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Jueves, 10 de agosto de 2006

GERARDO GANDINI ESTRENARA TRES OBRAS EN HOMENAJE A BORGES

“Se escribe siempre la misma obra”

En el marco de la Semana Borges, el autor presentará Anatomía de la melancolía, un grupo de sonatas para piano y cello.

 Por Diego Fischerman

“Pierre Menard, autor de la Zarabanda de Bach”, bromea Gerardo Gandini sobre sí mismo. La obra, una sonata para cello solo que será estrenada este sábado a las 19, dentro de la semana de homenajes a Borges que programó la Secretaría de Cultura de la Nación, incorpora una composición anterior que, a su vez, trabajaba sobre la Sarabande de una de las Suites para cello de Johann Sebastian Bach. “Supongo que Pierre Menard la hubiera vuelto a componer exactamente igual; yo, en realidad, le hago unos agujeros, le sustraigo notas. Y en el double de la zarabanda, por esos agujeros se cuelan pedazos de otras zarabandas de Bach. Como si hubiera ventanas por las que aparecen otras cosas.” La Sonata para cello, junto a la Sonata Nº 5 y la Nº 6 para piano, llevan un título en común, extraído del epígrafe de La biblioteca de Babel: “Anatomía de la melancolía”. El concierto será, podría pensarse que inevitablemente, en la ex Biblioteca Nacional de la calle México 564, que alguna vez dirigió Borges y que hoy es la sede del Centro Nacional de la Música.

Bajo el nombre de “Semana Borges”, el ciclo concebido por la Secretaría de Cultura incluye también conferencias, teatro y artes audiovisuales. En el concierto de este sábado, en el que además de Gandini, que interpretará las dos sonatas para piano, participará el notable cellista Martín Devoto, el compositor dialogará con el actual director de la Biblioteca Nacional, Horacio González. “Originariamente, cuando estaba en el cargo Ezequiel Grimson, la Dirección de Música me había encargado una obra para que fuera estrenada en la antigua biblioteca y que, de alguna manera, fuera un homenaje a Borges. Partí de la cita de esa cita que hace Borges. El texto original, de Robert Burton, habla de las distintas maneras de curar la melancolía, pero la cita menciona a las 23 letras del alfabeto. Tanto la quinta como la sexta sonata tienen 23 secciones cada una y ambas parten de una idea de simetría, donde la sección número 12 funciona como centro”, explica Gandini. Ganador del Grammy latino por su disco de improvisaciones sobre tangos y con un álbum recientemente publicado en el que, junto al pianista de jazz Ernesto Jodos, parte de obras suyas, de Jodos y alguna canción de Gershwin para disparar en los sentidos más inesperados, Gandini es uno de los compositores argentinos más importantes entre los surgidos en la segunda mitad del siglo pasado. Su perfil, sin embargo, está lejos de ser monolítico. Entre otras rarezas, fue arreglador y director de una orquesta de cuerdas que acompañó a Fito Páez y fue pianista del último sexteto de Astor Piazzolla.

Para Gandini cada música tiene sus propias reglas, pero, sin embargo, reconoce que, “inevitablemente, algo de un mundo se va filtrando en el otro”. Como si en los materiales musicales quedaran cicatrices de esos tránsitos por distintos estilos y modalidades, el compositor cuenta que “cuando Jodos tocó Lunario sentimental hizo algo totalmente diferente a lo que hasta ese momento la pieza había sido. Al sumarme yo, comencé a meterme en los vacíos que él dejaba y mi manera de entender la pieza se vio transformada de manera radical”. Por otra parte, observa que “transcurrido un cierto tiempo y con un conjunto de obras compuestas, que actualmente llegan a 109, lo que significa varios días de música, tengo la sensación de que se trata siempre de la misma obra. No es que sean iguales entre sí, pero, probablemente, están intentando decir siempre lo mismo”. Más allá de ser uno de los nombres inevitables en la música contemporánea, Gandini se jacta de no haber pertenecido ni pertenecer a ninguna de las “camarillas” estéticas de las que parecía obligatorio formar parte. Y parte de esa marginalidad tiene que ver con nunca haberse tomado demasiado al pie de la letra los mandatos de las supuestas vanguardias, sobre todo en cuanto a la primacía incuestionable de la música abstracta y a la idea de que la música es su estructura. “Muchas veces tomé referencias que, en realidad, son extramusicales, aunque tengan efectos musicales. Esa idea de trabajar con ventanas, por ejemplo. Son ideas que, tal vez, vienen más de las artes plásticas que de la propia música”, afirma Gandini.

“No creo que mis obras sean abstractas”, reflexiona. “No intentan representar nada concreto, pero no son abstractas en el sentido de que no son puramente técnicas. Hay una cierta expresividad, buscada en particular. Hay un gesto expresivo. Todas estas obras son más bien nostálgicas y en cuanto a la referencialidad, hay, por ejemplo, una cadencia utilizada por Carlo Gesualdo, que yo incorporo en las tres sonatas y que no se nota, que está porque me sirve a mí para componer, exclusivamente, que habla de un sistema de referencias un poco borgeano, justamente. Son como mecanismos de apropiación; variada, disimulada, pero apropiación al fin.” El compositor no cree que haya desaparecido la modernidad o que la idea del Gran Arte haya caducado por completo. “Lo que no hay –dice– es esa sensación de obligatoriedad que había a mediados del siglo pasado, de formar parte de alguna de las tendencias de la vanguardia en uso. Si uno no hacía ciertas cosas o no era serial o aleatorio o seguidor de Boulez, estaba afuera de todo. Eso ya no existe. Hay algunos lachenmanianos y algunos epígonos de Ferneyhough y algunos sciarrinescos (en referencia a Helmut Lachenmann, Brian Ferneyhough y Salvatore Sciarrino), pero yo no pertenezco a ninguno de esos grupos. Yo, muy modestamente, de manera muy privada, sigo haciendo una música que es la que me sale y que, además, me cuesta mucho hacer.”

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Gerardo Gandini partió de una cita de Robert Burton que Borges utiliza en La biblioteca de Babel.
 
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