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Lunes, 23 de febrero de 2009

MUSICA › 2ª NOCHE DEL COSQUíN ROCK, EN LA COMUNA DE SAN ROQUE

Al mal tiempo, buena onda

En medio de la lluvia, la confraternidad rockera se potenció. Convivieron pacíficamente fans de Deep Purple, Los Cafres, La Vela Puerca y Almafuerte, entre otros. El show de la banda británica resultó deslucido por los problemas en la voz de su cantante, Ian Gillan.

 Por Roque Casciero

Desde San Roque, Córdoba

Bastó que Ian Gillan cantara los primeros versos de “Highway star” para darse cuenta de que algo no andaba bien. Deep Purple sonaba impecable, como si de entrada hubiera decidido apabullar a las 22 mil personas que fueron a verlos a la segunda jornada de Cosquín Rock con la capacidad instrumental de sus músicos y el peso de su leyenda. Pero la voz de Gillan sencillamente no estaba. Cuando intentaba un agudo se quedaba sin aire y en los graves patinaba, corría el micrófono cada vez que el estornudo se le volvía inevitable, y se refugiaba seguido tras la batería de Ian Paice para hacer señas hacia los costados del escenario. “Ya volvemos”, anunció el cantante enseguida, y empezó un parate que el tecladista Don Airey aprovechó para tocar los acordes del “olé olé olé olé parpél parpél” que se escuchaba desde abajo. Con Gillan tan fuera de punto, la banda sacó a relucir su oficio: el guitarrista Steve Morse la rompió en cada solo, Airey citó a “Adiós Nonino” y al tema de La guerra de las galaxias (¡cómo se extraña a Jon Lord!), y la base Paice-Roger Glover fue un reloj para hacerle el aguante al vocalista. La lista se acortó y, aunque fue doloroso escuchar a Gillan en “Perfect strangers”, el público le perdonó todo a la banda cuando sonó el riff de guitarra por excelencia. ¿Hace falta aclarar que se habla de “Humo sobre el agua”? Después hubo un par de bises, en los que Gillan le hizo entonar el corito de “Hush” a Morse (quien demostró que como cantante es un enorme violero) y un cierre con “Black night” que seguramente no quedará en la historia de una banda mítica como Deep Purple.

Pese a la mala noche de los ingleses y a la lluvia que empañó el maravilloso marco de la comuna de San Roque, la segunda jornada del Cosquín Rock tuvo mucho para disfrutar. En “el más federal de los festivales”, que se realiza a pocos metros del monolito que marca el centro geográfico del país, la tolerancia entre los distintos públicos no tiene límites. ¿Cómo entender, si no, que por el escenario principal hayan pasado en el mismo día el reggae estilizado de Los Cafres, la embajada uruguaya de La Vela Puerca y No Te Va Gustar, la leyenda de Deep Purple y el criollismo metalero de Almafuerte? En los otros escenarios, la sensación de convivencia amigable se acentuaba: los chicos que vestían remeras con la cara de Ricardo Iorio cantaban a grito pelado las canciones de los reaparecidos Flema, mientras en el tablado más chico, donde se presentó un compilado de la productora del festival (Nuevas Tribus), el power trío Santuca hacía hervir a sus seguidores a puro solo de guitarra hard. Y atención, que a la misma hora que tocaba Purple, los 2 Minutos convocaron a una multitud en el escenario temático, que el sábado estuvo dedicado al punk.

“Noche de fiesta, noche de triunfo, ¿eh?”, atronó la voz rasposa de Ricardo Iorio para presentar, precisamente, la canción “Triunfo”, en el comienzo del show de Almafuerte. Salir después de Purple no es para cualquiera, pero el cuarteto liderado por “lo más grande del heavy nacional” dio una muestra más de su poder de convocatoria. Es cierto que a la hora del cierre con “A vos amigo” quedaban unas cinco mil personas en el predio, pero la lluvia torrencial durante buena parte del concierto debe haber convencido a demasiados de que era la hora de irse. De hecho, cuando el cantor pesado nacional hablaba de triunfo, no menos de 15 mil respondían con un rugido. Cuando el baterista Bin Valencia entró en calor –al principio siempre hacía una de más–, Almafuerte fue demoledor. Iorio limitó mucho sus habituales alocuciones entre tema y tema, que lo metieron en tantos líos en el pasado, y se limitó a agradecer a algunos músicos (Fernando Ruiz Díaz y Germán Daffunchio, que miraban desde el vip; Skay y la Negra Poly, y los Bulldog). La única frase bien Iorio, de ésas que después sus seguidores y sus detractores recopilan en Internet, fue para presentar “Sirva otra vuelta, pulpero”, de los uruguayos Cuchilla Grande. “No vaya a creer que los uruguayos son todos candombe, ¿eh?”

¿Habrá sido un tiro por elevación para La Vela Puerca y No Te Va Gustar, que más temprano habían pasado por el mismo escenario? NTVG debutó en Cosquín Rock con un show caliente, repleto de hits (“Verte reír” con cita a “Mañana en el Abasto”, “Fuera de control”, “Al vacío”), y con el cantante Emiliano Brancciari inusualmente en el centro de la escena. “Los que nos conocen saben que es la primera vez que toco en el medio, me da un poco de miedo”, confesó. El final de su show lo marcó “No era cierto” con los “Sebastianes” Teysera y Cebreiro, cantantes de los “primos” La Vela Puerca, en una cumbre yorugua que el público disfrutó especialmente. Un rato más tarde, los dos vocalistas volvieron con el resto de su banda y generaron una respuesta notable con su cóctel de rock, ska y Río de la Plata: el Enano Teysera cantó la suave “Mi semilla” sentado al borde de la pasarela, pero saltó junto a Cebolla Cebreiro en “El viejo” como si el concierto recién comenzara.

Al cierre de esta edición, Los Piojos debían encargarse del final de Cosquín Rock (aunque hay un bonus el 27 con Manu Chao), en medio de rumores que indicaban que otro músico podía dejar la banda y que el quinteto planeaba “unas largas vacaciones” después de su show en River como parte del Quilmes Rock. Como sea, seguramente la lluvia, todavía presente en San Roque, no habrá logrado refrenar los ánimos en una jornada en la que también estaban programados Las Pelotas, Ratones Paranoicos, Los Gardelitos y Viticus, además de un escenario reggae con Resistencia Suburbana, Fidel, Riddim y Dancing Mood. Por algo a esta parte del país en febrero se la conoce como San Rock-E.

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Deep Purple, 40 años de hard rock que se notaron –en todo sentido– sobre el escenario.
Imagen: Carolina Camps
 
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