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Domingo, 22 de febrero de 2009

RAJ PATEL Y SU IMPLACABLE CRITICA AL MUNDO DEL CONSUMO

“La libertad de comprar es completamente ilusoria”

El inglés, que fue funcionario del FMI, milita con lúcidos ensayos contra las consignas de La transnacional alimentaria. “La clase de globalización por la que abogo rescata a los movimientos sociales”, afirma.

 Por Julián Gorodischer

Raj Patel es considerado un “loco peligroso” por las corporaciones de alimentos. Su cañón apunta a lo que considera “la injusta cadena alimentaria transnacional”; atribuye al proceso de producción y venta –desde la fábrica al supermercado– el poder de alienar a piacere al individuo. Es ese tipo de crítico-activista que concibe una intervención más allá de la interpretación; su prédica, inspirada en la denuncia teórica posterior a No logo, de Naomi Klein, crece por su condición de arrepentido: vio la circulación del dinero desde adentro del FMI y el Banco Mundial –como empleado–, lo irritó la concentración desigual de la tierra y la reducción a servidumbre del productor agropecuario, milita finalmente como activista globalifóbico, y es definido por la musa Naomi como “una mente brillante”.

Desautomatizarse,
¿pero cómo?

Patel no deja resquicio de la cotidianidad sin cuestionar (desde llenar el changuito a la sobremesa frente al tótem-televisor), que se enjuicie el mundo próximo y tangible (ingerible) situando el eje de dominación en las fauces del sujeto. Si No logo atribuía la domesticación del yo al accionar violento de las corporaciones (véase Nike explotando obreros en sus talleres asiáticos), Obesos y famélicos analiza mecanismos más sutiles que involucran un adoctrinamiento pacífico. ¿Los alienados? Somos consumidores perdidos entre las góndolas, a quien el autor de Obesos y famélicos propone enrarecerles el hábitat. ¿Qué intentan decirnos con ésa y no otra música ambiental, con ésa y no otra disposición espacial en laberinto de pasillos tan vigilados como cualquier panóptico contemporáneo (desde una prisión a un reality)?

Hay menos intención de estudiar conductas de consumo que de derribar un sistema de dominación. Estados Unidos fomenta la misma obesidad cuyo tratamiento financia el sistema de salud, dirá Patel. La abundancia de alimentos y el hambre comparten, muchas veces, zonas de influencia, explica. “Las compañías les dan forma a nuestras opciones y la libertad que tenemos cuando compramos es completamente ilusoria”, explica a Página/12. El consigue desnaturalizar rutinas masivas; su lectura ofrece una liberación mucho más allá del cliché de estudiar “las etiquetas” con detenimiento para encontrarle grasa y azúcares a lo diet; sus preguntas cobran una dimensión existencial.

Las preguntas de Patel

¿Es “lo que comemos” una zona usurpada al libre albedrío?

¿Construyen las marcas, además de un logo, cosmovisión del mundo?

¿Son enemigas del sentido de realidad?

¿Somos cómplices de la desigual distribución del empleo a través del consumo?

¿Avalamos lo tóxico detrás de un envoltorio bello?

Las respuestas aportadas no son resultado del maniqueísmo; la ligazón entre la publicidad y la anorexia en territorios antes vírgenes de TV occidental involucra siempre encuestas, estudios numéricos, confesiones de parte, análisis de mercado. Raj Patel da testimonio de su iluminación, de su paso a la resistencia, de su apasionamiento...

“Siempre había sospechado de las actividades de organizaciones como el Banco Mundial o el FMI, pero sentí que era importante entender por qué se comportaban del modo en que lo hacían –señala–. y entonces conseguí un trabajo en el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Fui consultor del Banco durante un mes, porque uno de mis profesores del doctorado de Economía me mandó en préstamo. Trabajé en la Organización Mundial del Comercio como becario sin sueldo. La clase de globalización por la que abogo –asume– no es la que propone el Banco Mundial, sino que tiene que ver con movimientos sociales internacionales como Vía Campesina. Es una globalización que aprende, comparte y lucha por los derechos humanos...”

Manual de resistencia

–¿Por qué no tenemos control sobre lo que comemos?

–Las compañías les dan forma a nuestras opciones y la libertad que tenemos cuando compramos es bastante ilusoria. Es como que nos pidan que saquemos una carta de un mazo en el que todas las cartas son iguales.

–¿Por qué no elegimos cuando compramos?

–Tenemos el disfrute de la “elección”, pero nuestras opciones ya fueron limitadas por la industria alimentaria. En Estados Unidos, si querés desayunar cereales, podés elegir entre cientos de clases. Pero si querés comida fresca de tu zona, cultivada de manera segura y con respeto por los derechos de los trabajadores, va a resultarte virtualmente imposible conseguirla. Este es un problema de políticas, planeamiento urbano y concentración de poder económico en el sistema alimentario.

