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Lunes, 25 de julio de 2016

CULTURA › BIENAL INTERNACIONAL DE ESCULTURAS DE CHACO

El abrazo del arte y la fiesta popular

Durante siete días, unas 250 mil personas disfrutaron de este encuentro que ya es un clásico de la ciudad de Resistencia. En la tercera bienal más importante del mundo –después de las de Venecia y San Pablo– hubo también música, danza y otras disciplinas artísticas.

 Por Sergio Sánchez

Desde Resistencia, Chaco

La Bienal Internacional de Esculturas de Chaco no es un hecho aislado que sucede cada dos años. Es el evento cultural más importante, la cara visible, de una ciudad en la que la relación entre la comunidad y las expresiones artísticas goza de muy buena salud durante todo el año. En este caso particular, hay una especial familiaridad con el arte escultórico. Es que a lo largo y lo ancho de la ciudad , quienes costruyeron un genuino sentido de pertenencia con las obras y se apropiaron de este modo de creación artística que ya forma parte del patrimonio cultural. La Bienal es una gran muestra cultural que, por sus características (gratuidad, diversidad, calidad artística), recuerda a la vieja Tecnópolis, sobre todo por su alcance popular. “Sin dudas, no se trabaja dos años en vano. Es una gran responsabilidad trabajar para la tercera bienal de esculturas más importante del mundo (después de las de Venecia y San Pablo). Estamos viviendo cómo la gente se apasiona por el arte, estamos rompiendo ése mito de que el arte es elitista. Nosotros trabajamos para hacer del arte un bien de todos. Si no viniera toda esta gente, no sería un éxito”, dice conmovido Fabriciano Gómez, escultor de 83 años y cabeza de la Fundación Urunday, principal institución organizadora junto al gobierno provincial. Sus palabras coindicen con los hechos. Durante los siete días que dura el evento, pasaron alrededor de 250 mil personas por el Museum, un predio abierto de 14.500 m2 que abarca el Domo del Centenario, el Parque 2 de Febrero y la costanera del Río Negro.

“Aquí tenemos escultores internacionales, argentinos, originarios, maestros artesanos; la propuesta apunta fundamentalmente al espíritu, por eso le pedimos a los artistas que nos traigan un mensaje sobre la posibilidad que tenemos desde el Chaco de decirle al mundo que intentemos encontrar equilibrio, armonía, amor y esperanza”, dice Fabriciano, mientras reparte besos y abrazos a cada paso. Es muy querido por los chaqueños, quienes le reconocen su humildad y su valioso aporte cultural. El lema de este año fue Equilibrium y todas las obras giraron en torno a ése concepto. Se inscribieron 182 escultores de 46 países, pero solo once privilegiados fueron seleccionados para competir. Y, claro, hubo un ganador: Qian Sihua, de China, se llevó el primer premio elegido por el jurado, con su obra Para siempre, que remite a una idea ancestral de su cultura sobre el equilibrio entre el cielo y la tierra. El segundo lugar fue para Viktar Kopach de Bielorrusia y el tercero para la obra Caída en el amor, de Hiroyuki Asakawa de Japón. Y hubo tres premiaciones más. Los niños eligieron al argentino Néstor Vildoza, por su obra “La loca del muelle”; el púbico optó por la obra Ecuanimidad de ánimo, de la escultora Pascale Archambault de Canadá, y entre los escultures eligieron a Qian Sihua y a Milton Estrella de Ecuador. Como ya es un clásico, durante la ceremonia de cierre –el sábado– se anunció el eje conceptual de la próxima Bienal: Identidad en movimiento. El encuentro se realizará entre el 21 y 28 de julio de 2018, ocasión en la que cumplirá 30 años. Un impactante juego de luces y lásers sorprendió a las más de 60 mil personas que participaron de la jornada de cierre.

