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Jueves, 10 de agosto de 2006

CINE › “16 CALLES”, DE RICHARD DONNER, CON BRUCE WILLIS

Los caminos de la redención

 Por H. B

“¿A quién tenemos que no necesitemos?”, pregunta el oficial a cargo del operativo, cuando llega la hora de poner a algún agente a cuidar un par de cadáveres que no le importan a nadie. Y ahí viene Jack Mosley, demostrando con su solo aspecto por qué es para sus compañeros el tipo más inservible de toda la policía de Nueva York. Arrastrando una pierna, la barba mal rasurada, la mirada vidriosa, Mosley es la clase de personaje que en los años ’70 y ’80 todavía podía verse en cine y que desde hace rato Hollywood no se permite más. Que ese tipo sea el héroe de la película y que lo encarne nada menos que la superestrella Bruce Willis produce una pequeña conmoción en el espectador y lleva a pensar que tal vez sea 16 calles una película de las que ya no se ven. O si no, todo lo contrario: que lo que le espera a Mosley es el camino de la redención. Que la respuesta correcta sea finalmente la 2 puede representar una módica decepción, pero eso no quiere decir que 16 calles sea una mala película. Por el contrario, tal vez se trate de lo más parecido a aquellos policiales de los 70-80 que el cine contemporáneo puede dar.

De los ’70 y ’80 proviene el director de 16 calles, Richard Do- nner. Que no será Don Siegel o Walter Hill pero cada tanto acierta, como lo demuestran la primera Superman, la primera Arma mortal e incluso El complot. A partir de una idea de guión casi kafkiana (Mosley tiene 118 minutos y 18 cuadras para llevar un testigo a Tribunales, pero ese trámite banal se develará una odisea), Donner dirige con nervio, tensión, soltura y cuidado por el detalle. Superpuebla las calles de Nueva York para generar una permanente sensación de caos, hace transpirar a sus personajes en pleno verano y convierte la megalópolis imperial en un laberinto de callejuelas sin salida, pasillos apretados e interiores mugrosos. Y, claro, sabe cómo resolver emboscadas, tiros y persecuciones automovilísticas, aquí con un ómnibus de línea al que Mosley incauta, con rehenes y todo.

Como si estuvieran reescribiendo 48 horas o la propia Lethal Weapon, Donner y su guionista (Richard Wenk) contraponen un personaje grave, trágico y sin el menor sentido del humor (el de Willis) con un cabeza fresca, que habla casi más que el burro de Shrek y hace tantos chistes como él (el morocho Mos Def, que hace del testigo). Pero claro, ésa no deja de ser una fórmula patentada, lo cual afecta el carácter negro, sucio y callejero que es como la segunda personalidad del film. La otra gran fórmula es la del antihéroe absoluto, que tiene una razón oculta para serlo y se redimirá a sí mismo a toda orquesta, de modo tan inevitable como previsible. De modo lamentable, dígase de una vez: es mucho más interesante el Willis reventado del comienzo que el loable Bruce del final, tan a tono con su status de superstar.

7-16 CALLES

(16 Blocks) EE.UU., 2006.

Dirección: Richard Donner.

Guión: Richard Wenk.

Intérpretes: Bruce Willis, Mos Def y David Morse.

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