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Miércoles, 30 de mayo de 2012

PUTOS PERONISTAS. CUMBIA DE UN SENTIMIENTO

Otro signo de los tiempos

La frase “¡El puto es peronista, el gay es gorila!”, parte del manifiesto de la agrupación, marca el comienzo del documental de Rodolfo Cesatti, que dice que ir a ver esta película “es una forma de militar” por la diversidad.

 Por Diego Braude

En 2009, durante una Fiesta de Puta Madre, Ariana Cano –primera locutora transexual del país–, en su rol de Evita Trans, lee desde el escenario el Manifiesto de la agrupación Putos Peronistas –nacida en 2007–, que finaliza con un enfático “¡El puto es peronista, el gay es gorila!” Es una de las imágenes emblema en el inicio de Putos Peronistas. Cumbia de un sentimiento, el documental de Rodolfo Cesatti que se estrena mañana en el Artecinema (Salta 1620), el 14 de junio en el Gaumont (Av. Rivadavia 1635) y durante el mismo mes comenzará también a tener funciones en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415).

Tras el Manifiesto, el tiempo retrocede aún más –luego habrá de ir avanzando nuevamente hasta llegar al presente–, a las afueras de González Catán, partido de La Matanza. Es noche amarilla de alumbrado público y mientras el barrio El Sol se va a dormir, en una de las casas las luces permanecen encendidas y las palabras van y vienen, gente llega y luego debe partir. Son las primeras tertulias, que alternaban la pizza con el debate de ideas y, en una de ellas, se escucha a uno de los interlocutores de esas largas jornadas decir que “lo maricón no quita lo fascista”. Junto con el cierre del Manifiesto, la pauta es clara: “Los traidores, los garcas, los curreros les curran la plata a los más pobres –explica Cesatti en diálogo con Página/12–. Si sos garca, no hay garcas peronistas, radicales, del PC o socialistas; el garca es garca, porque siempre al que garca es al más pobre”.

Si bien ya cuenta con proyecciones varias –resultó ganadora del Festival Libercine 2011 y participó del Festival de Cine de Derechos Humanos en la Competencia oficial de documentales nacionales–, la obra de Cesatti parece en permanente ajuste y actualización, como prueba el caso de la Ley de Identidad de Género promulgada a principios de mayo, a raíz de la cual el realizador tuvo que “salir a grabar con la película ya repartiéndose. ¡Mirá lo que pasó en un mes, cambió la película!” No obstante, Putos Peronistas... no se queda en lo ligado a la diversidad sexual ni en una visión pintoresquista de una agrupación cuyo nombre ya de por sí generó reacciones de todo tipo desde aquellos inicios de no más de diez integrantes, sino que recorre el camino de crecimiento de un proceso de militancia política que para el director marca una etapa del país: “Yo cada vez la siento más como una película histórica, que vas a poder ver en diez años y vas a saber lo que pasó en estos últimos cuatro años, en la gente, sobre todo, en la calle”.

“Como el peronismo es una revolución inconclusa, siempre estamos esperando que venga alguien a terminarla, ¿no? Lo que más se escucha en la calle es ‘ya un día vendrá uno que...’. La gente vive depositando la esperanza en un mesías”, dice Pablo Ayala en uno de los pasajes del film, al explicar que no cree en los arrestos individuales ni milagrosos para generar cambios, sino en el trabajo colectivo donde todos suman. Ayala es heterosexual y uno de los fundadores de los PP. Cesatti hace hincapié en que “Ayala sintió que lo más justo era apoyar a los compañeros más débiles, que eran los Putos Peronistas, y en ese marco creó una agrupación que terminó haciendo un ruido enorme. Al margen de que a él, personalmente, no le haya redituado en nada, que casi le haya ido en contra, porque lo gastaron, lo segregaron de entrada; los putos le han dicho que se quería aprovechar de los putos; los peronistas que... o sea, todo el mundo le encontraba la pata para darle la vuelta contraria... Y él vive a dos cuadras de donde vivía cuando arrancó con todo esto, alquila, tiene una moto que se le pincha cada dos por tres...”.

Para el director, una de las bases que explican el avance de los PP en la militancia –y que a su vez lo convencieron para trabajar durante más de cinco años en el documental a como diera lugar– es esa honestidad que encuentra en Ayala, donde impera “hacer lo que está bien y no lo que te conviene”. El relato plasma por un lado el movimiento colectivo, atravesando como puntos de clímax y saltos de evolución la ley de medios, la ley de matrimonio igualitario y, finalmente, el último gran punto de inflexión que daría paso a un ciclo nuevo en la muerte de Néstor Kirchner. El film registra el paulatino pasaje hacia una mayor organización, presencia y aceptación, poniendo el acento en la transformación constante más que en los resultados puntuales.

Iara Otonel es otro de los miembros fundacionales y sobre quien el documental centra su aspecto más humano. Es La Iara, la travesti, la que labura en la ruta con su cuerpo, la histriónica que siempre tiene lista una línea pícara que puede hacer pensar que todo le resbala; es la que asiste a la ESMA para hablar sobre lo que por entonces era la lucha por la Ley de Identidad de Género, que visita emocionada con su prima la Casa Rosada cuando la ley de matrimonio igualitario y la que en el final reclama para que no haya “más sangre derramada sobre el asfalto”, por trabajo digno, y que los créditos finales ya anuncian trabajando en el Ministerio de Justicia. Iara es ella y es muchos otros, es el símbolo del rechazado que va contra viento y marea y también del que transforma la marginación en reivindicación.

En Putos Peronistas. Cumbia de un sentimiento, está el registro histórico de un proceso de refundación de la militancia política, pero también uno donde los símbolos míticos son apropiados por los protagonistas de una manera que seguramente generará debate en más de un tradicionalista. Lo que muestra la película es cómo esos símbolos no pueden permanecer cristalizados, sino que es necesario convertirlos en una práctica permanente. Por eso también Cesatti insiste con que ir al cine a apoyar al film “es una forma de militar, de decir presente con los compañeros de la diversidad que están bancando desde abajo hace años, desde el ’72 (en referencia al FLH –Frente de Liberación Homosexual– que fue pionero allá por los ’70 y cuyo lema “Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad” recuperan los PP) al 2012. Así como en octubre había que llenar las urnas de votos por un país más igualitario, ahora hay que reventar las salas de gente para seguir apoyando desde el arte y la cultura. La ley que reclamaba darles voz a los que no la tuvieron nunca no sirve de nada si del otro lado no hay ojos y oídos dispuestos a ver y oír”.

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Con la flamante Ley de Identidad de Género, Cesatti debió “salir a grabar con el film ya repartiéndose”.
 
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