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Domingo, 29 de junio de 2014

MUSICA › LEON GIECO Y LA MULTIPLICACION DEL PROYECTO MUNDO ALAS

“Estos artistas me dieron un sacudón que me vino muy bien”

El músico viene de presentarse junto a la pintora Antonella Semaán y al guitarrista Nahuel Pennisi en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, donde se proyectó la película. Recibieron invitaciones de muchos países y ahora sueñan con llegar a las escuelas argentinas.

Mundo Alas fue primero un concierto, con todo lo especial que puede tener un concierto en el Salón Blanco de la Casa Rosada, pero que podría haber quedado como uno más, entre tantos. Algo sin embargo en el germen de esa idea fue lo suficientemente potente como para transformar un simple concierto en una gira, un disco, un hermoso libro traducido al Braille –Cuento con Alas, de las musicoterapeutas Patricia Knopf y Silvina Mansilla–, una película, un documental para Canal Encuentro, una cantidad de presentaciones en la Argentina y el exterior. Así, Mundo Alas se fue mostrando como un gran proyecto multiplicado en muchos otros, que fue cosechando una cantidad de premios en todo el mundo. Y que fue transformando a sus integrantes y a quienes los escucharon, los leyeron o los vieron. Ahora, Mundo Alas llegó a las Naciones Unidas, como parte de la delegación argentina que participó de la Séptima Conferencia de los Estados Parte de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Y va por más: el sueño que sus integrantes imaginan de próximo cumplimiento es llegar a las escuelas de todo el país con este mensaje de arte e integración social.

La historia de Mundo Alas, el proyecto que reunió a León Gieco con otros artistas de diferentes disciplinas, fue como un paso a paso cuyos detalles resultan conmovedores. “Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?”, fue la frase de Frida Kahlo que sirvió como lema de los inicios. Lo que tienen en común los artistas que acompañan en esta oportunidad a Gieco, además de su talento para cantar, tocar un instrumento, componer, bailar o pintar, es que todos poseen diferentes discapacidades: Pancho Chévez, que no tiene brazos ni piernas –uno de los grandes artífices del proyecto– canta y toca la armónica, tiene su propia banda. El compositor, guitarrista y cantante Alejandro Davio nació con hidrocefalia congénita. El cantante Maxi Lemos tiene secuelas de una parálisis cerebral. La cantante Carina Espina es ciega, los chicos de la compañía de tango danza Amar tienen síndrome de Down, Demián Frontera baila en silla de ruedas, Antonella Semaán es una pintora sin manos. Ellos son sólo algunos de los integrantes de Mundo Alas. Semaán y el cantante y guitarrista ciego Nahuel Pe-nnisi acompañaron a Gieco a la sede de Naciones Unidas en Nueva York, donde se proyectó la película, se realizó una presentación y se habló de la importancia de este proyecto, que ahora seguirá multiplicándose con invitaciones de varios de los países que estuvieron allí representados.

Los tres artistas fueron convocados por la Comisión Nacional Asesora para la Integración de las Personas con Discapacidad (Conadis) para formar parte de la delegación argentina que participó de la Séptima Conferencia de los Estados Parte de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, celebrada en la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Allí se proyectó la película, y Gieco y Pennisi brindaron un recital, mientras Semaán pintaba con sus pies un retrato de Frida Kahlo. Antes de esta presentación, Mundo Alas recibió halagos varios. El que más impactó fue el del ex vicepresidente de Ecuador Lenín Moreno, quien perdió la movilidad de sus piernas tras recibir un disparo durante un asalto, y con el tiempo se transformó en un referente y militante en materia de derechos de las personas con discapacidad. “León, qué hermoso que has emprendido esta tarea de amor”, le dijo a Gieco. “Mientras me conducían para hablar aquí trataba de encontrar un origen a esas alas que has ido creando con amor, entusiasmo, empeño. Recordé lo que hace decir que Verni, en su ópera Nabucco, al coro de los judíos recluidos en el cautiverio y la esclavitud: ellos empiezan cantando ‘vuela, pensamiento, con tus alas doradas’. Eso es lo que has hecho tú, hiciste que vuelen pensamientos con alas doradas. Qué maravilloso que el gran artista vaya de la mano del sentimiento más noble que tiene el ser humano, el de la solidaridad”, agradeció.

