravilloso’. La usé demasiado desde 1975 y estoy tratando de reducir su uso.” ¿Qué talento le gustaría tener a la escritora Joan Didion? “Hablar con fluidez otros idiomas aparte del inglés. Me he resignado al hecho de que esto no pasará. Muchas cosas se interponen en el camino, entre ellas un terco miedo a perder el único y verdadero activo que tengo desde la infancia: la capacidad de juntar frases en inglés.” Ante la misma pregunta, el actor Paul Newman (1925-2008) afirmaba que le gustaría tener el talento “del gran piloto de Fórmula 1 Juan Manuel Fangio”.

En marzo de 1994, el poeta Allen Ginsberg contaba en qué ocasiones recurría a la mentira: “Para proteger a mis amigos de la vida pública que llevo por la poesía. La franqueza con uno mismo no requiere traicionar a los demás”. ¿Con qué personaje histórico se sentía más identificado el escritor Norman Mailer? “Hemingway. Su suicidio delataba los peligros ocultos de mi profesión.” ¿Cuál era la máxima expresión de la miseria para Lou Reed ? “Que te entreviste un periodista inglés”, respondía el músico en febrero de 1996. Yoko Ono consigue un record absoluto: la mayor cantidad de “yo” –cinco veces– como respuesta. ¿Qué o quién es el gran amor de su vida? “Yo, si fuera alta, delgada y tuviera los pechos pequeños.” ¿Quién es su héroe de ficción preferido? “Yo.” ¿Quiénes son sus héroes en la vida real? “Yo.” ¿Quiénes son sus escritores favoritos? “Yo, yo, yo y John, no necesariamente en ese orden.” ¿De qué palabras o frases abusa? “Yo.” ¿Cuál es la idea de la felicidad perfecta para el escritor Salman Rushdie? “La vida sin policías.” Acaso algunas de las respuestas del actor y ex gobernador de California Arnold Schwarzenegger sean las más “ingeniosas” y desconcertantes. ¿Cuál es su gran miedo? “Me aterroriza la depilación brasileña. Tuve una muy mala experiencia en 1978”, dice y luego revela su mayor extravagancia: “Soy una auténtica loca de los zapatos”. ¿Cuál es su gran pesar? “Mis únicos pesares surgen cuando un actor gana un Oscar por un papel que yo rechacé. Aunque sigo diciendo que yo no encajaba para Forrest Gump.” Cuestionarios Proust es un adictivo y endemoniado compendio de las pasiones humanas cuyo efecto de lectura podría ser el lema del cineasta Robert Altman : “Ríete y ríndete”.

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