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Sábado, 9 de abril de 2011

FILMS DE FRANCIA Y GRECIA EN LA COMPETENCIA INTERNACIONAL

Hombres perseguidos, mujeres liberadas

Que descansen sin paz (Figuras de guerra 1) acompaña a indocumentados que, apostados en la ciudad francesa de Calais, intentan llegar a Inglaterra a través del Canal de la Mancha. Por su parte, Attenberg es una rara comedia zoológica sobre la especie humana.

 Por Horacio Bernades

Un documental francés que aborda la inmigración clandestina y un film griego de ficción, que narra tanto una iniciación como un inminente final, presenta por estos días la Competencia Internacional del Bafici. Cine directo de la más pura cepa, hasta tal punto Qu’ils reposent en révolte (Des figures de guerre 1) hace convivir al espectador con la cotidianidad de inmigrantes del Tercer Mundo, que termina convirtiéndolo prácticamente en uno más. En Attenberg, la ateniense Athina Rachel Tsangari encara del modo menos convencional imaginable cuestiones largamente tratadas por la narrativa universal, desde los primeros besos hasta la primera muerte. Reflejo de una creciente tendencia del Bafici a reencontrarse, año a año, con corrientes enteras y cineastas afines, no es la primera vez que George y Tsangari se hacen presentes en el festival. El documentalista lo hizo el año pasado, con L’impossible - Pages arrachées, mientras que Athina participó de una de las primeras ediciones, con su ópera prima The Slow Business of Going.

Filmada en 16 mm y blanco y negro, la película de Sylvain George (cuyo título podría traducirse por Que descansen sin paz (Figuras de guerra 1)] acompaña a indocumentados que, apostados en la ciudad francesa de Calais, intentan llegar a Inglaterra a través del Canal de la Mancha. Vinieron desde Nigeria, Turquía, Kurdistán, Serbia o Afganistán, aspiran a subirse como polizontes a algún transatlántico o “colgarse” de alguno de los camiones que recorren los 30 kilómetros del Eurotúnel. Qu’ils reposent... hace compartir al espectador sus tiempos de espera e intentos de fuga, ante una presencia policial que tal vez desde los tiempos de los Keystone Kops no fuera tan persistente. En los antípodas de los apurados tiempos televisivos, Sylvain George se toma todo el tiempo del mundo para compartir los rituales de alimentación, descanso y espera, sin un solo añadido musical y hasta silenciando por completo, en ocasiones, la banda sonora. Esos momentos incluyen confesiones y relatos de odiseas, que más que a cámara se viven como si fueran entre amigos.

Aunque un cartel diga “Prohibido cazar”, las continuas aprensiones hacen pensar que los uniformados sí están autorizados a hacerlo. “Como perros”, comenta a su vez uno de los inmigrantes, en inglés precario, mostrando los restos de un refugio que un camarada improvisó entre los matorrales. Desde allí el hombre se queda avistando camiones, con el sigilo con que un sabueso seguiría a una liebre. De pronto, la larga escena –que la cámara observa con absoluta calma–, en la que los ilegales intentan borrarse las huellas digitales usando tornillos al rojo. Allá por los dos tercios de metraje, un largo corte a negro da paso al registro, en directo, de un operativo de desalojo y deportación, encabezado por funcionarios del gobierno de Sarkozy.

Sarkozy, andá a cagar, decía ya, al comienzo de la película, una pintada sobre la que la cámara se detuvo. Tal vez sea el comentario más directo que en las dos horas y media de metraje se permite Sylvain George, bastante antes de cerrar el film con el último y más implacable de muchos fundidos a negro. Con las lenguas de dos chicas estirándose hasta enroscarse largamente se abre Attenberg. ¿Una muestra de lesbochic? En absoluto. Es sólo la instrucción sexual que la experimentada Bella intenta brindar a su virgen amiga Marina, que todavía no sabe si le gustan los chicos, las chicas o ninguno de los dos. Lo raro es que Marina no tiene 13 o 15 años, sino 23. ¿Por qué tan tardía su iniciación? Athina Tsangari no se molesta en explicarlo.

Que las leyes del psicologismo no rigen en Attenberg lo confirman las extrañas escenas, que parecen separadores de número vivo, en las que Marina y Bella caminan con pasos tan aparatosos como los de cierto famoso personaje de los Monty Python. Pero si algo raro, osado y logrado tiene Attenberg es el modo en que Tsangari cohesiona lo heterogéneo, palabra griega, si las hay. Diálogos tan cortantes como los de Sábado, de Juan Villegas, conviven con un humor de picaresca de iniciación (tamizado por una parquedad casi rejtmaniana) y diatribas antigriegas en boca del papá de Marina cortan el clima de duelo que produce su muerte inminente. Todo intersectado por escenas en las que los tres personajes principales gruñen como monos, gritan como pájaros, se tiran zarpazos de león.

Es que tal vez Marina haya visto demasiados documentales zoológicos, de los del canal National Geographic. Documentales dirigidos por un señor David Attenborough, apellido que la chica pronuncia como Attenberg. De allí el título de esta rara, desconcertante, encantadora... ¿comedia zoológica sobre ciertos ejemplares de la especie humana? Tal vez sea eso, justamente.

* Qu’ils reposent en révolte (Des figures de guerres 1) se verá hoy a las 16 en el Teatro 25 de Mayo y el miércoles 13 a las 13, en el Arteplex Belgrano. Attenberg, hoy a las 22.15 en el Atlas Santa Fe 1 y el martes 12 a las 22.45, en el Atlas Santa Fe 2.

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Qu’ils reposent en révolte (Des figures de guerre 1), de Sylvain George, es cine directo de pura cepa.
 
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