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Martes, 23 de agosto de 2011

MUSICA › BAJOFONDO EN EL CIERRE DE LA PRIMERA ETAPA DE TECNOPOLIS

Tecnología y color local

Gustavo Santaolalla festejó sus “primeros 60 años de vida” en el Espacio Joven de la feria. El combo puso a saltar a más de tres mil personas y en todo momento dejó la sensación de que su estética resumía las aspiraciones que le dan identidad a Tecnópolis.

 Por Facundo García

“Esto demuestra que podemos seguir creciendo”, dijo Gustavo Santaolalla en el cierre de la primera etapa de Tecnópolis, mientras festejaba –con un concierto de Bajofondo– sus “primeros 60 años de vida”. Bajo el escenario se vivía una fiesta. El Espacio Joven de la feria de cultura, tecnología y ciencia puso a saltar a más de tres mil personas, que también se acercaron a las pistas de skate o a conocer las estatuas sonoras de León Ferrari. La postal se veía desde lejos y se dejaba interpretar fácilmente como otra prueba de que, más allá de las rabietas opositoras, la idea prendió y sigue convocando multitudes.

Como era de esperarse, el compás lo marcó el tango electrónico. Los intérpretes calentaron sin apuro e intercalaron matices para que la gente se fuera metiendo dentro de una rave en dos por cuatro. “Miles de Pasajeros”, “Perfume”, “Mi corazón”, “Pa’ bailar”; estrenos como “Cuesta Arriba” y un homenaje a Gustavo Cerati con “El mareo” arrancaron ovaciones de un público que en buena medida estaba compuesto por fans. Lógico: hacía casi un año que el grupo no juntaba a sus integrantes uruguayos y argentinos en un mismo foro, y además el espectáculo del domingo fue el único recital que los músicos tienen planeado de este lado del charco para toda la temporada 2011.

Y hubo mezcla. Violines y samplers. Zona sur y zona norte. Conurbano y Capital. Tras escuchar un rato no quedaban dudas de que la estética bajofondera resumía las aspiraciones que le dan identidad a Tecnópolis. La máxima jauretcheana de que “lo nacional es lo universal, visto con nuestros propios ojos” se cumplía en la síntesis entre tecnología e identidad local, ritmos de los abuelos y loops para que bailen los pibes. El cruce se repetía en la sala, donde se verificaba una integración sociocultural poco común. Drum and bass, chill out, electrónica, hip hop, milongas y valsecitos ratificaron la categoría del show, con el condimento de un Santaolalla enchufado como nunca y feliz por estar festejando desde el viernes.

Ya en los camarines, el ex Arco Iris le contó a la prensa que está entusiasmado con el documental sobre Néstor Kirchner que prepara Adrián Caetano, un proyecto donde él se ocupará de la banda sonora. Ante la consulta sobre la relación entre el arte y las innovaciones que se ven en el predio, el artista opinó que “están intrínsecamente ligadas”: “yo empecé grabando en dos canales, imagínense. Por otra parte, estamos viendo que la tecnología es poder. Como todo poder, puede usarse para el bien o para el mal. Por eso es importante que la democraticemos”, advirtió. A su turno, el violinista Javier Casalla recalcó que presentarse ahí lo motivaba porque “vivimos tiempos de una gran ilusión”. “Esta muestra –destacó– es otra de las tantas batallas ganadas. Faltan muchas, por supuesto, pero esto de volver a mirarnos desde lo que nos pueda aportar la tecnología es fundamental y tiene mucho que ver con Bajofondo.”

Los últimos bailarines vibraron con el DJ set de Pablo Bonilla. Los que no se quedaron, en la mayoría de los casos, estaban fundidos por haber pasado la tarde agitados por los Urraka, El Choque Urbano y Cuatro Vientos, que –en coordinación con el Circo Social del Sur– habían organizado actividades para festejar el Día del Niño. En el Skate Park, territorio de Djs y Vjs que imponían sus cadencias sin dejar vacíos, se podía pedir tablas y hacer piruetas por “la pista más grande del país”.

A última hora, el paisaje todavía era recargado: las esculturas sonoras de León Ferrari se erigían como un enjambre de chiquitines que lo tocaban todo; en la zona del Parkour, una selección de talentos locales se preparaba para competir en la preselección de un encuentro internacional que se hará entre el 25 y el 27 noviembre. La lista de adolescentes que se anotaron para tomar clases de danzas, hip hop, acrobacias o patinaje era larguísima y desmentía cualquier visión pesimista sobre el futuro.

Un Espacio Joven y con éxito

Tecnópolis es una gran muestra de los doscientos años de historia de la ciencia y la tecnología en la Argentina. La programaron la Secretaría de Cultura de la Nación y la Unidad Ejecutora del Bicentenario; y desde su apertura –el 14 de julio– la visitaron más de dos millones de personas (ver página 16).

Sólo en el Espacio Joven se dieron más de ciento cincuenta funciones de teatro, circo, danza y música, experiencia que para muchos chicos y chicas significó el primer contacto directo con las artes escénicas. Más de treinta mil personas vieron los sesenta y cinco shows del grupo Urraka y el circo La Arena. Decenas de artistas tocaron en el predio donde se ubican las Esculturas Sonoras de Ferrari y el ciclo “Utopistas” abordó las esperanzas del siglo XXI en veinte presentaciones especiales. Dos funciones de Malambit, la Peña de Tecnópolis presentaron nuevos cruces entre folklore, electrónica, danza y videoarte; y actuaron Kapanga, Gustavo Cordera, la Bersuit, El Otro Yo, La Mancha de Rolando, Los Tipitos, Tonolec, Dante Spinetta, Santiago Vázquez y La Grande, Leo García, Mariana Cincunegui y Karamelo Santo.

Luego de tanto trajín, ayer terminó la primera etapa de la feria, que reabrirá del 2 de septiembre al 27 de noviembre. Seguirá funcionando de 12 a 21, con entrada libre y gratuita, en el predio de cincuenta hectáreas sobre la Av. General Paz, entre Constituyentes y Ricardo Balbín (Villa Martelli), donde funcionó alguna vez el Batallón 601.

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Bajofondo le puso ritmo a la muestra que fue visitada por más de dos millones de personas.
Imagen: Verónica Martínez
 
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