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Lunes, 15 de octubre de 2012

FALLECIó EN PARíS EL DIRECTOR EDUARDO DE GREGORIO

Habitante de la Vieja Casa Oscura

El cineasta y guionista argentino Eduardo de Gregorio, radicado en Francia desde hacía cuatro décadas, falleció en la noche del viernes pasado, en el Hospital St. Louis de París, a los 70 años. Aunque escribió guiones para eminencias como Bernardo Bertolucci y Jacques Rivette, y llevaba realizados cerca de media docena de largometrajes, De Gregorio era casi un desconocido en la Argentina hasta que el Bafici, en su edición 2004, lo rescató para el público local, con una retrospectiva que el propio De Gregorio presentó personalmente. Sólo una de sus películas como director, Cuerpos perdidos, rodada en Buenos Aires, había tenido estreno local, a fines de los ’80. Allí, el sueño, lo extraño, terminaban vampirizando lo real. Algo que sucede con frecuencia en su obra, dominada por el espíritu del fantástico. “En las películas de De Gregorio como director, y en las que participó como escritor, la tradición literaria que tiene más incidencia es probablemente la gótica, y sobre todo uno de los principales lugares de dicha tradición, la Vieja Casa Oscura”, escribió el crítico Jonathan Rosenbaum en el catálogo de aquel Bafici.

Ingresar al cine de la mano de Borges y Bertolucci no es algo que muchos puedan permitirse. De Gregorio lo hizo en 1970, a poco de llegar a Europa, cuando el cineasta parmesano lo invitó a adaptar el cuento Tema del traidor y del héroe, incluido en Ficciones. El resultado fue La strategia del ragno (1970), considerada la primera obra maestra del realizador de El conformista. De allí en más vinieron sus cuatro colaboraciones como guionista con uno de los más grandes cineastas franceses, Jacques Rivette: Céline y Julie van en barco (1974), Noroit (1976), Duelle (1976) y Merry–go-round (1981). “En esa época, Rivette trabajaba el guión a medida que filmaba”, recordó De Gregorio frente a Página/12 en 2004. “Lo cual me obligaba a estar presente en el set, para ir escribiendo sobre la marcha junto con él. Era un sistema de trabajo muy arriesgado y muy excitante. No es que yo después lo haya aplicado, porque necesito llegar al rodaje con un guión más acabado. Pero sí me comunicó cierta idea de libertad con respecto al modo en que se hacen las películas, una sensación muy beneficiosa para mí.”

Durante esos años también participó de la experiencia de La Cécilia (1975), legendario film de Jean-Louis Comolli. Y simultáneamente comenzó a desarrollar su propia obra como director, inaugurada con la lúdica Sérail (1976), protagonizada por Leslie Caron y Bulle Ogier y continuada por La mémoire courte (1982, con su amigo Edgardo Cozarinsky como coguionista), Aspern (1985, sobre novela de Henry James), Federico Zeri, l’Occhio (1992, sobre el célebre historiador del arte italiano) y, más recientemente, Tangos robados (2002), que a pesar de su título filmó enteramente en París y fue su última película como realizador.

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