La Bienal tiene algunas particularidades que la hacen original, poco convencional y distinta en relación a eventos de su especie. En principio, es notable el arraigo popular: asisten al encuentro personas de todas las edades, clases sociales y gustos estéticos. Y no solo porque su entrada es libre y gratuita, sino porque se trata de una propuesta que excede el universo de la escultura y se abre a otros lenguajes y disciplinas artísticas. Durante el encuentro, el foco también estuvo puesto en los escenarios de música, de artes escénicas (hubo intervenciones espontáneas de danza por todo el predio, por ejemplo), la feria de artesanias, el patio de comidas autóctonas (no faltó, claro, el mate y el chipá), stands comerciales y otras atracciones. Entre todas las actividades que se realizaron, el Ministerio de Cultura de la Nación estuvo presente con la Orquesta Sinfónica Nacional y el Ballet Folklórico Nacional. Fue interesante la participación, también, del Coro Qom Chelaalapi.

En uno de los escenarios de música, la banda Tierra Verde hizo bailar a grandes y chicos con canciones que hablaban sobre la fauna y la flora autóctonas, la importancia de la alimentación saludable y el cuidado de los recursos naturales, como el agua. “Con los años, fuimos aprendiendo que la Bienal nucleaba no solo a artistas plásticos, sino a un montón de otras disciplinas. Siempre tímidamente se fueron haciendo recitales y actividades paralelas, pero este fue el año que mayor interés se le puso a las otras artes”, resalta a Página/12 el chaqueño Sebastián Ibarra, guitarrista y uno de los cantantes de la banda que combina música, teatro y artes visuales. “Creemos profundamente que mostrar a toda la gente, que viene de muchos lugares, las propuestas y la diversidad que tenemos como provincia es buenísimo. En este proyecto para chicos tratamos de fortalecer la magia de este lugar, del Litoral, y participar de la Bienal tiene mucho que ver con lo que hacemos”, se explaya Ibarra, quien comparte la banda con Esteban Peón, Mauro Siri, Guido Scherf y Julián Matta. “Todos los chaqueños nos sentimos identificados con este encuentro”, cierra.

La competencia principal sucedía en tiempo real y a la vista de todos. El espacio en donde los escultores internacionales desarrollaban sus obras en mármol travertino era el más visitado. El público se acercaba a ellos, se sacaba fotos y les hacía preguntas como si fueran verdaderas celebridades. Una mezcla de admiración y agradecimiento prevalecía en las charlas entre ellos. No es menor que las obras luego sean donadas a la provincia. “Me encanta trabajar al aire libre porque puedo explicar mi arte, responder preguntas e interactuar con el público. Está muy bueno que el festival sea para la ciudad. Es una oportunidad también para compartir con otras culturas”, dijo el simpático Qian Sihua, un día antes de saber que su obra resultaría ser la ganadora. A pocos metros de ahí, una enorme escultura de arena, a cargo de Diego Arce, de Bariloche, era lo primero que llamaba la atención a los niños y niñas que ingresaban al predio. Otra escultura que no pasó inadvertida fue la araña gigante tejida con totora, creada por el chaqueño Víctor Ricardone. Y también impactaban las obras en madera de las escuelas de bellas artes de todo el país –en la próxima bienal, se extenderá a Latinoamérica–, en el marco del premio Desafío.

“A medida que pasan las bienales, la votación del público encuentra más coincidencias con la del jurado”, cuentan los organizadores. “Esta es una bienal inusual en el mundo, porque es una fiesta popular, un logro fabuloso. Cuesta mucho que un pueblo se integre a una actividad vinculada con la escultura, porque es una expresión ignorada en muchas sociedades, incluyendo los países pequeños como el mío”, reconoce el escultor costarricense Aquiles Jiménez, miembro del jurado. “Es una experiencia muy linda, porque nosotros no somos críticos, somos pares y nos involucramos en el proyecto”, dice otro integrante del jurado, el uruguayo Diego Santurio. “Este es uno de los pocos lugares en donde a los artistas se los trata como tales, desde el momento que se redactan las bases y se consideran los premios. En otras competencias o simposios del mundo participás y te venís con la sensación de que el organizador se quedó con diez obras al costo de una. Y eso es una carga muy pesada. En este lugar no pasa eso, todo lo contrario, sobre todo porque está organizado por artistas”, distingue Santurio, bajo un sol radiante litoraleño.

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Qian Sihua, de China, se llevó el primer premio elegido por el jurado, con su obra Para siempre.
Imagen: Gentileza Bienal
 
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