–¿En qué se basan nuestras decisiones de consumo?

–La industria alimentaria gasta millones de dólares haciendo marketing de sus productos poco sanos. En todo el mundo, por cada dólar que se gasta en promocionar comida buena para el hombre, 500 se gastan en promocionar comida chatarra. Es por eso que hoy la “M” de McDonald’s es más reconocida que la cruz cristiana.

–¿Qué poder tiene “la marca” sobre nosotros?

–El antropólogo Claude Lévi-Strauss dijo una vez que “antes de que algo sea agradable de comer, debe serlo pensar en ello”. Es por eso que se gasta tanto dinero en persuadirnos de pensar acerca de ciertas clases de comida. Este es un problema cultural que necesitará de un gran esfuerzo para combatirlo. Ya hay algunos gobiernos que ponen freno a la publicidad de comida chatarra dirigida a los niños a causa de los efectos nocivos para la salud, pero creo que será necesaria una revolución en la mesa para que podamos reclamar adecuadamente que las compañías alimentarias nos devuelvan nuestros gustos.

–¿Quiénes somos los más perjudicados?

–Las más afectados por la crisis alimentaria, ya sea en Noruega o en Zimbabwe, son las mujeres. Las adultas y las niñas son al menos el 60 por ciento de las más afectadas, según estimaciones recientes, aunque las mujeres son las responsables del desarrollo de la mayor parte de la comida que se consume en países en desarrollo. Esta injusticia, que continúa, prácticamente no ha recibido atención de los medios.

–¿Qué simbolizan hoy McDonald’s, Starbucks y Coca-Cola?

–En el pasado, los gigantes del sistema alimentario eran las compañías de comercio de granos, corporaciones como East India Company, Dreyfus, Bunge & Born. Aunque varias de esas compañías todavía existen, los nuevos gigantes del sistema alimentario en el Siglo XX fueron marcas de consumo como Coca-Cola, que todavía ejerce un tremendo poder en modelar las opciones alimentarias. Pero los reales gigantes del sistema alimentario actual son los supermercados.

Y entonces llegó Wal-Mart...

“Hoy –dice Patel– en primer lugar está Wal-Mart, el mercado más grande del mundo. Son una operación multibillonaria, con 175 millones de clientes en 14 países. Ellos tienen la segunda computadora más grande del mundo, detrás de la del Pentágono, y la usan para manejar la logística y analizar los gustos de los consumidores. Y son el objeto de algunos de los juicios laborales más grandes en la historia legal de Estados Unidos. Pero Wal-Mart no es el único gigante, de todos modos. Compañías como Ahold, Tesco y Carrefour también están tomando por asalto el planeta...”

–¿Cómo modificó Wal-Mart la cadena alimentaria?

–Las consecuencias de su llegada es la destrucción del pequeño negocio local, pero también una baja en los precios para los granjeros: como compran en cantidades enormes, efectivamente pueden darle forma al mercado. Estos son los nuevos titanes del sistema alimentario. Y aunque se nos ofrecen como emporios de la elección y la libertad, los supermercados están entre los espacios más monitoreados e inspeccionados del mundo, desde la geografía de los locales (la leche siempre está en el fondo de los supermercados, por ejemplo) hasta la calibración de la música y el aroma en el aire para hacernos comprar más mercadería. En otras palabras, aunque ofrecen “opciones”, en realidad hacen todo lo posible para que dependamos en lo opuesto, el instinto.

–¿Hay más “víctimas”?

–Una de las ideas principales de Obesos y famélicos está en el título: que el sistema de producción alimentaria actual no sólo lastima a la gente famélica de las áreas rurales. También lastima a la gente de áreas urbanas, particularmente a través de las consecuencias de la dieta occidental moderna. La India, por ejemplo, ha sido profundamente golpeada tanto por la moderna economía agrícola liberal como por la dieta occidental. El resultado es que el país tiene una de las tasas de desnutrición más altas de la Tierra y también el número más alto de personas con diabetes tipo II.

–Y con la depresión global, ¿cómo se agrava el cuadro?

–Es muy aplicable el argumento de Naomi Klein sobre el capitalismo de desastre que hace en su libro La doctrina de shock. La actual crisis alimentaria ha probado ser una oportunidad para que algunas de las más poderosas fuerzas corporativas y gubernamentales avancen con sus propios intereses. Por eso, en el reciente World Food Summit en Roma y el G-8 en Japón vimos a los líderes mundiales argumentar que la crisis alimentaria sólo podía ser arreglada con más liberalización de la agricultura. O sea, más de la misma doctrina que nos llevó hasta esta crisis, administrada por la misma gente que tiene un record en desastres. La crisis actual golpea donde sea que haya pobreza.

Traducción: Roque Casciero.

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El supermercado es la “unidad esencial” de la inducción a cargo de las corporaciones de alimentos.
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