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Miércoles, 7 de diciembre de 2005

MUSICA › “LIVE 8”, UN DVD CUADRUPLE QUE DA CUENTA DEL HISTORICO FESTIVAL

El rock and roll ayuda y vende

Pink Floyd, McCartney, U2 y Madonna, entre otros, animan esta antología en la que conviven la música y la corrección política.

 Por Fernando D´addario

No hay una manera única de situarse frente a semejante sobredosis de “música y acontecimiento”. Aun contemplando los matices, los puntos suspensivos y los paréntesis que acompañan toda visión subjetiva, Live 8 (el megafestival rockero de julio pasado, que convocó a dos millones de espectadores en 9 conciertos y a 3 mil millones de teleespectadores en todo el mundo) puede admitir, básicamente, dos tipos de miradas: una épica y una cínica. Más adelante se verá que ambas perspectivas se cruzan y hasta conviven pacíficamente, porque el espíritu épico y el cinismo son consustanciales al rock. Pero también es posible, en principio, abordar este cuádruple dvd desde posiciones maniqueas. Los mismos argumentos pueden ser usados para sustentar emociones extremas e incompatibles, ya que Live 8 no se caracteriza por buscar la neutralidad afectiva. Empecemos por el optimismo, como corresponde a gente que cree en el futuro de la humanidad y en el rock como herramienta cultural para mejorar ese futuro:
Live 8 fue el festival más importante de la historia. Fue también un eficaz llamado a la toma de conciencia de los principales líderes del mundo, para que todos juntos (ellos –los líderes políticos, las estrellas de rock– y el resto del planeta) luchen contra la pobreza. El dvd editado por EMI tiene un par de highlights que refuerzan este modo de ver las cosas:
1) Después de mostrar un documental que refleja la miseria espantosa en Etiopía, el ideólogo Bob Geldof presenta a Birhan, una etíope hermosa que hace 20 años estuvo a diez minutos de morirse de hambre, pero gracias a Live Aid (un festival de similares características, pero en los ’80) ahora se pasea saludable y sonriente por el escenario de Hyde Park de la mano de Madonna. En 2025 debería haber miles de Birhan salvadas por la campana del rock, que supo alertar a tiempo de Bush, Blair y cía.
2) Will Smith, desde Filadelfia, saluda a millones de personas que están en París, en Londres, en Roma, en Toronto, etc., cada cual en su propio festival. Es el clímax de la interconexión emocional instantánea. Smith los exhorta a unirse en un gesto (un simple chasquido de los dedos) que denuncia, cada tres segundos, la muerte de un niño africano.
Una mirada escéptica haría la siguiente lectura:
1) La hermosa Birhan no es más que un afortunado error en la lógica del mundo de hoy. No hay festival ni exhorto rockero que vayan a revertir la hambruna estructural de Africa (de hecho, después de Live Aid, la pobreza se triplicó en Etiopía). Estos megaencuentros son sólo vidrieras para reposicionar músicos en decadencia y egos sensibilizados por la culpa.
2) La pobreza no se arregla con chasquidos de dedos, que se agotan en esos tres segundos de compromiso y se diluyen luego en el voto a esos mismos líderes que habrán de perpetuar el actual estado de las cosas.
Hay, claro, una tercera vía (por utilizar una expresión cara a Blair), que contempla la posibilidad de ser testigos de un gran encuentro musical, organizado a partir de los ideales y los intereses (tan cercanos y tan contradictorios, al mismo tiempo) que se cruzan hoy en día. ¿Se puede creer en el llamado a la revolución que hizo Madonna arriba del escenario? No es fácil. Resulta más sencillo creer en su performance notable (cantó soberbias versiones de Like a Prayer, Ray of Light, Music, esta última acompañada por un coro gospel) y, por qué no, en el piquito cariñoso que le dio a la bella Birhan.
En esa zona de grises puede transitar el enfoque de este Live 8, cuya prédica, más allá de los alegatos solidarios, se vio eclipsada más tarde por los atentados terroristas en Londres. Es tentador correrse a los extremos cuando se ve a Bill Gates presentando a Dido en un festival de rock. Si no se la invoca artificialmente, la emoción llega sola. Michael Stipe, cuando le toca el turno, dice, lacónico: “Somos R.E.M. y esto es lo que hacemos”. Y tocan Everybody Hurts.
En alrededor de ocho horas de música y palabras hay lugar para todo. McCartney llama a recorrer “el largo camino hacia la justicia” y no convence a nadie, pero Hey Jude, o Sgt. Peppers junto con U2 alcanzan y sobran para redimirlo. David Beckham tiene su espacio en la ceremonia, el mismo que se le concede a Nelson Mandela (“debería ser el presidente del mundo”, dijo de él Bono, como cierre lúcido de una parrafada inocua).
Mención de honor para la reunión de Pink Floyd. Sólo para ver y escuchar otra vez Wish you Were Here (que Roger Waters dedicó a Syd Barrett) y Confortably Numb ya valdría la pena tener este dvd histórico. Es que la participación de Pink Floyd en este megaevento reconcilia a escépticos y optimistas. Si Geldof logró el milagro de que Waters y Gilmour volvieran a subirse juntos a un escenario, ¿por qué no creer que el rock ayudará a erradicar la miseria del mundo?

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Pink Floyd tocó en Live 8 con su mejor formación, después de 24 años.
 
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