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Miércoles, 4 de mayo de 2011

HEBE UHART RECIBIRA HOY EL PREMIO FUNDACION EL LIBRO

Ya dejó de ser un secreto

La escritora obtuvo el galardón destinado al Mejor Libro Argentino de Creación Literaria, gracias a sus Relatos reunidos. “Todo esto es como un desconcierto, como alguien que se saca la lotería”, confiesa la notable autora de “Guiando la hiedra”.

 Por Silvina Friera

La mayor cuentista argentina contemporánea tiene respuestas insólitas y a la vez muy nítidas, como muchos de los títulos de sus cuentos, “¿Ablativo en ‘e’ o en ‘i’?”, “El budín esponjoso”, “El ser humano está radicalmente solo”, “Las abejas son rendidoras” y “Guiando la hiedra”, por mencionar apenas un puñado. Hebe Uhart ganó el Premio Fundación El Libro al Mejor Libro Argentino de Creación Literaria, por Relatos reunidos, prologado por Graciela Speranza y publicado por Alfaguara el año pasado. “Me parece excesivo todo, demasiada premiación, demasiadas entrevistas. Ya no me tienen que premiar más”, dice Uhart, que hoy a las 18 recibirá el premio en la Rural, en la sala Roberto Arlt. Pero habla en serio. No es una broma. Aunque parezca. Tal vez quiere preservar la tranquilidad que le confería ser una escritora “secreta”. O casi secreta. Hace una década, cuando todavía las editoriales medianas y grandes no habían descubierto el tesoro escondido que editaba sus relatos en sellos pequeños y efímeros, sus libros había que conseguirlos en librerías de viejo. Ella misma inyectaba los pocos ejemplares que conservaba en ese circuito paralelo. Ahora –con tantas notas en diarios, revistas y hasta en radios– se siente un poco abrumada. “Todo esto es como un desconcierto, como alguien que se saca la lotería”, confiesa la flamante ganadora a Página/12.

Speranza plantea que todo el arte narrativo de Uhart (Moreno, Buenos Aires, 1936) se resume en “Guiando la hiedra”, cuento que podría leerse como “suma poética o hilo invisible que guía los relatos”. “Aquí estoy, acomodando las plantas”, dice la narradora al comienzo. Speranza detecta en ese inicio una advertencia, un desafío, una declaración de principios. “La mirada apenas se aparta de las macetas con plantas del jardín, pero la vida entera parece revelarse en ese Aleph discreto, doméstico y barrial, desplegado en unas pocas páginas”, subraya la crítica. La cuentista concentra su mirada en personas sencillas, “aleladas ante una peripecia trivial, que hablan un lenguaje simple, pero lleno de matices”. La oreja de Uhart, la más chejoviana entre las cuentistas argentinas, capta con asombro las formas orales. Quiere comprender cómo los personajes perciben el mundo. Sin burlarse ni cancherear, ni mucho menos juzgarlos. “Pordelantear” en boca de Leonor, una entrañable empleada doméstica del cuento homónimo, dista de ser un garrafal error que muchos descartarían o apenas registrarían como una anomalía léxica de una mujer “bruta”. El neologismo refiere y condensa el “ascenso social” o elevación que esa madre imagina ante un hijo que se va a trabajar a Buenos Aires y puede superarla en la vida. La escritora, siguiendo la enseñanza de Chéjov, escucha el sonido de esa expresión para ahondar en la idiosincrasia de esa mujer.

No hay afán costumbrista, aunque en muchos de sus cuentos se puedan encontrar frases como “un muchacho que vale oro” o “a vos te voy a agarrar”. Tampoco cultiva una vocación realista de retratar una circunstancia típica. “Incluso en las vidas comunes hay una extrañeza resistente que los relatos quieren enfocar –postula Speranza–. La cercanía aumenta si Uhart elige la primera persona, pero ni siquiera así pierde esa leve lejanía que es la clave de la mirada. Si habla con voces de otros es porque quiere ver el mundo con ojos ajenos para mirar otras cosas y ver más.”

Hay un efecto “incontrolable” que Uhart no puede medir. “No sé qué produce lo que escribo; es muy difícil explicarlo porque depende de cada lector. Sé que algunos les gustan más como ‘El’, ‘Guiando la hiedra’ y ‘Cómo vuelvo’. Yo coincido con ese criterio: esos cuentos responden a sensaciones profundas, muy arraigadas, que tuvieron mucho tiempo de maduración hasta que logré un poco lo que quería contar –admite la escritora–. Aunque no sé si uno logra siempre lo que quiere contar.”

–Muchos destacan su sencillez, algo que no abunda entre los escritores. ¿Qué cree usted?

–No sé si es tan así... No soy ni tan sencilla ni tan humilde (risas). No me voy a retirar al campo para ocultarme de los periodistas como una ermitaña. Esta semana tengo dos entrevistas y eso es trabajo. Tengo que hacerlo, pero creo que hay que repartir un poco más las entrevistas con los otros escritores, ¿no?

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Uhart, la más “chejoviana” entre las cuentistas argentinas.
 
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