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Viernes, 7 de octubre de 2016

HISTORIETA  › LA REVISTA FIERRO CELEBRA DIEZ AÑOS EN LOS KIOSCOS

Una fiesta de nueve mil páginas de historieta y humor gráfico

La publicación fundamental en el reverdecer de las viñetas argentinas dedica por completo su número aniversario a repasar la obra de una de sus grandes figuras, el recientemente fallecido Carlos Nine. Aparece mañana con Página/12.

Los números redondos y los aniversarios parecen obligar al balance. Como si un proyecto artístico se saldara con una columna de debe y otra de haber. Como si diez años de presencia ininterrumpida en los kioscos no fueran motivo suficiente para el brindis. Porque la edición de Fierro que mañana acompañará a Página/12 es justamente eso: una celebración por partida doble. Porque la publicación cumple una década de vida y porque lo hace dedicándole por entero el número a una de sus figuras: el recientemente fallecido Carlos Nine.

“Diez años” se dice fácil. Sostenerlo es todo otro cantar. O mejor, todo otro dibujo. Discutir, comparar y patalear en torno a esta “nueva” etapa de la revista o la clásica de los ‘80 ya es un ejercicio fútil, por decirlo finamente. “Esta” Fierro ya es mucho más longeva que su predecesora, y si la anterior publicó a las glorias de su generación, ésta lo hizo con las actuales figuras del ambiente. Esos que, sin dudas, en treinta años serán reconocidos por todos como “los grandes maestros que se disfrutaba leer en la revista”. ¿O acaso no les depara un destino semejante a los Lucas Varela, los Gustavo Sala, los Fernando Calvi, los Salvador Sanz, los Ignacio Minaverry y tantos otros habitués de sus páginas. ¿O acaso muchos no dicen “llegué” cuando publican allí?

En sus propias páginas, la revista publicó –literalmente– a cientos de autores. Y aproximadamente unas 9 mil páginas de historieta, humor gráfico y reflexiones sobre este lenguaje. Y con una variedad estilística imposible de abordar si no es, justamente, a lo largo de una década de publicación periódica. Ninguna otra revista de las que surgieron, cayeron o se mantuvieron en estos años, puede exhibir la diversidad de autores, de estilos, de temas narrados y de formas de entender la historieta. Tuvo, por si eso no alcanzara, hasta su propia pequeña colección de libros recopilatorios de clásicos nacionales.

Además, en estos diez años Fierro posibilitó muchas otras publicaciones que difícilmente existirían de no ser por ella. Cuando celebraba su número 100, hace casi dos años, se podían contar 31 libros que recopilaban sus historias. Algunos de ellos agotados y reeditados, otros premiados, otros publicados primero en la revista y luego en el exterior. Incluso una, El hipnotizador, de Pablo de Santis y Juan Sáenz Valiente, llegó a HBO Latinoamérica. Hoy la cuenta ronda las cuatro decenas y sigue en aumento.

Más allá de su condición de fuente para otras publicaciones y de su sistemática aparición en los kioscos, Fierro es una revista difícil de clasificar. Tiene, claro, sus etapas. Sus comienzos bien pegada a la anterior, recuperando historietistas consagrados, su lenta evolución hacia el predominio de autores sub 40, su estabilización en una juiciosa mixtura entre relatos “con continuará” –como gusta decir su director Juan Sasturain–, las entregas autoconclusivas y el humor, con algunas pinceladas de texto aquí y allá, la ruptura de estos moldes más tarde, la alternancia entre sus sub-suplementos Picado Fino y Picado Grueso, y las revistas temáticas que incluyen, de un saque, todo un libro publicado en el exterior, de autores nacionales consagrados, a precio accesibilísimo. Ahí están los de Trillo y Mandrafina, para corroborarlo.

Y así está, claro, este mismo número, enfocado en la obra de Carlos Nine. A diferencia de otros lanzamientos temáticos, esta vez la revista pica un poco la larga trayectoria de Nine en el dibujo. Para ello, su jefe de redacción Lautaro Ortiz colaboró estrechamente con Lucas Nine, hijo de Carlos y colaborador habitual de la publicación. Es el propio Lucas el que cuenta que para la ocasión se decidió “publicar historietas cortas y autoconclusivas” que incluyen un capítulo totalmente redibujado (Nine padre era de redibujar sus trabajos) de la versión francesa Keko el Mago, algunos fragmentos de Crimen y castigo y ¡Oh, mierda, los conejos! en su totalidad. “La idea era mostrar por lo menos parte de la variedad de estilos y enfoques a los que Carlos, como buen experimentador que era, sometió a la historieta durante todos estos años”, explica el joven Nine. Es que su padre era un inconformista que rompía sus juguetes gráficos en cuanto se sospechaba demasiado cómodo con ellos. Era un reflejo que le permitía seguir creciendo como autor e ilustrador incluso largo tiempo después de encontrar un estilo propio y reconocible. “Sabemos que era un virtuoso y todo eso, se nota en cada página de su trabajo, pero viendo semejante despliegue reunido en un volumen, se aprecia también la curiosidad que tenía por estudiar los mecanismos del juguete que tenía entre manos”, considera el muchacho.

Cuando se observa la obra de Nine y se corrobora cuán poco de esa vasta producción está publicada en el país, aumenta el valor (en el doble sentido del término) de otorgarle la exclusividad para este número aniversario. Su producción mayoritariamente para el mercado francobelga, que adoró siempre su trabajo, no quita la dimensión profundamente argentina de la obra de Nine. Su hijo, incluso, no duda en calificarla de “política” cuando se le consulta al respecto. “El lector atento podrá notar cierta dimensión política que había en todo lo que hacía: estas historietas fueron producidas en parte para Francia (y publicadas todas en ese país), y, sin embargo, guión y dibujos distan de lo que se podría llamar ‘el gusto francés’, de las regulaciones que se supone debería cumplir un autor cualquiera para poder colarse en ese mercado, más bien todo lo contrario”, señala. “Es un caso único de imperialismo argentino”, sugiere.

Entre el material incluido en este número hay un capítulo de Tropikal Mambo, el último libro de Carlos. Al respecto, Lucas cuenta que “ese capítulo adapta (en una versión totalmente nueva) la primera historieta que él publicó en el año 1982 en la revista Humor”. Se trata de “El crimen no paga”, y aquí viene precedida por una nota del especialista Franco Dell Imagine. El, cuenta Lucas Nine, solía acompañar con sus artículos muchos de los libros que Carlos publicaba fronteras afuera. “Él encontró significativo que la misma historieta abriera y cerrara su carrera como narrador y se explaya sobre eso”, destaca el joven.

Es que, más allá del prólogo en verso con el que se florea Sasturain para este número, el de Dell Imagine es el único texto de la ocasión. El investigador se permite un acercamiento reflexivo y a la vez ameno a la obra de Nine y es el propio Lucas quien celebra su participación. “Espero que mis aspectos personales o familiares no influyeran demasiado en el armado del número –dice–; por suerte, la prosa serena de Franco estaba disponible para librarnos de este tipo de peligros”.

Diez años. Nueve mil páginas. Cuarenta libros. Lectores sorprendidos en los kioscos. ¿Cabe duda del lugar fundamental de la Fierro en el reverdecer de la historieta argentina?

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