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Viernes, 30 de octubre de 2009

MUSICA › SE ESTRENO THIS IS IT, CON LOS ULTIMOS ENSAYOS DE MICHAEL JACKSON

Tributo al gran esteta

La película fue armada con las filmaciones privadas que el cantante pensaba guardar en su archivo. Aunque la mirada es sesgada, Kenny Ortega, responsable de los shows, pensó el film como un homenaje al autor de “Billie Jean”.

 Por Luis Paz

Cada pueblo –lo que ligeramente podría ser definido como las personas que comparten una época y una geografía– tiene, según la conducta de la Historia, un grupo de artistas trascendentales, tal vez dos o tres genios fundamentales; y, con suerte, sólo uno y no muchos más estetas que, con su obsesión y su talento, amplían las fronteras y expanden los límites de lo creativamente posible. No hay necesidad de que sean científicos, inventores ni descubridores, basta con la música en algunos casos. Así como estuvieron Beethoven y Stravinsky, estuvieron Piazzolla y Cafrune. Y Brian Wilson, Brian Eno y Lou Reed. O el Miguel Abuelo paladín, el John Lennon surrealista y el George Harrison de siempre. Y un murciélago que se hizo ángel en su propio País de Nunca Jamás: Michael Jackson, el último esteta marchado de este mundo. A él intenta homenajear This is it, el documental que comprime en 110 minutos los mejores momentos de dos meses de ensayos para su gran regreso, luego de doce años de vacaciones de las giras, programado para el 13 de julio en el 02 Arena de Londres y frustrado semanas antes. Y es sólo un intento porque, como dice en un momento de la película el coordinador vocal de los coristas: “Todo es más grande e intenso en el mundo de Michael”. Y eso es algo que ni la high definition, ni el cine 3-D, ni el pochoclo extra large pueden captar aún.

Una intensidad polisémica, porque ahora se sabe que los conciertos fueron anunciados en marzo, durante una espectral aparición del Rey del Pop en el estadio cerrado que es casi el único escenario de This is it. Y cuando se recuerda que su biógrafo, Ian Halperin, esbozó el 22 de junio que Michael no andaba bien de salud. Y lamentablemente está chequeadísimo que Jackson murió el 25. Y, por qué no, cuando se revisa el almanaque y se nota que apenas es 30 de octubre y el cantante, que exploró hasta los límites las posibilidades audiovisuales para poder extender al máximo las capacidades del hombre-espectáculo, lleva apenas un tiempo en otro sitio. ¿Cómo incluir, entonces, las múltiples interpretaciones y mistificaciones que podrían hacerse del Señor MJ? Kenny Ortega, el encargado de la gira que dio nombre al audiovisual, eligió el modo más simple de ocupar una silla plegadiza como director de This is it: dejando a todas afuera, lo que era la única alternativa que, curiosamente, acababa incluyendo a todas las posibles. Por eso el film es una mirada que no llega a ser aguafuerte visual, una colección de instantes de un hombre de 50 años que no combate a la muerte sino al ir a menos, pero que no tiene ningún sentido aplicado por fuera de ello o de los sentidos que se reconstruyen ahora, que no es entonces.

This is it. Es lo que hay. Esto es todo. Porque fue eso, pero es también todo lo aquello que pudo haber sido. Un espectáculo de tal dimensión que, de no haber llegado a ser dantesco, al menos sí hubiera sido proustiano. Una gira que incluiría un escenario en 3-D, una decena de bailarines, un septeto de coristas, un baterista con su triple bombo (“¿con qué se accionará el tercer pedal?”, es otro de los misterios que, tácitamente, impone el audiovisual), una violera adorable, una banda precisa y un Michael Jackson entregado de los pies propios al cabello ajeno a su condición de músico, bailarín, artista y, especialmente, entertainer de masas. Y eso es todo. Ellos y la producción, los técnicos y los asistentes. Es un relato de cristal, sin público y sin dudas, pero sin mentiras que resquebrajen su integridad. Todo lo que es, lo fue. Y son muy comprensibles las denuncias de los autores del sitio thisisnotit.com de que el documental de Ortega registra sólo un Michael, el que “vivió alterado durante el día y sedado por las noches con medicamentos” y no “la presión que resiste un tipo impulsado” a hacer algo como esa gira. Pero, ¿por qué no habría de hacerlo, si su intención era tomar todo eso (perdonará el lector la imprecisión, pero pudo ser música, arte, diversión, baile, historia, magia y entretenimiento) que Michael iba a dar “por última vez” y entregarlo para rendirle un medido homenaje?

El desenfoque en los primeros planos de Jackson, la celeridad de un montaje que lo expone constantemente pero casi siempre del mismo modo y la arbitrariedad de la mirada que cuarenta cámaras de alta definición no llegan a resolver, son sólo críticas posibles para un quisquilloso. Porque a lo que se deberá enfrentar el que interactúe con This is it es a los límites de su voluntad de ver a Michael Jackson ensayar “Billie Jean”, emerger debajo de una araña mecánica en “Thriller”, dar instrucciones de baile y consejos de montaje en “They don’t Care about Us” y querer cuidar su voz constantemente, pero aun así ofrecerle el esfuerzo a su público presente, sus coprotagonistas en esta obra, como siempre, con amor. “A-M–O-R”, como dice él. Tal vez lo más difícil sea verlo escapar de la muerte en esa intro inspirada en Gilda, con Rita Hayworth cantándole a él, para “Smooth Criminal”, el segmento más irónico de la obra. Y especialmente difícil sabiendo que “eso es todo”, que no habrá más ensayos, ni más giras y que, lo que es más triste, en este Mundo de Siempre Tal Vez, hay un esteta menos para pensar en cómo hacerlo mejor al ser “un hombre en el espejo”.

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“Todo es más grande e intenso en el mundo de Michael”, dice uno de los músicos en el film.
 
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