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Lunes, 15 de octubre de 2012

CINE › PATAS ARRIBA Y CRóNICA DEL FIN DEL MUNDO EN EL FESTIVAL DE CINE DE BOGOTá

Reflexiones sobre finales y pérdidas

El film del venezolano Alejandro García Weidemann muestra los últimos días de un anciano, que quiere cumplir un último sueño con la complicidad de su nieta. El del colombiano Mauricio Cuervo, en tanto, indaga en cómo el fin del mundo puede llegarle a la gente de manera cotidiana.

 Por Oscar Ranzani

Desde Bogotá

El cineasta venezolano Alejandro García Weidemann se propuso reflexionar sobre los últimos días en la vida de un anciano en Patas arriba, film de ficción que se exhibió en el 29º Festival de Cine de Bogotá. Su punto de partida estuvo vinculado a que, en esta etapa de su vida, fallecieron personas muy queridas como su padre, su abuelo y otras personas mayores. “Eso me llevó a reflexionar sobre la vida y la muerte, pero sobre todo, cómo estuvo uno con ellos en los últimos meses, en los últimos días y cómo fue la relación”, comenta García Weidemann a Página/12. Patas arriba comienza con el último día en la vida de un anciano. Aquél en que la familia decide que debe internarlo en un hospicio porque está muy grave. Y es el mismo día en que el hombre decide escaparse, porque su sueño es navegar un velero y morir en altamar hacia Brasil, de donde era su difunta esposa. Para este menester, cuenta con la complicidad de su nieta de 6 años. “Entonces, este contraste entre un hombre de la tercera edad y la niña permite ver cómo en ambos extremos de la vida, lo lúdico y la fantasía juegan una papel primordial en la vida de uno. Y en la etapa intermedia, se ve cómo el adulto con esta cuestión de raciocinio y de reglas va coartando, va transformando a esta niña, va quitándole lo lúdico, y solamente en la vejez es cuando se vuelve a recuperar este aspecto”, analiza el director, quien se propuso que el espectador reflexione sobre cómo se relacionan con las personas antes de morir y cómo va a ser esa despedida. “Creo que debería ser mucho más tranquila, de poder reconocer los logros y el recorrido de la persona querida a lo largo de su vida y menos un lamento porque se haya ido”, opina el realizador.

Otra ficción sobre finales, en este caso más general, contiene el largometraje Crónica del fin del mundo, del colombiano Mauricio Cuervo. A diferencia de lo que puede presumirse, este film no aborda catástrofes naturales, invasiones extraterrestres ni revelaciones metafísicas, sino que indaga en cómo el fin del mundo puede llegarle a buena parte de la gente de manera cotidiana. “En algún punto, el film pregunta: Si el mundo se fuera a acabar, yo, ¿qué haría? Entonces, parto de un personaje que decide decirle a la gente querida las verdades que no les dijo en su vida, se propone llamarlas y contarles lo que piensa porque eso le va a dar sentido en los últimos días. Pero también está lo otro: la gente puede reflexionar sobre los mundos que perdió”, comenta Cuervo. Es que la muerte de un ser querido, la separación de la familia y el abandono también marcan un fin del mundo de las personas. “Crónica... parte de la obsesión que nos han metido a través de los medios con el fin del mundo en 2012. Pero es un drama con visos de comedia intimista de una familia que se enfrenta, por un lado, a esa obsesión del fin del mundo y, por otro lado, a mundos que ha perdido o que se desbaratan”, completa su idea. “Evidentemente, uno sabe que esa bola mediática va creciendo, entonces quise ver qué pasa con eso. No creo en el fin del mundo, pero en el fondo hay un sentimiento que nos dice: ¿Qué pasaría si se acaba el mundo? ¿Y qué podemos hacer con eso?”, reflexiona el director colombiano, quien reafirma la idea de que esto sucede por un asunto mediático. “Los humanos somos muy frágiles, siempre estamos previendo finales, y el mundo se está acabando desde que comenzó. Siempre está ese sentimiento ahí porque la vida es muy frágil. Y creo que cada vez somos más conscientes de la fragilidad en conjunto, del planeta y todo eso. Es imposible abstraerse de eso”, considera Cuervo.

El festival también está presentando una amplia programación de documentales. Uno de ellos es Marcelo Yuka: no caminho das setas, de la cineasta brasileña Daniela Broitman. El hombre del título es un músico y activista social que siempre estuvo preocupado por los temas sociales y sus letras siempre tuvieron críticas sobre este aspecto. Y en los años ’90 formó una banda muy conocida en su país, llamada O Rappa. Hasta que llegó lo peor: en un supuesto asalto, un grupo de delincuentes le disparó nueve tiros a Yuka, en una calle de Río de Janeiro, producto del tipo de violencia que sucedía en aquella época. “Entonces, fue muy irónico porque Marcelo hablaba de eso y le pasó. Le sucedió aquello por lo que luchaba para que no aconteciera. El condenaba a los bandidos, pero hablaba de que la desigualdad social causaba la violencia y, por lo tanto, había que acabar con esa desigualdad”, dice Broitman sobre Yuka. Durante un tiempo, pasó una fase muy dura, en la que intentó suicidarse ya estaba muy mal porque quedó parapléjico, pero nunca dejó la música. “Le daba energía, ánimo y creatividad para seguir el camino por la lucha”, recuerda la cineasta. Y después de muchos años, cuando empezó a mejorar, Yuka empezó a hacer un trabajo tan digno como necesario en las cárceles, llevando películas y libros para los presos. “El respeto que tienen por él me sorprendió muchísimo. Cuando llegamos ahí era un locura, gritaban, estaban haciendo mucho barullo y Marcelo Yuka sacó el micrófono, y se produjo un silencio total. No se oyó más nada, apenas él”, señala la directora, quien destaca que a través de la historia de Yuka se ve también la de su ciudad, Río de Janeiro, “porque él es un carioca que ama mucho a su ciudad, no es que sólo critica”.

Otro de los films presentados en el Festival de Bogotá fue En la ventana – Diario de una mujer joven, de la colombiana Ana María Salas, que abarca el período de su vida entre 2005 y 2007; es decir, entre sus 24 y sus 27 años (actualmente tiene 31). No es la primera vez que Salas realiza un diario filmado: el primero fue Frente al espejo y comprendió el período 2002-2005. Entonces, En la ventana es una suerte de continuación. El film parte de relatos de su vida para indagar en cómo son las etapas de la existencia para cualquier persona. “No me interesaba tanto contar mi vida porque no tiene más interés que otra, o tiene el mismo interés que cualquier otra vida, sino que buscaba esa mirada, esa observación y esa reflexión que puedo tener a partir de elementos muy cercanos e inmediatos de lo que me sucede a mí”, explica la directora. El film está contado como si Salas estuviera escribiendo un diario, pero filmado. “Es una especie de subgénero que todavía no se conoce muy bien. Hay muy pocos y la particularidad es que no tiene una narración en la que uno construya una historia sino que son presentes. O sea, son momentos de la vida en el momento en que suceden, no voy hacia el pasado.” Como a esta directora le interesa reflexionar sobre el paso del tiempo, esta película, en particular, es sobre el ciclo de la vida a través de personajes: “Algunos que nacen, otros que están creciendo, mi abuela que estaba enferma y muere. A través de esos fragmentos en presente busqué reflexionar sobre cómo pasa el tiempo, y también sobre las estaciones, ya que va de un invierno a otro invierno durante dos años”, concluye Salas.

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Patas arriba marca la importancia de lo lúdico en el comienzo y el final de la vida.
 
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