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Sábado, 9 de abril de 2011

MUSICA CHICHA LIBRE TOCA EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE FOLKLORE DE BUENOS AIRES

Al rescate de un género desaparecido

El combo se formó en Brooklyn, Nueva York, pero rescata un sonido psicodélico peruano derivado de la cumbia colombiana. “Es insolente no admitir que el Occidente blanco tapó esa expresión rica y espiritual”, dice su líder, Olivier Conan.

 Por Luis Paz

Existe un tipo de folklore moderno y urbano, surgido de la integración de ritmos negros, instrumentos indígenas y un lenguaje lírico y melódico criollo. Ese folklore triétnico es la cumbia, un arco genérico nacido de la hibridación entre lenguajes sonoros espirituales y paganos, tropicales y baqueanos, pero siempre periféricos, por ser del sur americano y aun más por no haber ocurrido en los territorios “centrales” del arte regional. La cumbia tuvo en Colombia su casa matriz, en Perú una sucursal decorada de yuyos tradicionales, chamanismo y la angustia de la dominación; y en Santa Fe, un espacio argentino de fronteras abiertas. Pero en cualquiera de esos casos, se trata de un folklore que a gran escala quedó perdido entre otros folklores rurales nativos y los rurales importados: el country, el rock’n’roll o el reggae, por mencionar sólo tres. “La cumbia ha sufrido uno de los tratamientos más injustos en la historia de la música moderna”, decía Olivier Conan, líder del grupo revisionista de la cumbia amazónica Chicha Libre, cuando apareció su primer disco, ¡Sonido amazónico!, en la Argentina, hace algo más de un año. A punto de tocar aquí en el tercer Festival Internacional de Folklore de Buenos Aires, añade: “Es insolente no admitir que el Occidente blanco tapó esa expresión rica y espiritual, casi hasta hacerla desaparecer”.

Chicha Libre es un combo multiétnico de músicos surgido en el club que Conan regentea en Brooklyn, Nueva York. Curioso del poder cinético y psicodélico de las músicas latinas –cuyo origen se dio en el cruce de paisajes rurales con el uso (re)creativo de yuyos tradicionales y los instrumentos que la materia prima de su ambiente permitía construir–, este músico francés viajó a Perú en la década pasada y quedó maravillado con que en Lima se vendieran discos en la calle. Compró muchos de grupos como Los Destellos, Los Mirlos, Los Hijos del Sol, Juaneco y Su Combo o Eusebio y Su Banjo, exponentes de la chicha, una expresión derivada de la cumbia colombiana, pero interpretada originalmente con instrumentos andinos. La chicha tuvo su transformación definitiva cuando los trabajadores rurales del Amazonas peruano conocieron la estética sonora de los clubes de baile del bajofondo de Lima, donde el garage y la música surf habían llegado junto con los turistas, los exploradores y los comerciantes, ubicando en escenarios a los órganos Farfisa y equipos de amplificación con reverb. “En la década del ’40 y hasta la del ’60, Sudamérica tuvo la mejor música, la más moderna del mundo –concluye este músico, productor e investigador–. Pero cuando el rock apareció como gesto de modernidad, quedó casi olvidada.”

Conan adhiere a la teoría de que en cuanto Estados Unidos se dio cuenta de que durante la llamada invasión británica estaba importando sus propios folklores desde el Reino Unido (el rock’n’roll revisitado por Los Beatles y el blues en el que se basaron Los Rolling Stones), la industria local se anotició de que podía reconstruir los ajenos y exportarlos. Así fue que la industria estadounidense se ubicó plácidamente en papel de pivote musical entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste. “De todos modos, no siento que la pérdida de la cumbia como folklore haya sido una intención directa de Estados Unidos (se refiere más bien a su industria), pero es cierto que la cultura estadounidense introdujo cambios y necesidades aparentes en el resto de América que la reemplazaron –evalúa–. Lo interesante es que son otras generaciones, que crecieron en el mestizaje, las que ahora hacen música en Estados Unidos, y son más respetuosas y solidarias.”

El acceso a la historia musical universal facilitado por Internet no rescató sólo músicas recientes y les acercó a los jóvenes la cultura pop del último medio siglo, también trajo a colación las influencias de esos movimientos, mayormente basados en folklores aggiornados y cruzados que en una efectiva novedad musical (reggae, folk, gospel y música afroamericana, entre otros). Un caso paradigmático es Vampire Weekend, la banda de Nueva York que en febrero mostró su relectura del pulso afro en clave de pop en Buenos Aires. “Nueva York no es Estados Unidos, por eso me gusta. Hace 25 años que, como ciudad cosmopolita, Nueva York les presta atención a las músicas de Africa y Sudamérica”, dice Conan; y bien se podría ubicar a Rei Momo –que el líder de Talking Heads, David Byrne, realizó en 1989 con música americana bailable– como obra fundacional de aquel revisionismo.

Pero más que una banda espejo de una época, Chicha Libre es un médium: una de las pocas formas que quedan de escuchar en vivo esta música cuyos principales artistas han muerto en la pobreza y la enfermedad. “Lo que me importa, más que si el público se queda maravillado con Chicha Libre, es abrirle la puerta a esta música que es suya, que es latinoamericana. Sé que es curioso que un francés y una banda estadounidense lo hagan, pero no hay muchas opciones. Hubo tres estudios en los que se grabó chicha, pero no están más. Los sellos dedicados a ella tampoco y en el último tiempo no surgieron nuevos artistas. Ya no hay clubes de chicha en Lima, pero sí de rock, lo cual es elocuente. Pero el sonido root (de raíz) y los artistas originales siguen dando vueltas en puestitos en las calles y en Internet.”

En plan de rescate, este músico curó en 2007 el compilado The Roots Of Chicha – Psychedelic Cumbias From Peru y prepara un segundo volumen. Con su sello Barbès Records publicó, también, lo más tradicional de Juaneco y Su Combo, el artista de chicha de mayor renombre y trayectoria. Lo lógico es esperar un nuevo disco de Chicha Libre, un grupo que genera canciones nuevas y no se estanca en el tributo: “En estos tres años giramos mucho y nos fortalecimos como músicos de chicha. Mejoramos como instrumentistas, pero lo importante es que nuestra mirada ya no es tan naïve. Sabemos mejor de qué se trata la chicha y entendemos mejor su experiencia psicodélica”, admite la cara visible de este grupo que ayer debutó en Buenos Aires con un show en Niceto Club, en el marco de una fiesta.

El de hoy será un show diferente: Chicha Libre subirá el escenario que será montado en el Paseo del Bosque (calles 1 y 53, La Plata), en el marco de un festival que reunirá a Teresa Parodi, Gustavo Santaolalla, el Dúo Coplanacu, Eva Ayllón y Elpidio Herrera, entre muchos otros artistas que hasta este domingo le darán marco musical a este festival dedicado a la región y su música. “Sé por lecturas que el folklore latinoamericano no sólo está formado de canciones bellas, sino fundamentalmente de canciones de protesta. Mirando América desde afuera, es fundamental la apertura que hubo en los últimos años, los logros de los gobiernos progresistas y las reivindicaciones. Esa es la real democracia, no la de Estados Unidos”, cierra Conan.

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“Entre los ‘40 y los ‘60, Sudamérica tuvo la mejor música, la más moderna del mundo”, dice Olivier Conan, líder de Chicha Libre.
 
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