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Martes, 13 de octubre de 2015

CONCIERTOS EN HOMENAJE A JOSE BRAGATO, QUE ACABA DE CUMPLIR 100 AñOS

Todo un siglo dedicado a la música

Italiano de nacimiento, pero argentino por adopción, Bragato no sólo fue el cellista y arreglador de Astor Piazzolla, sino que es también un destacado compositor por derecho propio, como lo confirman los conciertos dedicados a su obra.

 Por Julia González

A días de haber cumplido 100 años, el maestro José Bragato –arreglador de las obras de Astor Piazzolla, violoncellista y compositor– no pudo estar presente pero celebró el homenaje que le hizo El Sonido y El Tiempo, la fundación que rescata su obra junto a Gina Lotufo, su esposa. Su amiga Christine Walevska, la cellista norteamericana que vivió durante los 90 en Buenos Aires, tomó un avión desde Nueva York especialmente para incorporarse al concierto que el domingo pasado dieron Rafael Gintoli en violín, José Araujo en cello y Ricardo Zanon y Daniel Goldstein en piano, junto a la Orquesta Sinfónica Municipal de General San Martín, en el marco del cierre de la Semana del Tango. Se interpretaron obras emblemáticas de Bragato, como “Graciela y Buenos Aires” (la preferida del maestro), “Milontan”, “Malambo” y también “Evocación: Homenaje a Astor Piazzolla”, sobre el tema “Adiós, Nonino” para orquesta de cuerdas, entre otras. Además se proyectó Partituras de su vida, un documental con testimonios del mismo Bragato entre 2009 y 2013. En el film también participan amigos con los cuales compartió años de música como Atilio Stampone, Saúl Cosentino, Rafael Gintoli, Christine Walevska y Daniel Goldstein.

Pero ese concierto fue apenas el comienzo. Mañana, a las 20, en el Teatro Nacional Cervantes, habrá otro homenaje para celebrar el vital centenario de José Bragato, esta vez con la Orquesta Juan de Dios Filiberto. Sentado en la cabecera de la mesa, el maestro corona cada anécdota con el remate gracioso del relato. Asiente con una risa sonora toda leyenda que rememora su mujer ecuatoriana, quien fue soprano del Teatro Colón y que, a pesar de vivir 67 años en Argentina, nunca decidió nacionalizarse. “Tu mamá puso en un sobre ‘Poroto Alegre’”, apunta el maestro y sabe que despertará la carcajada general. “De las picardías se acuerda, sí”, dice Gina, cómplice. Cuenta que su madre estaba en Estados Unidos cuando le escribía cartas a Brasil y no le entraba en la cabeza que Porto era “puerto” en portugués, la capital del estado de Rio Grande do Sul. “Lo de Brasil fue en el 76, a raíz de que subieron los militares y le pedían a José que se pusiera no sé qué insignia en el Colón y como no quiso, le dijeron: ‘Mirá, Bragato, ausentate por un buen tiempo porque nos vas a dar dolor de cabeza’. Y en eso un amigo lo contactó con Porto Alegre y estuvimos unos cuantos años ahí y en Natal”, cuenta Gina, acaso una de las tantas anécdotas que tiene para repasar en casi 50 años de estar juntos.

“Esto te va a interesar”, adivina la mujer y despliega un álbum de fotos. Repasa quién es cada uno en esas imágenes sepiadas por el paso del tiempo, que narran una historia. En muchas está Piazzolla. En casi todas, ella. “Esto es en El Casco, en Punta del Este, todas las navidades estábamos juntos. Era divino el lugar, eran dos cerros, en uno estaba la casa y en el otro toda la arboleda, muy linda la casa de Astor. Acá pescaban tiburones. Lo tenían que amarrar a Astor, por la fuerza. Él pescaba mojarritas entonces Astor le decía que era un maricón. Era increíble”. Y pasan las fotos junto a Pipo Mancera, alguna con Juan Carlos Copes, con Yo-Yo Ma, Gidon Kremer...

José Bragato llegó desde Italia a los 13 años junto a su familia de origen y retomó sus estudios de piano a la vez que entró en el Conservatorio Nacional de Música Manuel de Falla, donde cursó las carreras de armonía, contrapunto y composición. Ingresó en 1948 como primer cellista de la Orquesta Estable del Teatro Colón jubilándose veinte años más tarde, a los 53. Apenas si estaba en la mitad de su vida. Durante la estadía obligada en Brasil, fue solista de la Orquesta Sinfónica de Porto Alegre y en Natal fundó el cuarteto de cámara y orquesta de cámara para la Universidad de Río Grande do Norte e inició un archivo de música, que le valió un título honorífico por su aporte a la cultura brasileña. Al regresar, y por encargo de las autoridades de Sadaic, creó el Archivo de Música Popular y Culta a fin de recopilar música ciudadana que corría peligro de perderse. Hoy cuenta con más de 3500 obras.

