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Viernes, 11 de junio de 2010

MUSICA › SHIRLEY KING, HIJA DEL REY DEL BLUES, ACTUA HOY EN LA TRASTIENDA

“Mi padre me dejó crecer a mi manera”

 Por Cristian Vitale

“Cuando empecé a cantar, él sólo se quedó a un lado.” Shirley Ann King ve en aquella estimulante estrategia de su padre, B. B. King, el albor de su libertad. La fuga hacia atrás la lleva hasta fines de los ’50, cuando templaba su voz en el coro gospel de una iglesia bautista. Tenía apenas nueve años y el bicho del blues ya había penetrado en su sangre. “Sólo con verlo me sentí estimulada a dedicarme al blues. Mi padre siempre fue una persona que nos estimulaba a mí y a mis hermanos a hacer lo que más nos gustara y no a hacer algo sólo porque él lo hacía también. Me dejó crecer a mi manera”, redondea, lógica, quien esta noche mostrará en La Trastienda (Balcarce 460) los resultados de aquellos estímulos. Shirley llega por primera vez al país con dos discos bajo el brazo (Jump Through My Keyhole y Daughter of the Blues) y un antecedente que, aunque hondo en años, registra pocas millas en su vertiente profesional. Apenas poco más de diez años, cuando esta portentosa negra nacida en Memphis (Arkansas, 1949) comenzó a cantar seguido en clubes de Chicago, luego de abandonar sus performances como bailarina. “Empecé como bailarina, y así permanecí muchos años, pero como no es un trabajo que se pueda hacer por mucho tiempo, el paso siguiente fue interpretar blues, porque es algo que uno puede seguir cantando hasta los últimos días de su vida. Y eso es lo que yo quiero: cantar por el resto de mi vida”, enfatiza ante Página/12.

Lo que Shirley quiere cantar por el resto de su vida es, precisamente, un tendal de clásicos del género –“Tell Mama”, “Rock Me Baby”, “Sweet Home Chicago”, entre otros– atravesados por su propio tamiz: el blues “a lo Chicago”, que la diferencia del estilo Memphis –de Big Band–, del que su padre hizo una bandera. “El estilo que hago yo mantiene lo básico del ritmo del blues y una banda menos pomposa que la de mi padre”, resalta, marcando terreno propio. Para la presentación en Argentina, Shirley estará acompañada por el saxofonista estadounidense Gerald Noel y la Blues Special Band, integrada por Daniel Raffo y Alambre González en guitarras, Mauro Ceriello en bajo, Nico Raffetta en teclados y Patricio Raffo en batería. “Por sobre todas las cosas, yo me tomo muy en serio mi trabajo como cantante y entertainer. Creo que lo más importante es sorprender e interactuar con el público para que vean algo distinto y disfruten de un show que no se parece a nada de lo que hayan visto. A nadie le gusta ver el mismo show una y otra vez.”

–¿Por qué se considera una “entertainer”?, ¿es para remarcar su individualidad ante lo condicionante que implica ser hija de...?

–Puede ser. Yo desde chica, antes siquiera de haber visto tocar a mi padre, ya quería ser cantante y actriz. Practicaba frente al espejo y poco a poco fui desarrollando una personalidad totalmente diferente de la de mi padre. Aparte soy mujer y nunca intenté parecerme a él. En caso contrario, hubiese empezado a tomar clases de guitarra, él canta y toca la guitarra, yo canto y soy, como dije, una “entertainer”.

–¿Lo veía poco a su padre de pequeña? A fines de los cincuenta fue su explosión...

–Nada, diría yo. Mi infancia fue algo triste porque mi padre nunca estaba con nosotros, igualmente no podría decir que fue sólo triste, más bien una mezcla de sentimientos: tristeza porque mi padre no estaba, orgullo por saber a través de mis familiares y de los medios que él estaba haciéndose de un nombre importante en la música y también felicidad cuando podía ir a verlo tocar.

–¿Qué registro emotivo tiene de la primera vez que lo vio tocar?

–Mi primer recuerdo es algo gracioso. Mi madre me llevó a un show suyo para que él pudiera verme y como él siempre estaba rodeado de sus novias, ella se puso celosa y pensó: “Si él está siempre rodeado de chicas tal vez alguna de ellas puede hacer de baby sitter”. Así que ella se fue y me dejó a un costado del escenario para que yo pudiera ver el show... Una vez terminado, mi padre se acercó y me dijo: “¿Ey, baby girl, dónde está tu madre?”. Y yo lo único que hice fue encogerme de hombros.

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Es la primera visita de Shirley.
 
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