“Este discurso de Moreno, y el hecho mismo de que se haya pasado en la ONU, son dos de los grandes premios que recibió la película, entre los tantos que tuvo en tantos festivales”, dice Gieco en diálogo con Página/12 repasando lo vivido. “Ahora fui invitado a más de veinte países para tocar y llevar la película, para llevar este mensaje. Nos invitaron de Arabia, Haití, Costa Rica, Dinamarca.. . Cuando vieron Mundo Alas causó mucha sensación porque es una película que habla, fundamentalmente, del amor”, dice. Gieco define su tarea como la de “un puente” para la concreción de proyectos y, cuando se remonta a los orígenes de Mundo Alas, aclara que no fue una idea suya.

–¿De quién, entonces?

–Mi vida siempre fue igual: yo a las cosas las veo pasar, pasan y yo miro, pero cuando veo que hay algo interesante, intervengo, actúo como puente para llevar adelante una serie de otras cosas. Así me pasó con De Ushuaia a la Quiaca, en aquel momento me sentí un puente para mostrarle a la juventud cuáles eran nuestros maestros. Acá la vi venir, ¡me recibí de puente! (risas). Pero la idea no sale de mí, o en todo caso, yo soy uno más de los que gestaron todo esto. A mi escenario siempre vienen muchos chicos a pedir tocar, a mí me gusta darles ese espacio, y algunos son artistas discapacitados. Hasta que pasó lo de Pancho (Chévez), que dijo que quería tocar para Néstor Kirchner en la Casa de Gobierno, a él se le ocurrió. ¡Y terminó llamándome Néstor Kirchner para que tocara con Pancho y que sumara a otros chicos con discapacidades! Así nació Un Salón Blanco diferente, y eso produjo tal sensación, que en aquel momento vino Jorge Alvarez a decirme: nos debemos una película sobre discapacidad en el Incaa. Y así surgió esta road movie, la película sobre la gira de Mundo Alas.

–¿Y por qué lo eligieron como proyecto para llevar a Naciones Unidas, qué le dijeron?

–Argentina y Filipinas fueron los únicos países que llevaron un espectáculo artístico, el de ellos era de música clásica, cantaban personas con discapacidad. Fue una apuesta de los argentinos, que somos medio así: queremos mostrar esto, veamos cómo lo hacemos, vamos. Yo les hice un proyecto, y fui. Nadie cobró nada, esto quiero aclararlo para los imbéciles que creen que vivimos de la billetera de la Presidenta. Lo hicimos totalmente gratis, porque creemos que la película se merecía este espacio, y que puede aportar algo con su mensaje.

–¿Cuál fue la devolución que recibieron en Naciones Unidas?

–En principio, ya hay más de quince países que quieren que vayamos a mostrar la película. Esa posibilidad siempre está, como hicimos en Chile, o en México, donde Pancho fue a tocar, o en Uruguay, donde vimos la película con el presidente Mujica. “Sería bueno que te hagas un Mundo Alas en Uruguay”, me dijo él. En Ecuador, con el presidente Correa pasó lo mismo, él estaba muy interesado en trabajar desde el lado del arte el tema de las personas discapacitadas.

–Usted habla de personas discapacitadas, no con capacidades especiales.

–Son personas con discapacidad, eso me lo enseñó Demián. En la Conadis tampoco hablan de capacidades especiales, porque todo el mundo tiene capacidades especiales, todos somos especiales.

–En todos estos años, ¿qué otras cosas le enseñó Mundo Alas?

–Yo aprendí a ser otra persona. Tengo mucha más paciencia para todo. Estos artistas me hicieron adorar la vida, me hicieron entender que no tengo que quejarme de nada, que los problemas son otros. En lo humano, me hicieron más responsable, me dieron un sacudón que me vino muy bien. En lo profesional, sin dudas la película y las actuaciones también fueron un gran crecimiento.

–Usted se define como un puente para lograr cosas. ¿Esa es su búsqueda artística?

