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Viernes, 27 de febrero de 2009

DIEGO AGRIMBAU, GUIONISTA GANADOR DEL PLANETA D’AGOSTINI

“Es ciencia ficción llevada al grotesco de la Argentina”

En el comic premiado en España, los habitantes de un planeta reventado por la crisis sueñan con irse a Europa, no el continente, sino el satélite de Júpiter. Agrimbau vive en Buenos Aires, su socio Gabriel Ippóliti dibuja desde Funes, Santa Fe.

 Por Andrés Valenzuela

Empezó, como otros de su generación, haciendo fanzines. Soñaba con publicar en Europa. Tras la crisis de 2001, presentó en el Viejo Mundo el libro colectivo Carne Argentina sobre los acontecimientos de ese diciembre. En 2006, ganó junto al dibujante Gabriel Ippóliti el premio a mejor historieta en el festival de ciencia ficción Utopiales, de Nantes, Francia, por La burbuja de Bertold. A fines de 2008, la crítica local aplaudió sus originales soluciones formales en Afasia, una historia publicada en la revista Fierro. Y comenzado 2009, un jurado con artistas de la talla de Juan Giménez decidió que otra vez su dupla con Ippóliti merecía un premio. Entonces el guionista Diego Agrimbau supo que habían ganado el Primer Premio Internacional Planeta D’Agostini, que otorga esa división de la prestigiosa editorial. O sea: ganaron el equivalente del Premio Planeta de literatura, pero para el comic: 20.000 euros y la publicación del trabajo.

Semejante distinción no pasó inadvertida en la Argentina: al discreto revuelo mediático lo siguió la algarabía en el ambiente local y la alegría de su último editor argentino, que –rápido de reflejos– ya informó que relanzará El Asco, una producción de Agrimbau y el dibujante Dante Ginevra con el lindo cartelito de “Ganador del Premio Planeta”.

Agrimbau recibe a Página/12 en su estudio, un departamento que –confiesa con cierto pudor– espera ansioso el adelanto del premio para poder recibir algunos arreglos. Su compadre Ippóliti vive en Funes, Santa Fe, a un modem o un llamado telefónico de distancia y conversará luego con el diario (ver recuadro). Ambos cuentan que la idea de Planeta Extra, la historia con la que subyugaron al jurado español pero que no había convencido a un editor francés, “nació en París, durante un viaje que hicimos por otro premio (el de Utopiales), de ver cómo vivían muchos de los amigos argentinos exiliados por la crisis económica, cómo se acostumbraban a la buena vida y a los implementos electrónicos del Primer Mundo”. La otra pata de la inspiración surgió de contrastar la mirada europea sobre la ciencia ficción con la propia. “Los tipos hablan de utopías –señala Agrimbau–. Cualquier tipo de proyección, urbanización, cultura del espacio público, todo lo hacen gigante, hermoso y organizadísimo... así es París, así es Francia y así es la ciencia ficción de los tipos, ¡y la Argentina es tan diferente!”

El siguiente paso lógico fue pensar una ciencia ficción que les resultara reconocible, “llevarla a un argentinismo del grotesco criollo, tipo serie de Adrián Suar o película de Adolfo Aristarain. Empezamos a hablar de un camión que vuela, fleteros que van volando y ahí entroncó con la idea del exilio, que es toda la gente que se va a Europa, pero no el continente sino la luna de Júpiter”. Porque la Tierra, en Planeta Extra, no sólo es el tercer planeta desde el Sol, sino directamente el Tercer Mundo, con villas miseria rodeando el Arco de Triunfo francés. “Creo que por eso no les gustó a los franceses cuando se las mandamos –se ríe entre dientes el guionista–. Esas cosas para ellos no se tocan.”

Pero aunque la inspiración es europea, el clima de la obra es netamente argentino. “Nunca se aclara que es Buenos Aires ni la Argentina, pero es claramente un Tercer Mundo sudamericano –confía Agrimbau–. El clima, las imágenes, son muy argentinas.” Y enumera: el desorden urbano, las casas del conurbano “con esa cosa bien tana de ir armando la casita para arriba”, el taller con el camión. “También quisimos parodiar esa imaginería tan clásica de la ciencia ficción en que todo vuela... queríamos llevarlo a un estado medio estúpido y en un momento un tipo anda en triciclo volador... vuela cualquier porquería –comenta Agrimbau–. Esto tiene que ver con que todos se quieren ir de la Tierra, están en el aire y en suspenso, tratando de evitar lo más posible tocar el piso. Lo más lejos posible es el espacio”, analiza.