En 1955 fundó junto a Astor Piazzolla lo que se conoció como la Vanguardia del Tango y se produjo la revolución del 2x4 en Buenos Aires. En el documental, el mismo Bragato cuenta que luego de tocar con el Octeto Buenos Aires –Piazzolla, Atilio Stampone, Leopoldo Federico, Enrique Mario Francini, Hugo Baralis, Juan Vasallo y Horacio Malvicino– sale un hombre a la calle y escucha un tango cantado por Carlos Gardel y se alivia al reconocer una voz familiar, un clásico. “La gente grande quería el tango tradicional”, reflexiona Bragato.

“Yo le dije un día: ‘Te voy a hacer los arreglos para orquesta así te conocen’. Y él estuvo de acuerdo”, resume Bragato la historia de cómo empezó a trabajar con las composiciones de Piazzolla. Gina aclara que no fue así nomás y completa la idea: “Un día le dijo: ‘Mirá, Astor, no sé si vas a estar de acuerdo; tu música no se va a tocar seguido, qué te parece que haga un abanico de tus obras, para dúo, trío, cuarteto y hasta octeto’. Entonces Astor, ni lento ni perezoso, dijo ‘brillante idea, ¿cómo me voy a oponer?’. Y le dio el permiso con un escribano para que no lo fueran a fastidiar diciendo que José había robado la obra. Y de ahí salió, por ejemplo, el ‘Adiós, Nonino’ para octeto de cellos”.

“Como decíamos con Gina: nadie es profeta en su tierra. Y si nosotros no hacemos esto, ¿qué hay? Nada...”, dice Daniel Goldstein, director de El Sonido y El Tiempo y el encargado de llevar adelante estos homenajes. “Mi proyecto era pensar qué pilar podían tener como punto de referencia los músicos argentinos, como me ha pasado con (Carlos) Guastavino, cuya obra se recompuso después de su muerte. Empecé a tocar su música, después me fui a vivir a Italia, y en Europa me pedían músicos argentinos que tocara no solamente Mozart y Brahms. Entonces yo empecé a tocar música tradicional de (Alberto) Ginastera y a poner músicas que me parecían muy actuales y tenían que ver con lo clásico, dejando de lado Piazzolla. Vos agarrás la música de Bragato y te das cuenta de que están el folclore, Debussy, Beethoven, Schumann, te das cuenta de que es un músico de formación del mundo clásico, que también arregló las orquesta de Sandro y Palito Ortega. En un momento empezamos una relación de abuelo a nieto. Surgió esa doble coda y como vi que me daba bolilla, le dije ‘por qué en vez de hacer esto para Daniel Goldstein no lo hacés para la fundación’. Firmamos el contrato de derechos de su imagen para no tener problemas, se hizo todo legalmente. Hicimos el rescate de todo un catálogo, no con lo que tenía que ver con arreglos de otros sino de sus propias obras”, dice Goldstein.

–Se reconoce al maestro Bragato por componer algunas obras con total espontaneidad, ¿cómo nació “Graciela y Buenos Aires”?

Gina Lotufo: –Yo nunca me puedo olvidar cómo surgió “Graciela y Buenos Aires”. Habíamos comprado una lanchita con motor fuera de borda, entonces íbamos todos los fines de semana a Tigre. Y en el Tigre los padres de Graciela tenían una quintita y siempre los domingos ellos hacían un asado o la pasta, y había vino, por supuesto. Y él iba también por eso. Ese día que nosotros fuimos, era un domingo, nos enteramos de que era el cumpleaños de Graciela, la cellista, la hija del dueño de casa, que también era músico del Colón. Cuando llegamos a casa, como él estaba tocando en el Caño 14 con la orquesta de Atilio Stampone, ¿te acuerdas? (Bragato asiente), dice: “Tengo la necesidad de regalarle algo a esta chica”, por supuesto musical. Vinimos a las 6.30 de Tigre y se encerró en la piecita, pasaron más de dos horas y no salía, abrí la puerta para ver si estaba todo bien. “Me voy a bañar, llamá a Graciela, que venga con la madre que le tengo una sorpresa”, dijo. Eso me consta. Dos horas y media. Es obra de concurso y la que mejor suena, es la obra preferida además de que en Europa la tienen como inicio de concurso. Me dice: “La vamos a tocar esta noche, no le digas nada a Graciela”. La tocó Atilio a primera vista. Y la hace levantar a Gracielita Svidky –”Sí, ¡whisky!”, interviene el maestro con una carcajada–. Le digo: “Bragato, ¡qué belleza lo que hiciste!”. Lo que tiene de bueno Bragato es que a pesar de manejar siempre las obras de Piazzolla, cuando él escribe sus obras no tiene nada que ver con Piazzolla, ése es un don lindo.

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José Bragato llegó de Italia a los 13 años y entró en el Conservatorio Nacional Manuel de Falla.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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