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Jueves, 16 de febrero de 2012

MUSICA › HILDA LIZARAZU CANTA ESTA NOCHE EN LA SALA SIRANUSH

“Transito por el lado del entusiasmo”

La cantante sigue presentando su disco Futuro perfecto, cuyas canciones combina en vivo con algunos clásicos que compuso para Man Ray y en su etapa solista. “Soy una buscadora de mis propias sensaciones y expresiones”, afirma.

 Por Ana Asseo de Choch

A pesar de haber integrado Los Twist, Suéter, Man Ray, la banda de Charly García y de haber hecho su camino solista –con cuatro discos y tres premios Carlos Gardel en su haber–, en persona Hilda Lizarazu no tiene aires de estrella. Ni siquiera parece tomarse muy en serio a sí misma. Si se lo analiza fríamente, se descubre que esta prolífica mujer sacó a la calle más de una decena de discos, trabajó con muchos de los rockeros más sobresalientes, fue el timbre femenino que armonizó sus voces y pisó los más profesionales escenarios argentinos. Incluso ha tomado fotografías inolvidables, como aquella en blanco y negro de Luca Prodan con su walkman, para la revista Humor. Tendrá, también, unas cuantas anécdotas bajo el brazo para adornar charlas y sobremesas. Con la mitad de su experiencia, más de un principiante bien producido se creería en la cima de la gloria. Sin embargo, Lizarazu hace chistes en pos de romper el hielo, se acerca al grabador para que sus palabras queden bien registradas y habla sobre su vida como quien se encuentra con un amigo de siempre. Su reciente viaje a Costa Rica la encuentra con las pilas recargadas para seguir presentando su último disco, Futuro perfecto: hoy a las 21, en la Sala Siranush (Armenia 1353), mostrará esas canciones junto a una selección de clásicos de su cosecha.

–¿Puede develar un poco esto del “futuro perfecto”?

–Transitar por el sendero de la esperanza, aunque sea una palabra emblemática, siempre es mejor. Tiendo a elegir las respuestas, a elegir esa posición. Tuve y tengo mis momentos más azules, pero soy bastante filosóficamente optimista. No creo que el arte sea más liviano por ser esperanzador, ni más profundo por ser más oscuro e intrincado. Por ello, no creo que un poeta suicida sea más valioso que otro que está rodeado de hijos y de animales. Hay una especie de estereotipo de que es así, pero yo no lo creo. Futuro perfecto tiene que ver con jugar con las palabras y con transitar momentos lúdicos cuando escribo algunas estrofas, que no siempre están conectadas con sentimientos desgarradores. Usar la expresión “mañana es mejor” te está marcando la elección de una manera de vivir. Tiene dos juegos. Por un lado es una utopía, un sueño casi imposible; en la tapa me veo soñando. No estoy diciendo “el futuro, mi futuro, será perfecto”. Y es un tiempo verbal que aparece en las canciones: “¿Habré encontrado la manera?”. Y luego, está la parte filosófica; acepto el destino, y vendrá en un rayo de luz. Son mis juegos, mis maneras de pasar mis momentos de soledad y de creación en lo que respecta a querer armar una canción nueva. “Acepto el destino” me pareció que podía cerrar el concepto general del disco.

–¿Ser esperanzada es algo que le costó lograr? ¿Ha sido más oscura?

–No soy una persona todo el tiempo positiva; nadie lo es. Igual no diría “oscuro”, diría “azul”, nostálgico. Soy una buscadora de mis propias sensaciones y expresiones, y trato de hacer canciones que sean “redondas”. El futuro se me representa como perfecto y me veo asociada a ello. Después, pueden aparecer grandes tormentas en el presente, pero creo que la vida verdaderamente es tan corta que transito por el lado del entusiasmo. Y realmente me ocurre, no lo premedito. Me puede emocionar un día fresco, un tucán que surque el cielo. Esas cosas simples, que están en la naturaleza, son las que busco para ser feliz. Soy de esa clase de personas.

–Luego de un período de establecimiento en Sinsacate, Córdoba, volvió a establecerse en Buenos Aires.

–Ahora vivo en Capital; igual hace poco me fui a la selva. Amo Buenos Aires, andar en bicicleta me equilibra cualquier neurosis citadina. Aunque el audio de Buenos Aires es algo que me afecta, encuentro maneras de que no lo haga, como taponcitos de goma para los oídos. Y no me siento muy invadida por la gente. En general, me respetan. No sé cómo les pasará a otras figuras, pero yo tomo el subte tranquilamente. Me gusta mantenerme en el plano de la gente común. No me siento en un nivel de fama ni de superioridad. Antes, cuando cantaba con Los Twist, me sentía más invadida cuando me reconocían. Ahora, aprendí que ese reconocimiento no se traduzca en mí en forma negativa. En los ’80 era más difícil. Ya entendí que a algunos les gusta lo que hago, a otros no. Pasa que los artistas tenemos un tema con el ego, pero soy buena domadora de egos. ¡La fama es puro cuento!

–“Sola en los bares” es una de sus canciones más emblemáticas, junto con su video. ¿Cómo la compuso?

–La compuse junto a Tito Losavio. Es una canción hermosa, para mí. Creo que fui la primera mujer en grabar una canción sobre un travesti, lo cual me honra, de alguna manera. La magia de ese video se dio con varios de los directores que lo hicieron posible. Quien hace del personaje principal recuerdo que me llamaba la atención; me maquillaba, era más femenino que yo.

–¿Cómo transita la salida de este tercer disco solista?

–Mis tres discos de estudio tienen su Gardel, aunque el último todavía no me lo dieron, lo tiene mi compañía discográfica. No sé qué será del formato CD; está en extinción, pero por ahora lo sigo usando. Me gusta comprarme discos. No soy de bajar música de la web, no lo sé hacer. Me gusta sentarme, leer las letras, mirar el librito. Este año tengo ganas de tocar por todas las rutas argentinas. Los muchachos son la mejor banda del mundo, son como flores que fui cosechando a lo largo del camino. A Federico Melioli (bajo), que es italiano, lo conocí a través de su mujer argentina, y se convirtió en mi amigo del alma. Amílcar Vázquez (guitarra) es sobrino de un amigo; nos conocimos viendo qué se podía hacer con su música y finalmente quedó en mi banda. A Claudio Salas (batería) lo vi tocar con una banda desconocida y le pedí el teléfono, porque me encantó que se reía mientras tocaba. Ellos componen y arreglan. Ese puñado de varones, “los lizarazus”, me acompañan desde hace ya siete años.

–¿El disco representa un concepto acabado o lo definiría más bien como el registro de una determinada etapa, que conjuga situaciones aisladas?

–Es una especie de collage, pero de una forma más bien azarosa. Me llevo bien con el azar, en el sentido de que no tengo todo fundamentado desde el comienzo. Las respuestas se me van presentando a lo largo del proceso. Igual me gusta que finalmente todo tenga una unión. En este caso, hay una cosa onírica; el Tigre (donde se filmó el video del tema que da nombre al disco), hay fotos donde estoy como en medio de un bosque. Los colores ocre, marrones, verdes; las corbatas de algunas fotos, en los mismos tonos, tienen que ver con que mi papá murió mientras hacía el disco y me tomé unas fotos con sus corbatas. Hay algo orgánico en el disco.

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“Soy buena domadora de egos”, señala Lizarazu.
 
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