–Sí, claro. Yo soy muy agradecido de todo lo que me pasó, de lo bien que me fue en mi carrera, hoy tengo que ser un puente. Si no, ¿para qué hago todo esto? Tengo a mis maestros, Pete Seeger, por ejemplo, él me enseñó mucho. Vino a tocar en la última época de Alfonsín, las entradas costaban un dólar y había tan poco dinero en el país que la recaudación que quedó fue muy poca, 700, 800 dólares. Y no quiso plata para él. Se estaba yendo a Nicaragua y le dije: “Bueno, llévense este dinero, dónenlo a un hospital de Nicaragua, que está en plena revolución”. Al poco tiempo recibí una carta suya, con una hoja de un árbol. El me ponía: es de un árbol del hospital, es el recibo que te mando para que sepas que entregué el dinero. Hermosa su actitud, muy poética. Pasaron unos años y el volvió a la Argentina, vino a tocar a un par de universidades. Lo fui a ver y le dije: “Organicemos una gira por Argentina, ahora sí le puedo pagar”. Y él me dijo: “No, León, hace como diez años que yo no cobro más mis actuaciones. Saqué la cuenta y con lo que tengo en el banco me alcanza para vivir hasta los 95 años. Así que dejé de cobrar, sólo actúo gratis, solidariamente”. Fue el único artista que me dijo algo así y me tocó una fibra de que yo puedo llegar a ser como él en algún momento. Esa es mi idea de aquí a unos años, dedicarme a hacer sólo tareas solidarias. Es mucho más lindo que tocar profesionalmente, uno se siente útil cuando hace algo por alguien. Y mucho más divertido que ponerse a competir cobrando una entrada determinada. Pete la hizo de goma: calculó hasta los 95 y se murió a los 94 y medio. ¡Yo por las dudas voy a hacer el cálculo hasta los 105! (risas).

–Se lo nota enojado cuando dice que hay quienes creen que vive de la billetera de la Presidenta. ¿Pasó algo?

–Me harté de los perros de Internet, de esa comunidad digital que es una cloaca. Yo me siento perseguido por esa comunidad digital, se la agarran siempre conmigo. La tele les da letra, y desde el anonimato te dicen de todo. La última actuación que hice para el Gobierno fue el Día de la Democracia, fui uno de los que no cobraron para actuar ahí. Cuando lo pasaban por TN, repartían la pantalla: de un lado mi actuación, del otro imágenes de la malaria que se pasaba en San Miguel. Lo más liviano que me dijeron fue: te vamos a colgar en la plaza de Tucumán. Y lo más gracioso es que yo nunca le cobré a este gobierno. La única vez que cobré, fue aquella del viaje a la feria de Zaragoza, 130 mil pesos que fueron los gastos que provocó mi banda de doce personas, con viaje, viáticos, alojamiento y cachet. Y salieron Marcelo Bonelli y Gustavo Sylvestre a mostrar la factura diciendo: miren lo que cobró León Gieco. De Bonelli no tengo ninguna duda de que es un tipo que se pone contento. Sylvestre me dio pena, no entiendo cómo alguien puede ser tan falso: me había saludado con tanta simpatía unos días antes en el casamiento de María, la mujer que cuidaba a Mercedes Sosa, y cuando tuvo que ser un perro rabioso mandado por Clarín a mostrar una factura, con mi dirección y todo, no dudó un segundo. No chequeó tampoco, no preguntó de qué se trataba. Son gente que han hecho mucho daño, no sólo a mí. Y le han dado letra falsa a esa cloaca que al día de hoy me sigue atacando sin dar la cara.

–De todos modos, los artistas cobran para actuar, ese es su trabajo, ¿cuál sería el problema?

–No estoy en desacuerdo para nada, sólo quiero contar que, en mi caso, yo nunca cobré, siempre fue así. Desde el primer concierto que hice para Néstor Kirchner, el primer 9 de julio después de que ganó las elecciones. El me llamó personalmente porque habíamos estado con Fito Páez en el programa de Susana Giménez, y yo había dicho que lo había votado y que me parecía que iba a ganar las elecciones. Después de que asumió él me llamó y me dijo: Leoncito, yo estaba viendo ese programa, si vos creés en mí, yo no te voy a decepcionar. Esta es una opción personal, yo siempre elegí no cobrar esas actuaciones, ni aquella primera ni ninguna. En definitiva, lo que les jode es que uno tenga convicciones. Por eso están al acecho los perros de Clarín, en su momento fueron Sylvestre y Bonelli, pero siempre hay alguno dispuesto a hacer la tarea.

–Volviendo a Mundo Alas: ya llegó a las Naciones Unidas, próximamente llegará a muchos países con todas las invitaciones que se abrieron. ¿A dónde le falta llegar?

–A las escuelas. Eso sería importantísimo, sería el mayor logro. Sería genial que la película, el disco y el libro pudieran repartirse gratuitamente en los colegios, desde ahí hay que trabajar respecto de aprender de discapacidades y a no discriminar. Lo que pasa con la peli es genial: una de las chicas que bailan tango estaba en un colegio con integración. A ella los chicos la cargaban, no la discriminaban, pero sí recibía cargadas. Hasta que los invitó a todos a ver la película ¡y pasó a ser la diosa del grado! Por eso estoy seguro de que en el grado va a servir de mucho. Ese tiene que ser el próximo paso.

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León junto a Antonella Semaán y Nahuel Pennisi en Nueva York. Un mensaje de arte e integración social.
 
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