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Martes, 13 de octubre de 2015

CINE › EL DIRECTOR GABRIEL LICHTMANN PRESENTA SU PELICULA COMO GANAR ENEMIGOS

“Al final, todo tiró hacia la comedia”

El realizador de Judíos en el espacio define su segundo largometraje como “un thriller neurótico”, porque, si bien tiene suspenso, se acerca más a la comedia. “Es una pintura del mundo en el que me crié”, admite Lichtmann.

 Por Oscar Ranzani

La profesión de la mayoría de los miembros la familia del director Gabriel Lichtmann –quien debutó hace nueve años con Judíos en el espacio– marcó la huella de su opus dos, Cómo ganar enemigos, que se estrena el próximo jueves. En su núcleo familiar, su padre, sus hermanos y su cuñado son abogados, excepto su madre y el propio realizador. De una conversación con su padre le quedó rebotando el recuerdo de una anécdota que le resultó muy interesante y que le pareció un buen punto de partida para un policial. Por otro lado, su madre no pertenece al microclima del derecho pero es una lectora voraz de novelas policiales. Entre las ganas del director de hacer algo distinto a su ópera prima y por estar impregnado de su entorno familiar, Lichtmann se puso a escribir... un policial. “Pero era otra cosa”, diferente al film que está punto de estrenar, según comenta en la entrevista con Página/12. “Era una película sobre una mujer de clase alta que había caído en desgracia después de la crisis de 2001 y se dedicaba a extorsionar a conocidos para poder mantener un nivel de vida alto.” Cuando escribía el guión y aparecieron en la ficción los hijos de la mujer, Lichtmann pegó un volantazo en su escritura. Y decidió centrarse en una relación entre hermanos, que es la que se observa en Cómo ganar enemigos.

El director la define como “un thriller neurótico”. Y si bien tiene suspenso, el film se acerca más a la comedia. “Me parecía bueno que no se catalogara como thriller psicológico, que da la idea de una película más densa y cerebral. Y ésta es liviana. Si bien es también cerebral, al igual que los temas que trata, tiene un tono de comedia y el choque de sentidos entre las palabras ‘thriller’ y ‘neurótico’ da como resultado algo gracioso”, confiesa Lichtmann sobre esta historia en la que Lucas (Martín Slipak), un joven abogado, es un obsesivo estudioso del derecho que un buen día conoce a una chica (Inés Palombo). Cuando se ven, parece haber un flechazo. Pero claro, como corresponde a la tradición del thriller, no todo lo que brilla es oro...

–¿Es por el humor que tiene Cómo ganar enemigos que usted señaló que terminó filmando una comedia policial más parecida a Judíos en el espacio que a una novela de Agatha Christie?

–Sí. A la distancia, es muy gracioso el proceso de estos nueve años que pasaron entre una y otra película porque empecé queriendo hacer algo muy distinto y creo que terminé haciendo algo muy parecido. La primera versión del guión era muy oscura, muy negra y, a medida que fui reescribiendo, empecé a soltarla y el tono se me fue haciendo más familiar, más alegre, más liviano. Ese fue un proceso que se fue dando hasta que llegó el rodaje. Y en el rodaje ya directamente todo fue una fiesta, todo tiró a la comedia.

–Teniendo en cuenta que la ve parecida a Judíos en el espacio, ¿encuentra rasgos de la identidad judía en la película?

–El día que filmé la primera escena, que es una boda, cuando estaba poniendo la cámara y escuchaba a los actores ensayar y al rabino (que es un rabino real) enseñándoles los rezos, ahí me dí cuenta de lo fuerte que era la tradición judía en la película y de lo que pesaba en ella. Hasta ese momento yo había tratado de mantenerlo en un lugar más de contexto porque me molestó un poco que a Judíos en el espacio se la convirtiera en una película judía. Está bien: el título es ése, transcurre en una familia judía, pero para mí era más que eso.

–¿Y ésta?

–Bueno, estaba filmando y en un momento miré a mi asistente y le dije: “Boludo, ¡qué judío que soy! ¡No puede creerlo!” (risas). Y vi que lo que estaba filmando era muy parecido a Judíos en el espacio y al corto El séptimo día, que hice en Historias breves. Yo no lo podía creer, era yo el que se sorprendía. Y para mí esta película viene a cerrar algo que conforman el corto junto con mi ópera prima: son como una pintura del mundo en el que yo me crié.

–¿Por qué decidió estructurarla en capítulos?

–Hay dos respuestas: la linda y la real.

–Diga las dos.

–La linda –pero es cierto también– es que el personaje de Lucas quiere escribir y como la película está tan centrada en su punto de vista, me pareció que era una buena idea darle esta estructura en capítulos porque permite poner enfrente del espectador que ésta es una historia contada por él y que quizás la escribió él. La real, que no deja de ser linda, es que cuando yo terminé una primera versión de la edición de la película, sentí que ésta necesitaba respirar en ciertos momentos porque aun cuando es una película de un ritmo liviano y sosegado, no para: todo el tiempo están pasando cosas. Se me ocurrió que poner las placas indicando los capítulos daban un aire. Y eso me parece que funcionó.

–A partir de lo que le sucede, el protagonista se obsesiona con su pesquisa, pero parece tener que aprender a partir de la experiencia práctica algo que no se encuentra en los manuales de derecho. ¿Usted lo ve así también?

–Sí, yo creo que Lucas tiene un baldazo de la realidad. Hasta ese momento el lugar en el que está es el del tipo que va entrando en el mundo adulto, pero todo es como un juego. Y, de pronto, se le viene encima algo mucho más denso. La cuñada le dice en un momento: “Lucky, esto es la vida, no es un libro”. El vive un poco adentro de un libro. Incluso, él se mete a investigar quién le afanó de manera muy ingenua porque piensa que esto va ser como en los libros. En los libros nadie sangra demasiado. El se podría encontrar con un personaje que le quisiera meter un tiro. Pero él se mete. La película tiene dos momentos muy claros. Un primer momento donde uno conoce el mundo y se va divirtiendo, y otro en el que la película se pone mucho más tensa. Y ese momento es el viaje de descubrimiento que hace Lucas de un montón de cosas.

–¿Por qué tardó nueve años en estrenar su segunda película?

–La realidad es que creo que ésta era una película que se pensó a una escala muy grande y se terminó haciendo en la escala a la que debía hacerse. Pensar en películas muy grandes es el camino derecho a estar dando vueltas, vueltas y vueltas. Y la película fue encontrando su lugar. Yo tuve primero unos productores que se engancharon con la película grande, y después se desengancharon porque era cara y quizás no iba a cumplir con las expectativas comerciales. Y después aparecieron otros que decidieron que la película había que hacerla de cualquier forma. Y la terminamos achicando y haciéndola posible. Yo creo que es mucho mejor hoy que si hubiese sido un monstruo gigante como teníamos pensado.

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“Boludo, ¡qué judío que soy! ¡No puedo creerlo!”, reconoció Lichtmann en su primer día de rodaje.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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