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Lunes, 23 de febrero de 2009

TEATRO › GRANDE Y PEQUEñO, OBRA TEATRAL DE BOTHO STRAUSS

Ensayo sobre la fragilidad humana

Ingrid Pelicori y Horacio Roca se lucen en esta puesta de Manuel Iedvabni, que presenta a seres vulnerables, acosados por fantasmas del pasado y del presente. Contenido y forma se concilian para darles sentido dramático a temas como el desamparo y la autodestrucción.

 Por Hilda Cabrera

Es tiempo de congoja para la mujer que, tras una separación amorosa, recrea hechos reales e imaginados en un espacio acotado como lo es una habitación de un hotel en Marruecos. La atención que presta a las voces de dos hombres que conversan en el exterior sobre asuntos que ella desconoce dispara un soliloquio que la incita a fabular. Esa es por el momento su diversión, y el primer rompecabezas en una obra que bosqueja aspectos íntimos de una mujer de clase media abroquelada en la soledad. Una serie de relatos agridulces, duros a veces y de resolución compleja, van conformando una trama de cabos sueltos. No hay certeza respecto de la geografía, si bien la mujer dice estar en Marruecos y ser una turista poco o nada entusiasta de las excursiones. Ella prefiere trazar un itinerario propio, sentada en su silla, tal vez deseando que el laberíntico camino que ha iniciado la devuelva a una realidad lejana y acaso feliz.

Expresiva y generosa para comunicar emociones, la actriz Ingrid Pelicori se adueña con pasión de esta Carlota, domina entre sutilezas las contradicciones de su personaje y logra microclimas que predisponen al espectador a rastrear también él en esas situaciones que se le plantean, borroneadas por el tiempo o por la naturaleza ambigua del presente. La condición de efímero es esencial a esta pieza en la que el tiempo transcurre entre imágenes alentadas por seres vulnerables, comenzando por la mujer y sus fantasmas. Ella misma confiesa que lo está pasando mal, precisamente porque “no le pasa nada”, porque la agobia el calor y no ha logrado despegarse de un hecho doloroso. Turbada pero consciente de que ese presente “no le traerá nada nuevo, absolutamente nada”, repasa miserias y grandezas propias de quien tiene aspiraciones pero no la fuerza que da derechos, y de quien ama y no es correspondido.

Durante ochenta minutos, Pelicori y Horacio Roca –brillante en los varios personajes que interpreta– dan cuenta de una historia ante la cual el espectador acaba por no distinguir los instantes vividos de los que surgen del recuerdo o de un futuro inventado. Tal ambigüedad no se traduce en tropiezo sino en una continuidad que empequeñece la experiencia frente al aluvión de la fantasía, de las ensoñaciones que llegan al espectador en un lenguaje directo, potenciado por el vigoroso trabajo de los intérpretes, sea en el rol de protagonistas como de observadores. Es el caso del “testigo” que compone Roca, el ayudante de escena que arma y desarma la escenografía y acompaña silenciosamente el itinerario mental de la mujer. El hombre es quien guía en parte esta historia ubicando puerta, ventana y silla para que la mujer exprese aquello que la perturba: su torpeza para comunicarse y la facilidad con que desperdicia ocasiones que bien podrían alejarla de la soledad, pues ella tiene cualidades, pero la situación la confunde y la desplaza. De ahí el conformismo de la frase: “Una es más feliz cuando ama realmente y no cuando sólo se deja amar”.

El dispositivo escénico utilizado en esta puesta, minimalista y geométrico, resulta ser el marco exacto a las actuaciones, así como la música del talentoso Miguel Rur (actor, músico y titiritero) sirve de armonioso corte y enlace de las secuencias aquí registradas, compendio de una obra de mayor duración destinada a un elenco numeroso. La síntesis es obra del director Manuel Iedvabni, quien en la década del ’90 estrenó El tiempo y la habitación, otra pieza de Botho Strauss. Este autor –nacido en Naumburg an der Saale en 1944 y creador, entre otras obras, de Retorno inesperado, La guía y El beso del olvido– despertó el interés de directores célebres, como Patrice Chéreau e Ingmar Bergman. Iedvabni, a su vez, tuvo oportunidad de presenciar la puesta de Grande y pequeño realizada por Peter Stein en 1979, en la Schaubühne, de Berlín.

Humor negro, patetismo y de-sesperanza son los trofeos de la rota convivencia de Carlota con un escritor poco visitado por las musas, según se desprende de las breves pero significativas secuencias que ocupan la escena, donde se rescata a personajes bien diferentes: el hombre que cuida a su mujer para que no pase una mala noche; el ex de Carlota (un Paulo Riga que navega entre el desprecio y la piedad); su hermano Bernardo (un tipo grosero); Pedro, el encargado, y muchos más. Encuentros –o de-sencuentros– que subrayan la fragilidad de la mujer y su necesidad de hallar a alguien con quien compartir la vida. Es así que, rastreando a una antigua amiga de nombre Margarita (¿discípula del diablo?), entabla un disparatado diálogo con las distintas voces emitidas a través de un portero eléctrico. Voces que corresponden todas a Roca en una de las escenas más delirantes e incisivas de la obra.

“Hace tiempo que estoy sentada en otro país”, dirá la mujer que quiere ser feliz, que golpeó puertas y cree haber desperdiciado ocasiones que hubieran reforzado su sentido de la libertad. Porque de eso se trata también esta pieza presentada aquí por Iedvabni como teatro esencial en contenido y forma. Una apuesta interesante para un trabajo que, partiendo de la aventura de una Carlota que se ahoga sin ahogarse, que anda a tientas, se extravía y se torna molesta para sí y para los demás, surgen temas universales relacionados con el desamparo y la autodestrucción (por aquello de que toda vida es un proceso de demolición), con la urgencia de lo cotidiano que lleva a la exaltación de lo extraordinario y el error de no saber vivir.

9-GRANDE Y PEQUEÑO

de Botho Strauss.

Intérpretes: Ingrid Pelicori y Horacio Roca.

Escenografía, vestuario e iluminación: Alicia Vera.

Música: Miguel Rur.

Asistente de dirección: Guido Crispo.

Versión y dirección: Manuel Iedvabni.

Lugar: Sala Raúl González Tuñón del Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, los viernes y sábados a las 21. Reservas: 5077-8077.

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Grande y pequeño puede verse en el C.C. de la Cooperación.
 
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