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Viernes, 8 de noviembre de 2013

MUSICA › LOS CONCIERTOS REDONDOS SON UN HOMENAJE PIANISTICO, SINFONICO Y VOCAL A PATRICIO REY

Los violines también son ricoteros

Mario Esteban es director de coros, pero en su vida fue un parteaguas escuchar Un baión para el ojo idiota; entonces arregló algunas canciones de Solari-Beilinson en formato clásico. Junto al Quinteto Yugular y el dúo Contra las Cuerdas, las presenta en el Teatro IFT.

 Por Cristian Vitale

El tercer año del secundario fue un parteaguas en la vida de Mario Esteban. Antes, lo más eran Los Beatles; después, los Redondos. “Vino un compañero y me dijo: ‘Escuchá esto y después me contás...’ Era el vinilo de Un baión para el ojo idiota, que me partió la cabeza”, dice él, y las pruebas futuras dan fe. Básicamente porque la pretensión profesional lo llevó por rumbos de academias y sinfonías (es director de coros), pero en el corazón quedó latiendo la mística de Patricio Rey. Tuvo todos los discos, fue a muchos recitales y un domingo aburrido de hace quince años tomó un cancionero de los Redondos, encontró que ciertas melodías ligaban con la música clásica europea, y las arregló. “Después las grabé en casa, las guardé y me olvidé de que estaban porque, la verdad, no tenía noción de su valor estético; hasta que mi hermano me sugirió subir ese material a Taringa... ¡y quedé entre los top!”, recuerda Esteban, sobre ese lapsus que no sólo lo coronó campeón del sitio por unos meses sino que también provocó una fecha en el Auditorium de Mar del Plata, a pedido de un productor. “Lo primero que pensé fue: ‘¡Los Redondos al Colón!’ (risas), pero había que ponerse a laburar.”

Fue la génesis, en el trazo grueso, de un proyecto que fue creciendo hasta convertirse en los Conciertos Redondos y conseguir más fechas en el Auditorium de Mar del Plata, donde son casi locales, o en el Teatro IFT (Boulogne Sur Mer 549), donde el ideólogo de la cruza más el Quinteto “de cuerdas” Yugular, y el dúo Contra las Cuerdas, ingresarán hoy al mundo del Indio y Skay por la veta clásica, a doble función: a las 20.45 y a las 22.45. “Me puse a laburar y a los ocho temas para piano y orquesta que tenía al principio (“Juguetes perdidos” y “Vencedores vencidos”, entre ellos) les agregué más temas y más combinaciones: violín y piano sólo para “Ella debe estar tan linda”; cello y violín para “Etiqueta negra”... Aunque los temas más trastornados son los que hice para piano: “Una piba con la remera de Greenpeace” o “Superlógico”, por ejemplo. Incluso podés decir: ‘Esto no es de los Redondos’, pero después te cae la ficha”, ejemplifica el director, sobre otra de las aristas de este homenaje pianístico, sinfónico y vocal a Patricio Rey.

–¿Cuál es el fin de este cruce, más allá de su admiración personal por los Redondos?

–Uno es que la gente que está en el palo del rock por ahí nunca se puso a escuchar música académica, la sonoridad que tiene un quinteto de cuerdas, por ejemplo, y así se lo estás dando. Algo que también pasa al revés: gente que viene a escuchar música académica y está escuchando melodías de rock fabulosas. Las melodías de los Redondos, descontextualizadas del timbre rockero, son maravillosas. Otro es que sus músicas quedan escritas en partituras y eso está bueno para la posteridad.

Esteban y sus aliados (Daniel Tepman al piano, el Quinteto Yugular y el dúo Contra las Cuerdas) agregarán al repertorio hitos redondos como “El pibe de los astilleros”, “Todo un palo”, “Ropa sucia” y “Blues de la libertad”, y el material, además de haber circulado en vivo para todo el país a través del programa Igualdad Cultural, ya fue registrado en el Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino (Bacua). “No sé, los Redondos eran tenidos como los ‘chicos malos’ y esta idea de pasarlos por un tamiz sinfónico digamos que abre mucho el panorama. Como Cerati hizo sus episodios sinfónicos, creo que los Redondos dan para eso... ¡y cómo dan!”, agrega Esteban. “También me encontré con resistencias: una vez un ricotero me mandó: ‘Hijos de puta, dejen de colgarse de la teta del Indio, porque esta música es intocable’, pero después, cuando lo escuchó, me pidió disculpas”, se ríe.

–El Club de Tobi, cuarteto de cuerdas uruguayo, intentó una traslación parecida...

–Sí, está buena, pero creo que el encare es más de cover. Y yo, cuando salgo al escenario, digo: “Muchachos, no vamos a escuchar covers, esto no es el tributo a Sabina en el bar”. Igual, sí decidí que las canciones tenían que estar en el mismo tono que las canta el Indio, para que la gente las canturree, pero eso está lejos de la idea de cover, de copia textual, digamos.

Otro de los aliados de Esteban agrega una data de color relacionada con los conciertos: “Pasan cosas peculiares. De repente, tenés entre el público gente con remeras y banderas de los Redondos que te canta los temas, pero también tenés a la vieja con el monóculo”, se ríe Pablo Albornoz, concertino del Quinteto Yugular que incluye dos violines, viola, cello y contrabajo. “Para tocar rock en un violín tenés que hacer todo lo que tu maestro te decía que no hagas, porque tocar las notas escritas estaría correcto, pero no sería rock.” “Rock también es tratar de emular la guitarra de Skay o la voz del Indio con los elementos que tengas a mano. ¡No vas a poner la voz del Indio al contrabajo!”, interviene Esteban.

–¿Han tenido alguna devolución por parte del Indio o de Skay?

–No de ellos, pero sí estuvo por concretarse una movida con (los ex Redondos) Sergio Dawi y Semilla Bucciarelli, por lo que hacen juntos; pero del Indio y Skay no tenemos idea. Me encantaría que les gustara, obvio, pero tienen todo el derecho a decir: “Esto que hiciste con mi música no me gusta”. Llegar a sus oídos sería como un arma de doble filo.

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“Ojalá a Skay y a Indio les gusten los Conciertos Redondos”, dicen Esteban y Albornoz.
Imagen: Arnaldo Pampillon
 
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