Otro aspecto localista de la historia está en el tono del libro, aunque Agrimbau no está seguro de que vaya a conservarse. Tradicionalmente, en el mercado español de historieta las producciones hispanoamericanas se “traducen” para facilitar el acceso al público peninsular. Pero él espera, al menos, que no lo traduzcan a un español neutro, “preferiría que lo traduzcan al español coloquial y que aparezcan los ‘rosquetes’ y ‘coñazos’ y toda esa maravillosa terminología”, comenta.

–No es su primera obra con contenido social fuerte. ¿Se ve como un historietista militante?

–No, ni a palos. Tengo muchas inquietudes. Me interesa mucho el tema social y leo diarios y libros. Además estudié Comunicación Social hasta tercer año, así que tengo una mínima base de estudios al respecto. Pero no pasan de ser inquietudes, porque les tengo aversión a las ideologías. Soy más de exponer problemáticas interesantes, que investigo y trato de conocerlas a fondo. Ahora, ¿cuál es la solución? Qué sé yo... estoy haciendo una historieta, las soluciones que las den los políticos.

–¿Pero no se siente parte de una tradición de historietistas argentinos que miran la cuestión social?

–Por una punta sí, porque los leí y me encantan, los tengo en mi biblioteca, los conozco, etcétera, pero por otro no porque la mayoría de esos autores vienen del peronismo. Y capaz escribieron muchas de sus mejores historias cuando todavía tenían una militancia fuerte. Muchos van a idealizar esta militancia que alguna vez tuvieron. Desde Trillo, Sasturain, hasta Mandrafina, Breccia... grosos, todos zarpados... pero capaz para ellos mucho de la cuestión social pasaba por ahí y yo no soy peronista ni a palos. Nací con una boina blanca que me puso mi viejo en la cabeza y así fui toda la vida. Pero sí me identifico más con las cosas de Altuna, que es más de izquierda que peronista, o mismo con Barreiro. Creo que la progresía es suficientemente amplia como para que nos contamine a todos, pero yo creo que es más la inquietud social lo que me transmitieron que las premisas, el desde dónde mirarlas.

Estilo teatral

Uno de los aspectos que distinguen a los guiones de Agrimbau es la escasez de cuadros de texto. Lo que se cuenta siempre sucede en la acción, en el dibujo, y en el diálogo. En sus trabajos, pocas veces interviene la voz en off del narrador. “En Planeta Extra –explica– me voy a dar el lujo de narrar como más me gusta, gastando muchos páginas.” Esa parte de su estilo le viene de su formación. “Durante mi adolescencia pasé por múltiples talleres literarios, estudié guión de televisión en Aptra, pero nunca guión de historieta porque no tenía dónde”, cuenta. El salto fundamental lo dio cuando entró en la EMAD (Escuela Municipal de Arte Dramático, de Buenos Aires). Allí estudió Dramaturgia, “me presenté de casualidad, nunca hice teatro y dije: ‘Guión, ¿qué hay parecido?’, me mandé y entré. La dramaturgia te da una formación de la guionación que tiene que ver con la acción, en contraste con la literatura, donde podés escribir una novela en base a los pensamientos de un tipo. Puede ser maravilloso, pero hacelo en historieta y te va a costar un huevo y medio. En teatro, peor todavía”, asegura.

Su formación como dramaturgo también le permite analizar las influencias que recibió Planeta Extra en su factura, que, pese a ser de ciencia ficción, pinta un barrio criollo y problemas contemporáneos. “Tiene mucho del sainete –acota–. Está la familia con un padre que se resiste a irse al espacio a buscar nuevos horizontes porque sigue aferrado a la Tierra, como buen tano cabrón que es, y la hija joven que se quiere ir a Júpiter con un tipo mayor.” Ahí nomás, afirma, está el sainete criollo, “el de la nena que se va y el padre que la quiere retener, el de las peleas familiares en un patio de ladrillos... o en un espaciopuerto”.

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“Quisimos parodiar esa imaginería tan clásica en que todo vuela: en un momento un tipo anda en triciclo volador...”
 
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